A-s004 El poder de la predicación de la Cruz (4/5)
por Henri Viaud-Murat.
Capítulo 4
Me gustaría ahora abordar los aspectos prácticos. Es necesario anunciar el mensaje de la Cruz. Pero es mas necesario que sea vivido de manera concreta en nuestra vida de todos los días. Yo pude haber comprendido el mensaje, pude haber comprendido también de manera espiritual. Todavía es necesario que se vea en mi vida todos los días. Aquellos que me ven, que soy un cristiano, deben ver a Jesucristo en mí. Entonces es indispensable que mi carne ya no sea un obstáculo a la manifestación. El Señor Jesús debe manifestarse a través de mí, a través de todos nosotros que somos Sus hijos.
Me gustaría comenzar citando un pasaje de la Epístola de los Gálatas
¡Oh Gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?
Gál. 3: 1
Pablo les había predicado el mensaje de la Cruz. Pablo les había llevado al Señor. Una de las primeras cosas que Pablo hacía, cuando efectuaba sus viajes misioneros, era tomar aparte a los discípulos e instruirles en la Palabra del Señor. El primer mensaje que les transmitía era aquel de Jesucristo crucificado. Les explicaba las revelaciones que el Señor le había hecho. Pablo les dijo, en algunas Palabras: "Yo les expliqué lo que era la obra de Jesús sobre la Cruz. Ahora, Gálatas insensatos (eso significa en realidad "estupidez"), después de haber escuchado el mensaje de la Cruz, así que ustedes no obedecen a la verdad. Han comenzado bien vuestra vida espiritual con Cristo. Pero ahora volvieron a caer en la situación difícil de la carne. Ustedes volvieron a algo que ya habían dejado"
Pero Pablo enseguida les explica donde se encuentra la verdad. Les muestra lo que deben hacer si quieren permanecer en la voluntad del Señor y serles agradables.
Esto solo quiero saber de vosotros ¿recibisteis el espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?
Gál. 3: 2- 3
¿Es por vuestra inteligencia que razona o por vuestra inteligencia humana carnal? ¿Usted recibió el Espíritu por las obras de la ley o por la predicación de la fe? El mensaje de la Cruz nos fue dado por la Palabra de Dios. Después, el Espíritu Santo que esta en nosotros, nos revela en el corazón. Entonces Pablo les explica que ellos recibieron al Espíritu por la predicación de la fe, y no por las obras de la ley.
El Espíritu Santo quiere iluminar nuestra inteligencia espiritual, por una revelación directa en nuestro corazón. Después debemos apropiarnos enseguida de esta revelación, ampararnos por la fe. Es la misma cosa para el mensaje de la Cruz. No podemos poner en práctica el mensaje de la Cruz cumpliendo obras. Podemos haber entendido intelectualmente el mensaje de la Cruz, y decir: "Entendí que debo llevar una vida crucificada. Tomo la resolución de hacerlo. Me voy a esforzar para hacerlo en todos los aspectos de mi vida" Pero mientras tanto voy a reaccionar por las obras de la carne, y no por la fe. El Espíritu Santo me comunica esta fe cuando mi inteligencia espiritual fue iluminada, y cuando mi espíritu recibió plenamente el mensaje de la Cruz.
Un poco más lejos Pablo explica un poco más lo que él quiere decir:
¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?
Gál. 3:3
Hay dos maneras de vivir el mensaje de la Cruz: una manera espiritual por la fe y una manera carnal y legalista, por la ley y por los mandamientos.
¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros ¿Lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe? Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham.
Gál. 3: 4- 7
Podemos entonces vivir plenamente todo el mensaje de la Cruz, si recibimos por la fe, y si vivimos por la fe. Volvemos siempre al problema de la fe. Toda la herencia de Cristo, a comenzar por la salvación, debe ser recibida por la fe.
Después Pablo les dice:
Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
Gál. 3: 8- 9
Somos todos hijos e hijas de Abraham por la fe. El Señor nos revela Su Palabra así como se la revelo a Abraham. Abraham creyó. Gracias a la fe de Abraham, Dios hizo cosas grandes en su vida, cosas tan grandes que el Mesías salió de su descendencia. Las promesas que habían sido hechos a Abraham tuvieron todos sus cumplimientos en Jesús. El Señor, por Su venida y su sacrificio, pudo abrirnos bien grande las puertas del cielo, de la marcha por el Espíritu, de la marcha crucificada, etc.
Todo nos fue dado por la fe, para que sea por gracia, Pablo dice en el verso 10:
Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, porque escrito esta: maldito todo aquel que no perteneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
Gál. 3: 10
Debemos ser prudentes, cuando exhortamos los cristianos a poner en práctica Su Palabra y no solamente a escuchar. Es cierto que debemos poner la Palabra en práctico. Pero hay una manera legalista y una manera espiritual de ponerlo en práctica. Bajo la ley de Moisés, Dios había dado mandamientos. La única cosa que los hebreos debían hacer era poner en practica la Palabra de Dios. Se esforzaban en hacer, pero no podían alcanzar, porque ellos no habían nacido de nuevo ni bautizados del Espíritu Santo, como la Iglesia de Jesucristo puede hacer.
Los cristianos no deben esforzarse en poner en práctica la Palabra del Señor como hacían los judíos del Antiguo Testamento. Nosotros no debemos recibir la Palabra de Dios como una ley exterior, esforzándonos a ponerla en práctica lo mejor que podemos. Podemos entonces alcanzar a poner en practica un cierto número de mandamientos del Señor, pero no vamos a poder llegar a la perfección, ni la plena medida de la estatura perfecta de Cristo. Nos ponemos bajo una ley, y nunca podremos marchar por el Espíritu. Quedamos bajo la maldición. Debemos bien entender todo esto.
Sin embargo, no debemos acabar en una comprobación de impotenciay de refugiarnos en una gracia barata, viviendo en la derrota y el compromiso. Debemos comprender, podemos poner la Palabra de Dios en práctica solo por la fe. Mi inteligencia espiritual debe ser iluminada, para que yo sepa en mi espíritu lo que Dios me revela por su Palabra y Su Espíritu. Como la fe verdadera siempre produce las obras correspondientes voy a ver cumplirse lo que yo creo.
La Palabra de Dios fue inscripta en nuestros corazones desde nuestro nuevo nacimiento. Además, el Espíritu Santo quien nos enseña todas las cosas vino a habitar en nuestro corazón. Podemos recibir la fe del Señor Jesús quien es el autor de la fe, y que lleva a la perfección. Esta fe permita que la vida de Jesús fluya en nosotros. Esta vida nos introduce naturalmente en las obras de Jesús, aquellos que el Padre preparo de antemano para nosotros.
Si yo quiero poner en práctica La palabra de Dios sin tener la fe, yo me pongo bajo una ley. La vida de Jesús será ausente. Voy a adoptar una actitud legalista. Voy a quedar entonces en la muerte de la carne. Me voy bajo una maldición, siendo que el sacrificio de Jesús sobre la Cruz había destruido esta maldición. Mi obediencia no resultara una actitud de fe. Yo pondría en práctica La Palabra de Dios como un mandamiento al cual yo debo obedecer. Esto no será una obra de fe, porque la verdadera fe produce siempre la obra correspondiente.
Es por eso que Pablo dice a los Gálatas:
Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito esta: maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
Gál. 3: 10
¡Esto va muy lejos! La ley dice: Aquel que nos pone los mandamientos de Dios en práctica es maldito. Bajo el Antiguo testamento, los judíos piadosos se esforzaban en poner en práctica sin nunca poder satisfacer plenamente las exigencias absolutas de Dios. El Señor hubiera querido esto, para revelar a los hombres su naturaleza de pecado y mostrarles que les era imposible obedecer a la ley por su propia voluntad, si no eran nacidos de nuevo. Los hombres se han esforzado durante siglos. No alcanzaron pero entendieron que necesitaban otra manera de obedecer a la ley.
Si nosotros queremos practicar la vida crucificada y marchar por el Espíritu, adoptando una actitud legalista, no vamos a llegar a obedecer a los mandamientos de la ley. Solo uno pudo alcanzarlo, el Señor Jesús. Nuestra determinación, nuestras resoluciones y nuestra buena voluntad, nada pueden hacer. Si nos comprometemos en el camino de la ley, nos comprometemos sobre un camino de maldición. No es así que Dios quiere enseñarnos en la marcha por el Espíritu.
Entonces Pablo les dice:" ¡Oh Gálatas insensatos! ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¡Entonces son malditos!"
Pablo agregó:
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque esta escrito: maldito todo el que es colgado en un madero)
Gál. 3: 13
¿Porque el Señor Jesús fue el maldito? Para que la bendición de Abraham tenga para los paganos, su cumplimiento en Jesús, y que nosotros recibamos por la fe el Espíritu que había sido prometido. Los Gálatas entonces no lo habían recibido antes de creer, lo recibieron cuando creyeron.
Toda la marcha por el Espíritu, toda la vida crucificada, se puede vivir concretamente solo por la unción en mí del Espíritu Santo, que yo recibí por la fe en Jesucristo. El Espíritu Santo no solo me va a revelar las obras de Jesús, sino que me va a permitir por la fe, entrar en las obras y marchar verdaderamente por la fe. Voy a poder concretamente, en mi vida de todos los días, marchar en la vida crucificado. Porque yo creo que puedo entrar en las obras de Dios. Es solo así que el Señor podrá hacer un trabajo perfecto en mí, por tanto que me quede siempre en la fe, fijo los ojos en Jesús y en su Palabra.
¿Puede ser que usted encuentre un poco complicado o difícil entender? ¡No se preocupe! El Espíritu Santo nos explicará, revelará y enseñará. Sí, como dice la Palabra, si creemos en el corazón que en Cristo somos crucificados y resucitados, si dejamos los ojos sobre Jesús, podemos quedar en una posición de victoria. Cada vez que la tentación de la duda o el temor se presenten, si guardamos la verdad recibida por la fe en permanencia, reinaremos en la vida. La vida de Cristo se derramará en abundancia en nosotros, y no practicaremos el pecado, porque hemos comprendido cual es nuestra posición en Cristo. Nosotros ocupamos esta posición por la fe.
Es igual para todas las promesas del Señor: la salvación, la sanidad, la liberación de toda opresión demoníaca, etc. ¿Cómo hemos recibido la salvación? ¡Por la fe! Hemos recibido la predicación del Evangelio por la fe. Ella nos hace comprender que Jesús murió por nosotros, que todos nuestros pecados pasados fueron borrados por la sangre de Jesús, y que podamos pedir perdón a Dios por nuestros pecados. La Palabra de Dios nos dice:
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
1 Jn. 1: 9
No debo esperar sentir que pase algo, pero yo debo ampararme en las afirmaciones y las promesas por la fe de la Palabra de Dios. A partir del momento cuando yo me ampare por la fe, el Espíritu Santo hará una obra en mí. El me da la convicción de que realmente soy hijo de Dios, simplemente porque recibí, por la fe, el mensaje de la Palabra. Es así que recibimos la salvación. Ciertos se esfuerzan a marchar en una vida cristiana aparentemente buena, pero no han nacido de nuevo. No han recibido la vida del Espíritu
Pude que hayan nacido en una familia cristiana, que frecuenten una iglesia, saben que Jesús es el Salvador, saben todo lo que Jesús hizo, pero no han nacido de nuevo. No han recibido en su corazón, por la fe, el mensaje de la muerte y de la resurrección de Jesús. No hubo en ellos una obra profunda de arrepentimiento. No han recibido plenamente en su espíritu la revelación de todo lo que Jesús hizo. No han consagrado plenamente sus vidas al Señor.
Bien entendido, como la ley del Espíritu de Vida en Jesucristo no acciona en las vidas de las personas, ellas continúan siempre sometidos a la ley del pecado y de la muerte. Ellas no fueron conducidas a la Cruz y al nuevo nacimiento.
Lo que es importante, dice la Palabra de Dios, es ser una nueva criatura en Jesucristo. Una vez que hemos recibido por la fe la salvación y el nuevo nacimiento, tenemos acceso por la fe a todas las promesas del Señor, a toda la herencia de Cristo: La santidad, la justicia de Dios, la sanidad, la liberación de demonios. Dios quiere también proveer a todas nuestra necesidades, en Jesucristo. Todas las promesas de Dios son sí y amen en Jesucristo. Dios promete a aquel que busca primero Su Reino y Su Justicia que todas las cosas le serán dadas de más.
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Mt. 6: 33
Dios nos presenta todas sus promesas y nos dice: "Voy a proveer toda tu necesidad, si tú crees en mi Palabra" El va a cumplir exactamente lo que debe ser en nosotros, para que podamos marchar concretamente en la vida crucificada.
Es igual para la sanidad de nuestras enfermedades. Está escrito:
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestro pecado; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados
Is. 53: 5
Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la Palabra hecho fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
Mt. 8: 16- 17
Puede ser que hemos comprendido muy bien esta Palabra, pero todavía no la hemos tomado por la fe, para que ella sea real para nosotros. No hemos comprendido plenamente, por el Espíritu, que toda nuestra vieja naturaleza fue puesta a muerte en Cristo, y nuestras enfermedades también han perecido en El, porque El las llevó sobre la Cruz. No nos hemos dado cuentapor la revelación del Espíritu Santo, que nuestra vieja naturaleza fue destruida, Cristo. Toda nuestra vieja naturaleza, con sus pasiones y malos deseos, con todas sus enfermedades y dolencias, fue enterrada en la muerte de Cristo y en la tumba: No hemos comprendido que el Señor Jesús hizo una nueva obra por su Espíritu en nosotros. El hizo todas las cosas nuevas. El quiere que seamos herederos de Dios. La resurrección nos espera, el arrebatamiento nos espera, si quedamos fieles al Señor, y si marchamos con Él en la fe. ¡Todas sus promesas son para nosotros!
¡Qué diferencia entre la marcha por la ley, y la marcha por la fe! ¡Aquel que realizo la realidad de la sanidad por la fe sabe en su corazón, no tiene necesidad de explicación suplementaria! De igual manera si la sanidad todavía no se ha manifestado plenamente, aquel que esta en la verdadera fe sabe, en su corazón que la Palabra de Dios es verdadera, que Jesús llevó sobre El nuestras enfermedades y dolencias y que fuimos sanados por sus heridas. Si estamos en la fe, ponemos naturalmente las obras de acuerdo con la fe. No tendremos necesidad de ir a un hermano y pedirle consejo para saber si tenemos que consultar a un medico o tomar medicamentos. El hecho de ir a ver un hermano debe probarnos que no estamos todavía en la fe de Dios. Sin duda no debemos criticarnos ni juzgarnos mutuamente. Pero debemos exhortarnos en la fe y ayudarnos a mirar a Jesús, Aquel que nos dio la fe y que lleva a la perfección.
Si tu vienes a pedirme consejo, te diré" Mi hermano, mi hermana, continúa acercándote al Señor, ora para que El haga en tu corazón un trabajo más profundo de revelación de lo que hizo por ti. Se cual es tu posición espiritual en Cristo. Recibe por fe todo lo que El te revela." Entonces tú sabrás, sin la mínima duda, que Dios será fiel a su Palabra, para manifestar lo que el prometió. Tú sabrás que Dios no necesita de la medicina de los hombres para sanarte. Jesús probó en su ministerio terrestre. Siempre sano a todos los que le pedían, por el único poder de Su Espíritu.
¿Tenemos necesidad de psicólogos para explicarnos en que consiste el pecado y la salvación de Dios? ¡No! Se trata solamente de la obra del Espíritu de Dios, por la predicción de la fe. Cuando yo recibo por la fe el nuevo nacimiento, debe saber que toda mi vida pasada esta muerta y enterrada en Cristo. No tengo necesidad de pasar por una cura de alma traumatizante, ni por toda la complicación de psicólogos en "sanidad interior". Recibí la predicación de la Cruz, la predicación de la fe y eso es suficiente para arreglar mis problemas en Cristo, a condición que yo tenga la fe.
Es por eso que Pablo dice luego:
Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.
Gá. 3: 14
El siguiente verso dice:
Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.
Gá. 3:15
Nadie debe agregar o sacar lo que sea La Palabra del Señor. El nos dio Sus promesas:
Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: y a las simientes, como so hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente la cual es Cristo.
Gál. 3: 16
Una disposición de Dios no puede ser cambiada. Una promesa de Dios no puede ser anulada. Dios es fiel a Su Palabra. Cuando El ve un corazón abierto a Su Palabra y que lo guarda por la fe, El va a cumplir esta Palabra en su vida. Si El no lo hiciera, su promesa sería hecha en vano, lo que es imposible.
Un poco más adelante dice:
¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.
Gál. 3: 21
La ley nunca puede dar la vida. La ley es un conjunto de mandamientos que son buenos. Pero la ley en sí misma, da la muerte. El Señor agrupó a todos los hombres en sus pecados,para que aquello que fue prometido sea dado por la fe en Jesucristo a aquellos que crean.
El Espíritu Santo quiere revelarnos la obra de la Cruz, para que podamos tomarlo por la fe.
Jesús todo cumplió en la Cruz por mí. El tomó mi vieja naturaleza, El clavó en la Cruz, me hizo morir en El. Obtuvo el perdón de mis pecados, la crucifixión de mi carne. El me dio una nueva vida, por el nuevo nacimiento. ¡Todo fue ya cumplido! Jesús subió al cielo. El se presentó a su Padre como un Soberano Sacrificado. Le presentó su propia sangre, más preciosa que la sangre de los machos cabríos o de los becerros. El hizo una expiación completa por todos nuestros pecados. ¡Esta sentado a la diestra del Padre, y nos hizo sentar con El en los lugares celestiales!
Sobre la Cruz Jesús dijo:
Consumado es
Jn. 19: 30
Porque todo fue cumplido, El Señor Jesús necesita ahora de nuestra fe, para que nos permita entrar en ese "Consumado es" ¿Como voy a poder marchar por el Espíritu, y vivir una vida de crucificado? Por la fe en lo que Jesús hizo por mí, y por la fe en lo que El hizo de mí en El:
Así que la fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios.
Ro. 10: 17
Si la predicación de la Cruz es bien hecha, y si yo escucho en mi corazón, la fe será en mí. Entonces me voy a amparar por la fe de lo que escuché. Lo que me es anunciado por la Palabra de Dios. Porque yo lo tomé por la fe, el Espíritu Santo cumplió un milagro en mí. Yo puedo entrar por la fe en lo que Jesucristo cumplió por mí. Voy a entender que eso me pertenece y quiero vivirlo concretamente.
Pablo dice después:
Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
Gál. 3: 26- 27
Yo estoy revestido de Cristo, si recibí por la fe que fui bautizado en El, en Su Muerte y Su Resurrección.
Nosotros somos herederos por la fe, como Abraham recibió su hijo por la fe en la promesa de Dios. El recibió únicamente por la fe. Era imposible que reciba de otra manera. El creyó, tuvo confianza en Dios. Cuando Dios dice que tú fuiste crucificado con Cristo, que tu carne esta muerta y enterrada, que El te dio una nueva naturaleza, tú debes escuchar con un corazón abierto, y recibir lo que El te dice. No trates de entender con tu inteligencia humana. Recibe la Palabra del Señor y dile "¡Gracias Señor!"
La manera en que tú escuchas es muy importante. Esta misma palabra repercute a los oídos de todos los hombres. ¿Pero cómo vas a escuchar y qué frutos ella va a producir en tu vida? El mismo Espíritu Santo esta en la obra en el mundo entero. La bondad de Dios nos lleva a todos los hombres al arrepentimiento. También nos lleva a recibir la revelación de la Palabra, por su Espíritu Santo. Dios no tiene preferencias. Quiere tratarnos a todos de la misma manera. Cuando somos cristianos, todos somos Sus hijos.
El fruto que va a producir la Palabra de Dios en mi vida depende primero del Señor. Ya hizo todo por nosotros. El fruto va a depender de la manera en que escuchamos la Palabra de Dios.
De este tema leamos los siguientes versículos:
Y sus discípulos le preguntaron: ¿Qué significa esta parábola? Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
Lc. 8: 9- 10
Entonces debemos entender que el Señor Jesús quiere explicarnos Su Palabra en todos los detalles, pero con una sola condición: que seamos realmente sus discípulos. Para conocer los misterios del Reino de Dios, los discípulos simplemente han interrogado a Jesús. Es igual para nosotros. Digámosle: "No quiero limitarme a una comprensión intelectual de la Cruz y de la marcha crucificado. Realmente quiero que el Espíritu Santo haga su obra en mi corazón, para que yo pueda entrar por la fe en esta revelación"
Cuando somos verdaderos discípulos del Señor, Jesús nos explicará todo. El Espíritu Santo quien conoce las profundidades de Dios, nos revelara y nos enseñará todas las cosas.
Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios
1 Co. 2: 10
El Señor va responder a mis preguntas. Dios lo hará gratuitamente, por gracia. Entonces debemos estar seguros de que somos realmente discípulos del Señor. Debemos dar toda nuestra vida al Señor, sin ningún mal pensamiento después. Los discípulos de Jesús habían dejado todo para seguirle. Ellos todavía no eran perfectos, pero habían dejado todo para seguirle, para escuchar Su Palabra, para recibir en su corazón, y para pedirles explicaciones, si no entendían. Jesús respondió a todas sus preguntas. No dudaron en hacerle preguntas al Señor Jesús, si no comprendemos Su Palabra, El nos explicará todos los detalles.
Esta es, pues, la parábola: La semilla es la Palabra de Dios.
Lc. 8: 11
Se trataba de personas que sus corazones estaban secos, como un camino bien nivelado. Sin embargo han escuchado las mismas Palabras que los otros. El Espíritu Santo estaba en la obra de la misma manera en sus corazones. Pero eran tan duros que la semilla de Dios no pudo penetrar en ellos, para formarse la raíz y llevar frutos.
Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la Palabra, para que no crean y se salven.
Lc. 8: 12
Son aquellos que se contentan de una obra superficial en su corazón. Ella no fue profunda. Las raíces no han penetrado profundamente. Había muchas piedras en su campo. Sin embargo esos hombres estaban muy contentos de haber escuchado La Palabra al principio. Hay cristianos que son así. Escuchan la palabra con gran alegría. Y dicen: "¡Este mensaje de la Cruz es fantástico, formidable! ¡Eso es lo que necesito!" Y un tiempo después aparentemente olvidaron todo. Se sacuden en el momento de las pruebas, porque el trabajo fue superficial en sus corazones. La raíz de la Palabra fue bloqueada en su crecimiento, porque no había suficiente tierra donde ellas pudieran sumergirse profundamente. Sin embargo se trataba de la misma semilla, una semilla divina de la misma calidad.
La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto.
Lc. 8: 14
Siendo cristianos, no tenemos derecho de tener preocupaciones carnales y decir: "Me preocupa pensar que será de mi, si voy a tener esto o aquello". Pablo tenia muchas preocupaciones, pero eran espirituales. El pensaba en el bienestar espiritual de las Iglesias. Los Gálatas le causaban grandes preocupaciones, porque estaban volviendo a caer en la carne. Son buenas preocupaciones espirituales. Pero las preocupaciones de este mundo solo traducen la incredulidad y el temor: "¿Será que voy a tener trabajo, dinero, una buena cobertura social, una buena jubilación? ¿Cuánto dinero tengo que apartar para que todo esté listo?"
Dios no nos prohíbe pensar en esas cosas. Pero si nos preocupamos, si nuestro espíritu toma mucha importancia a estas cosas vamos a ahogar la buena semilla en nuestro corazón. Ella no producirá frutos. Si nos dejamos tomar por las preocupaciones de la vida, por los deseos de enriquecimiento, por las codicias de este mundo, en realidad vamos a sembrar semillas malas en nuestro corazón que van a ahogar la buena semilla. La predicación de la Cruz quedará en vano en nuestras vidas.
Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.
Lc. 8: 15
Eso es lo que hace toda la diferencia, ¡Un corazón honesto y bueno! Cuando el mensaje de la Cruz es anunciado, o cuando tú escuchas cualquier mensaje de la Palabra de Dios, si tienes un corazón honesto y bueno ese mensaje se va a plantar en ti e indubitablemente va a llevar fruto¿ Comprende usted la importancia de la manera en que escuchamos?
La manera en que escuchamos depende del estado de nuestro corazón. ¿En que estado se encuentra nuestro corazón? ¿En que piensas la mayor parte del tiempo? ¿Cuales son las preocupaciones de tu corazón? ¿Te dejas llevar por las preocupaciones de esta vida, por sus placeres y la atracción por las riquezas, o eres completamente consagrado a tu Señor, para hacer Su voluntad? ¿Realmente deseas ser alimentado de la leche espiritual de arriba y del buen alimento sólido de la Palabra del Señor? ¿Tienes sed de esta Palabra? Jesús dijo:
Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed, mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
Jn. 4: 13- 14
Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.
Ap. 22: 17
A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tiene dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio vino y leche.
Is.55: 1
Ciertos cristianos no tienen sed. Mas exactamente tienen sed pero de otras cosas que de la Palabra de Dios. También pueden tener sed del Señor y sed del mundo al mismo tiempo. Ese tipo de sed nos pone en la situación de aquellos que ahogan en ellos La Palabra, porque no hay suficiente tierra buena en sus corazones.
Entonces el estado de nuestro corazón es extremadamente importante. Podemos ser un cristiano nacido de nuevo y tener un corazón torcido. Podemos ser un pagano inconverso y tener un corazón bueno y honesto. Cuidado, yo no digo que tienen un corazón justificado, lavado y puro delante de Dios. No, son paganos, todavía están en el pecado. Sus corazones aun no están regenerados, pero pueden tener un corazón honesto y bueno.
Ciertos cristianos han recibido realmente la salvación pero no tienen un corazón honesto y bueno delante de Dios. La obra que el Espíritu Santo quiere cumplir en su vida es bloqueada porque su corazón no es honesto y bueno.
Les voy a dar dos ejemplos para ilustrar este propósito:
El primero es en Hechos 8 en el verso 13, cuando Felipe fue a predicar la Palabra a Samaria. Está escrito a propósito de Simón el mago:
También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían estaba atónito
Hch. 8: 13
Lea conmigo nuevamente este versículo: "También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado…" ¿Esto no les recuerda nada?
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
Mc. 16: 16
Según las condiciones hechas por Jesús, Simón vino a ser un verdadero cristiano. Pero enseguida dice:
Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: dadme a mí también este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.
Hch. 8: 18- 19
Ciertamente los apóstoles tenían discernimiento del Espíritu. Los apóstoles nunca habrían bautizado a Simón si no hubieran comprendido que creyó realmente al mensaje del Evangelio. Sin embargo sabían bien que él era un gran mago. Hoy en día no sería mucho el número de pastores que habrían hecho así!
Simón escuchó el mensaje del Evangelio, él creyó y Felipe le bautizó en ese mismo lugar. No dijo: "este aquí es un gran mago, le haré esperar unos seis meses antes de bautizarle, para ver si realmente se convirtió"
¿Que habríamos hecho en el lugar de Felipe y los apóstoles?
Pero Pedro dice a Simón:
Entonces Pedro le dijo: tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.
Hch. 8: 20- 21
Simón vino a ser cristiano, pero su corazón no era recto. A causa de eso, él pensó algo muy malo. Pensó que el don del Espíritu Santo podía adquirirse a precio de dinero. ¡Pedro discernió bien que su corazón no era recto, y que él arriesgaba su vida, su vida espiritual!
Arrepiéntete pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás
Hch. 8: 22- 23
¡Esto "si es posible", es terrible! Simón estaba al límite de pecar contra el Espíritu Santo! Sin embargo creyó y fue bautizado. El había escuchado la Palabra de Dios como los otros. Pero su corazón no era recto delante de Dios. Tenía un corazón torcido. Pensó que todo podía ser arreglado con dinero. Pedro no le propuso una cesión de liberación para ser libre de las ataduras, pero le pide que se arrepienta y que ore.
La Biblia también nos habla de paganos que tenían un corazón honesto y bueno. Dos capítulos más adelante, en Hechos diez está escrito.
Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la italiana.
Hch. 10:1
Era un capitán de la armada romana, no era posible ser un simple soldado, ni un oficial sin ofrecer sacrificios a los dioses de Roma y a César. Había que reconocer a César como un Dios y ofrecerle sacrificios, no era posible ser promovido si no eran obedientes a las exigencias. Este centenario sin dudas lo había hecho honestamente, porque pensaban que era buena cosa. Pero también dice:
Piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba al Dios siempre.
Hch. 10: 2
Sin embargo no era salvo, porque Dios le envió al ángel a decirle: "Anda a buscar a Pedro, y te anunciará las buenas nuevas."
Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. El mirándole fijamente, y atemorizado dijo: ¿Qué es Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora, hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro.
Hch. 10: 3- 5
Este hombre era piadoso y temeroso de Dios, era un pagano piadoso. Hoy podríamos decir un budista piadoso, un musulmán piadoso, etc. Los romanos tenían una religión pagana. Tenían muchos dioses, Júpiter, Marte, etc. Les ofrecían sacrificios. Entonces era un pagano, pero tenía un corazón bueno y honesto. Han nacido en esta religión y nunca nadie les ha enseñado otra cosa. Pero cuando se les anuncia el Evangelio vemos que tiene un corazón bueno y honesto. Si tienen un corazón bueno, han aceptado el mensaje del Evangelio, porque Jesús es la Verdad.
Es lo que hizo Cornelio, él era pagano, no era salvo. Sin embargo oraba a Dios continuamente. Muchos no son salvos, pero oran a Dios. No es eso lo que los salva. Pero esto muestra a Dios la calidad de su corazón, y Dios les reveló la salvación por Jesucristo.
Cornelio tuvo una visión. Ve un ángel que aparece. ¡A muchos cristianos les gustaría tener tal visión!
El ángel dice a Cornelio: "Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios". Pero no son sus oraciones y limosnas lo que lo han salvado. El ángel dice a Cornelio: "Haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro…él te dirá lo que es necesario que hagas."
Conocemos lo siguiente. Se fueron a buscar a Simón Pedro, que, mientras tanto, tuvo una visión, la revelación de que no debía considerar a los paganos como impuros. Pedro se va a anunciar a Cornelio y a su familia la salvación por la fe en Jesús. El termina su mensaje con estas palabras:
De este dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.
Hch. 10: 43
Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.
Hch. 10: 44- 45
Bien, entonces tenemos:
Un anciano mago que creyó y fue bautizado, pero que tenía el corazón torcido.
Un pagano que tenía un corazón bueno y honesto, que escuchó el mensaje del Evangelio al que recibió con fe.
El mismo mensaje del Evangelio fue bien recibido por Cornelio, que tenía un corazón bueno y honesto, y mal recibido por Simón que tenía un corazón torcido. La buena semilla no produjo buenos frutos en la vida de Simón como lo produjo en la vida de Cornelio.
¿Usted entiende lo que hizo la diferencia entre esos dos hombres? ¡Era el estado de sus corazones! Usted puede preguntarse: "¿Qué puedo hacer para tener un corazón honesto y bueno?" Si dices sinceramente: "Señor, quiero tener un corazón bueno y honesto", ¡ya es la señal de que tu corazón es honesto y bueno!¡ estás sobre el buen camino. Aquel que no tiene un corazón honesto y bueno ni siquiera piensa en orar al Señor así. Al contrario, va a tratar de tener buena apariencia. Un hipócrita, interesado por el aspecto interior de la religión, pero no realmente por el estado de su corazón delante de Dios.
El Señor Jesús, dando esta parábola del sembrador a Sus discípulos, les deja plenamente responsables del estado de su corazón. No les acusa diciéndole que es Dios quien les creó así. En Marcos 4, después de haber explicado a sus discípulos la parábola del sembrador, Jesús les dice:
Les dijo también: mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aún se os añadirá a vosotros los que oís. Porque al que tiene, se le dará, y al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará.
Mc. 4: 24- 25
Esto vuelve a decir a los discípulos, en otros términos: " Cuiden mucho la manera en que escuchan! Ustedes son responsables delante de Dios de tener un corazón honesto y bueno" Tener un corazón bueno y honesto no depende del Señor, pero sí de nuestra actitud delante de la Palabra. La Palabra va a producir frutos en nuestras vidas, solo si tenemos un corazón honesto y bueno. Sabemos que algunos no han obtenido buen resultado en su vida espiritual, porque sus corazones son duros, Otros porque sus corazones son superficiales. Y otros porque sus corazones quedaron llenos de codicia y preocupaciones del mundo. Finalmente. Finalmente en estas tres categorías de personas, el resultado es el mismo: La Palabra de Dios no portó frutos en su vida.
Yo debo hacer lo que Jesús me aconsejó hacer, El dijo:
Y el que tiene sed venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.
Ap. 22: 17
Si quieres saber si tu corazón es bueno y honesto, mírale al Señor Jesús y dile: "Señor Jesús, Tu sabes, quiero que tu Palabra produzca en mí un fruto abundante. De todo corazón estoy completamente decidido a darte toda mi vida, para que Tu hagas toda tu obra en mí" Jesús dijo a sus discípulos: "Les fue dado para que comprendan, si es que ustedes son mis discípulos"
Has escuchado la Palabra. El Espíritu Santo trabajo tu corazón para hacerte comprender. Ahora ¿Cómo vas a reaccionar? Simplemente te has acercado al Señor para decirle: "¡Señor, la única cosa que cuenta en mi vida, es de seguirte!"Jesús llama a todos los hombres. Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. No porque ellos fueron rechazados por Jesús, pero no han respondido a Su llamado.
"Haz toda tu obra en mí, Señor. Quiero seguirte hasta el final, todos los días de mi vida. Las cosas de este mundo no me interesan" Si todavía estas muy atraído por las cosas de este mundo, por las futilidades de esta vida y por las codicias de la carne, es evidente que no vas a dar este grito a Dios. Pero entonces ¿que va a pasar en tu vida? Tú enfrentarás grandes dificultades y grandes problemas. El arado de Dios va a tener que pasar sobre tu corazón para labrar profundamente.
El arado no es la obra de la Cruz. El arado son todas las pruebas y las dificultades que van a acontecer en tu vida, porque no le has dado verdaderamente tu corazón a Jesús. Dios te dirá: "¡Porque tu quieres probar las cosas de este mundo, pruébalas! ¡Cuando hayas probado, te hastiarás! Esas cosas no te dan la paz, ni la alegría, ni la plenitud que tú podrás encontrar en mí, el Buen Pastor."
¡Son las pruebas y las dificultades que están destinados a quebrarte completamente! Tu corazón labrado puede hacer que recibas la semilla de la Palabra de Dios para portar el fruto en ti.
Entonces tú dirás: "¡Señor hasta aquí no quise darte enteramente mi vida y seguirte, porque tuve otros intereses y otras preocupaciones en vez de Ti! Pero, ahora, Tú me has hecho comprender que no hay nada absolutamente nada en este mundo que pueda darme realmente la paz y la alegría. He perdido un tiempo precioso. Obtuve las cosas que busqué, pero no han llenado mi vida. Me encuentro vacío, sin ganas, sin nada firme. Nada de todo esto me ha dejado seguro y feliz. ¡Vanidad de vanidades! Mi vida fue labrada por toda clase de pruebas. ¡Ahora Señor, estoy listo para recibir Tu Palabra y guardarla!"
Si tienes un corazón bueno y honesto, cuando escuchas la Palabra tú decides hacer de Jesús tu todo, sinceramente. Todavía no eres perfecto, todavía no has alcanzado la plenitud de la vida crucificado, ni de la marcha por el Espíritu, pero tú recibes la Palabra en un corazón honesto y bueno. La semilla se plantó. Ella no es molestada por los escombros, las cosas y las espinas, porque tú velas sobre tu corazón. Tú para no ir a beber a fuentes amargas ni a las cisternas rotas de este mundo. Tú velas por tu corazón, para que la Palabra que se plantó pueda crecer y producir su fruto. Ella producirá su fruto si le dejas crecer.
Esta parábola del sembrador nos muestra cuanto debemos velar sobre el estado de nuestro corazón, para que ella no tenga ni rocas, ni espinas, ni escombros que la ahoguen. A partir del momento donde la semilla fue plantada en nuestra buena tierra, contiene tal poder de vida que puede crecer y producir frutos en tu vida. No serás tú quien va a transpirar para producir frutos. Has transpirado para sacar la semilla mala, las piedras y para preparar tu corazón. En la parábola de la cepa y el sarmiento, el sarmiento solamente debe quedarse sujeto para producir el fruto.
Porque no dejas a nadie que saque la Palabra de tu corazón, ella producirá en tu vida una cosecha abundante, que te va a sorprender, porque será la obra de Jesús.
Todos pueden obtener un corazón bueno y honesto. De igual manera un impío puede tenerlo, sino no serían salvos. Es vital la manera en que escuchamos la Palabra de Dios. No escucho la Palabra de Dios porque es un buen mensaje que me agrada. "¡Yo escucho, Señor, porque se que es Tu Palabra! Quiero que ella penetre en mi corazón, que sea plantada en lo profundo de un corazón que yo preparé para Ti. Lo consagro completamente a Ti"
En esas condiciones, el mensaje que escuchas va a producir un maravilloso fruto que te va a llenar y sorprender, de reconocimiento y de alegría, delante del poder de la obra del Señor.
Para terminar yo diría:
Entonces les dijo: el que tiene oídos para oír, oiga.
Mc. 4: 9
El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere no sufrirá daño de la segunda muerte.
Ap. 2: 11
La Palabra de Dios esta establecida en los cielos por la eternidad. Ella no pasará. Pero debo velar para guardarla en mi corazón. No debo dejar que el diablo me la saque. Ella tiene el poder de producir en mi lo que Dios quiere.
Entonces, vela por tu corazón, vela por tu consagración al Señor. Si estas decidido a seguirle plenamente, Jesús te enseñará a vivir concretamente el mensaje de la Cruz.
Oración:
"Señor, tú me has hecho responsable del estado de mi corazón y de la manera en que debo escuchar tu Palabra. No quiero hacerte responsable de la manera en que escucho. Quiero que mi corazón sea una buena tierra, limpia para recibir Tu Santa Palabra, Tu semilla, para que ella produzca en mi vida un fruto abundante para tu gloria. Señor, deseo de todo corazón que esta Palabra que yo escucho produzca el fruto que Tú quieres que ella produzca: ¡Lo deseo con todo mi corazón! Ayúdame a velar por mi corazón. Ilumina mis motivaciones profundas y escondidas que por mis medios no puedo ver. Tu dices que el Espíritu Santo sonda las profundidades de nuestro corazón para poner a la luz todo lo que esta escondido. Señor, pon todo a la luz delante de mí. Quiero ver todo, conocer todo lo que hay en el fondo de mi corazón. Tú sabes que quiero seguirte y andar contigo. Quiero ver todas tus obras cumplirse en mi vida, por la fe en Ti. También quiero ver tu Iglesia, sin mancha ni arruga, estar lista para Tu Venida. ¡Has cumplido una obra perfecta! ¡Señor, te pido que Tu también escuches esta oración por Tus hijos, aquellos que esperan en Ti, aquellos que hacen de Ti sus delicias!¡ Tú vas a obrar de una manera maravillosa!¡Haz en cada uno de nosotros, que nuestros oídos espirituales sean abiertos. En el Nombre de Jesús, mi Padre, ¡Amén!