por Henri Viaud-Murat.

Capítulo 5

Hablar de la Cruz es insoportable para la carne. A nuestra carne no le gusta oír hablar de la cruz, porque ella sabe que el problema de la carne fue arreglado en la Cruz. Ya nuestra carne no debe ser un obstáculo a la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. El Espíritu Santo habita en nuestro corazón. Quiere manifestar en nosotros la naturaleza de Jesús. No debemos equivocarnos de enemigo. Nuestro enemigo no es la carne. La Palabra de Dios dice que nuestro enemigo es Satanás. El también fue vencido en la Cruz. No tenemos que luchar contra la carne. Tenemos que luchar contra Satanás.

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Ef. 6: 11- 12

No podemos comprometernos en un combate espiritual, en la oración o en la intercesión, si el problema de la carne no fue arreglado en nuestras vidas. Puede ser arreglado solo por la fe en lo que el Señor nos dice, por nuestra fe en la obra de Jesucristo en la Cruz.

La predicación de la Cruz es el poder de Dios. La Cruz es un poder de separación y un poder de unión.

En realidad no es la misma Cruz que es un poder, es todo lo que el Señor Jesús cumplió en la Cruz. Cuando predicamos la Cruz, es ese término el que simboliza todo lo que Jesús cumplió en ella. Cuando El murió por nosotros y cuado fuimos muertos en Él.

Cuando la Biblia habla de la Cruz, ella hace siempre referencia a la obra de Jesús en la Cruz. La Cruz, ella misma no es nada. Es un pedazo de madera, pero es sobre ese pedazo de madera que nuestro Señor Jesús fue crucificado. La Cruz toma todo su valor porque Jesús fue crucificado sobre ese pedazo de madera. Es allí que El gritó: "¡Consumado es!"

Entonces la Cruz es un poder de separación y un poder de unión. Un cierto número de versículos lo afirman. Son extremadamente poderosos. Cuando recibimos la Palabra de Dios, en nuestra inteligencia espiritual, por el Espíritu Santo se produce realmente una revolución en nuestras vidas. Cuando el Espíritu Santo revela a nuestro corazón, a nuestro espíritu, todo lo que Jesús realizó en la Cruz, en esta revelación está todo el evangelio. La Cruz está en el centro de toda la Palabra de Dios. ¡Y ella estará por toda la eternidad!

La revelación de la Cruz es un poder de separación y un poder de unión, que nos lleva a la liberación en todos los aspectos de nuestra vida y de nuestra relación con los otros.

Estoy firmemente persuadido que la verdadera liberación no consiste en echar fuera demonios, solo en ciertas situaciones particulares, generalmente cuando ellos se manifiestan. La liberación nos está asegurada por el conocimiento de la verdad. Ella consiste en comprender y tomar por la fe todas las implicaciones de la obra de Jesús sobre la Cruz. Cuando esto se comprende, allí entonces nos es posible, y a menudo necesario, de oponernos a los poderes de las tinieblas. Hacemos después de habernos revestido de toda la armadura de Dios, y apoyándonos sobre Palabra que hemos recibido en nuestro corazón, para resistir a los ataques del enemigo. Pero primero debemos fundamentarnos sobre la obra de Jesús.

La Cruz es un poder de separación entre la carne y nosotros, entre nosotros y el mundo, en fin entre nosotros y Satanás. La Palabra de Dios es muy clara en este tema.

Cuando Jesús murió sobre la Cruz, nos hizo morir en El y con El. ¡Nunca vamos a decir lo suficiente! Es muy importante comprender y creer. No solamente Jesús murió por nosotros, haciendo la expiación de nuestros pecados sobre la Cruz, pero también nosotros estamos muertos en Él y con Él.

En primer lugar la Cruz es una separación entre nosotros y la carne. Una carne no crucificada es la fuente de todos nuestros problemas. Las buenas nuevas del Evangelio nos revela entonces lo que la Cruz cumplió una separación completa entre la carne y nosotros. Volvamos a leer Romanos 6: 6, es bueno volver constantemente sobre los pasajes que son importantes, para que podamos meditar en todos los sentidos, a fin de comprender y de tomar lo que el Señor quiere decirnos en su Palabra. Cada vez, el Espíritu santo puede hacer en nosotros un trabajo más profundo, hasta que nuestros ojos espirituales se abran plenamente a la verdad.

Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él para que el cuerpo del pecado sea destruido a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.
Ro. 6: 6- 7

Los capítulos 6 y 7 de Romanos nos demuestran claramente que el pecado habita en la carne, en la vieja naturaleza que hemos heredado en nuestro nacimiento. Pero luego que Cristo murió, nuestra vieja naturaleza, nuestro "viejo hombre" fue crucificado para que el cuerpo de pecado sea destruido. Cuando Jesús murió sobre la Cruz, nuestra vieja naturaleza fue "sustituida". Por la resurrección del Señor, hemos recibido una nueva naturaleza espiritual. Entonces la Cruz operó una separación completa entre nuestra vieja naturaleza de pecado y la nueva naturaleza que hemos recibido luego después que hemos nacido de nuevo. Esta nueva naturaleza fue creada por el Señor Jesús, según Dios, en una justicia y una santidad que produce la verdad.

Y vestíos del nuevo hombre, creado según dios en la justicia y santidad de la verdad.
Ef. 4: 24

Somos muertos en Cristo. Nuestro cuerpo de pecado fue destruido cuando Jesús murió sobre la Cruz. El cuerpo de pecado, única fuente de todos nuestros problemas en nuestra vida pasada ¡fue destruido! Estamos liberados de su yugo, de su poder de pecado. Aquel que esta muerto es libre de pecado. La Cruz efectuó una separación total entre lo que somos ahora en cristo, y lo que éramos cuando el cuerpo de pecado nos dominaba.

¿Eso les alegra mis queridos hermanos? ¿Sientes tu corazón vibrar ante el anuncio de esta buena noticia? Tu cuerpo de pecado fue destruido por Jesús, ¡por Su muerte en la Cruz! Pablo dijo en el verso 6: "Sabiendo que…" ¡Tantos cristianos no lo sabían! Esta ignorancia les destruye y les mantiene en la cautividad de la carne.

Nosotros debemos tener este conocimiento en nuestro espíritu, no en nuestra mente. En algún lugar, en lo más profundo de nuestro interior, sabemos, porque hemos recibido la Palabra como un poder de vida. Ella nos explica y nos revela por el Espíritu Santo. Hemos recibido esta Palabra en nuestro corazón: ¡nuestro cuerpo de pecado fue destruido!

Luego, hemos tomado una verdad, por una revelación divina, nada puede arrancar de nuestro corazón. Igualmente es de la revelación de la salvación por la gracia en Jesucristo. Nuestra vieja naturaleza, tan mala, tan fea, tan repugnante, también fue destruida por la muerte de Jesús en la Cruz. La Cruz operó entre la carne y nosotros la separación definitiva. Ella abrió un abismo inaccesible entre nosotros y la carne.

Cuando Abraham habló al rico malvado que estaba en el infierno, él le dijo:

Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allí pasar acá.
Lc. 16: 26

Si estamos en la fe hay una separación inaccesible entre nuestra vieja naturaleza de pecado y nosotros que somos nacidos de nuevo en Cristo. Si hemos comprendido esto, ya no tenemos ninguna razón de continuar viviendo en la vieja naturaleza. Ya no tenemos ninguna razón de dejarle la dirección de nuestra vida. Este cuerpo está muerto y enterrado ¡ya no debe salir de su tumba! El cadáver de nuestra vieja naturaleza debe quedar en la tumba para siempre! Jesús salió de la tumba en nueva vida. La muerte ya no tiene poder sobre El. Nosotros también hemos salido de la tumba en nueva vida, en El y con El, y la vieja naturaleza de muerte y de pecado ya no tiene poder sobre nosotros. Es una cosa ya cumplida.

Muchos cristianos pasan su tiempo desenterrando el cadáver de su vieja naturaleza, buscando en sus pasados y esforzándose en sanar lo que Dios declaró muerto!

Si el Señor Jesús no venía a morir sobre la Cruz, nunca hubiéramos tenido la solución al problema de la carne y de la dominación del pecado en nosotros. Siempre estaríamos llevando la pesada carga de nuestra vieja naturaleza. ¡No es nuestra religión cristiana que cambiará lo que sea!

Esta escrito en la epístola a los Gálatas: "¡Yo fui crucificado con Cristo!" ¡Ahí esta la obra de separación!

¡Ya no soy yo quien vive! Este" yo" es mi vieja naturaleza de pecado, que fue crucificado. Eso no significa que me he transformado en un ser sin personalidad. El Señor me dio un nuevo "yo". Por otra parte, ahora hay en mí alguien que vive. Yo le recibí por la fe. El vive en mí por su Espíritu Santo que habita en mí. ¡Se trata de Cristo en persona! Que revelación y que gracia. Cristo creó en nosotros una nueva naturaleza, semejante a la suya, una naturaleza pura, linda y santa. Luego el Señor nos pide de conservarnos en la santidad y en la pureza por su Palabra, por Su sangre y por Su Espíritu. Quiere manifestar plenamente en nosotros Su propia naturaleza. Somos predestinados todos a ser semejantes a la imagen de Jesús:

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Ro. 8: 29

Durante ese tiempo Pablo toma cuidado de agregar:

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó así mismo por mí.
Gál. 2: 20

Yo vivo en la carne, pero vivo por la fe en el Hijo de Dios, por la fe en Su obra en la Cruz.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Heb. 11: 1

Yo debo recibir por la fe el hecho cumplido de mi muerte y de mi resurrección en Cristo, únicamente porque la Palabra de Dios lo dice. No debo para en lo que todavía veo en mí, cuando vivo o reacciono carnalmente. Cuando reacciono carnalmente, es porque olvidé cual es mi posición en Cristo. Debo arrepentirme inmediatamente, ponerme frente al espejo que es la Palabra y decir: "Señor, perdóname". Olvidé lo que Tú dices en tu Palabra. Yo olvidé que fui crucificado en Ti. Quiero volver a tu Palabra. Vuelvo a tomar mi posición en Ti. ¡Te pido que me saques del agua en la cual me hundí!".

No debo reconstruir las cosas que destruí, poniéndome bajo el yugo de la carne. Permanezco en la fe, en lo que la Palabra de Dios dice. Medito constantemente en esos versículos, en un espíritu de oración. Cada vez que yo medito, el Espíritu Santo profundiza, por la fe, la obra de Jesús en mi corazón. El me revela todavía profundamente la grandeza de la obra de la Cruz.

Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
Gál. 5: 24- 25

Aquellos que son de Jesús son nacidos de nuevo. Ellos saben que su vieja naturaleza fue crucificada. Ellos aceptaron, han comprendido en su corazón, han recibido por la fe. No tenemos necesidad de comprender la Cruz de una manera intelectual. Pero, porque Dios dice en Su Palabra, y yo acepto. No necesito pensar para tratar de comprender esta verdad por medio de mi lógica humana. Dios lo dice, eso me basta. Yo escucho y recibo en mi corazón. Confío en el Espíritu Santo que me dará una revelación que sobrepasa toda inteligencia, todo conocimiento humano. Abro mi corazón, medito Tu Palabra y lo recibo. La acepto y la tomo para mí. En esas condiciones yo sé que el Espíritu Santo hará Su obra.

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Gál. 5: 24

Estamos en buena posición para conocer la carne. Ella nos dominó, así mismo luego de nuestra conversión, muy a menudo. Esos versículos deben iluminar constantemente nuestro corazón, nuestra inteligencia espiritual. Siempre debemos saber, y nunca olvidar que fuimos crucificados en Cristo y que la Cruz cumplió una separación completa entre nosotros y la carne.

La Cruz también es un poder de separación entre nosotros y el mundo.

El mundo inicial fue creado lindo y perfecto por el Señor. La muerte y el pecado no existían. Cuando el hombre pecó, la muerte entró en él. Pero también allí toda la creación fue maldita y puesta bajo la esclavitud de la muerte.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
Ro. 8: 19

El mundo que nos rodea fue contaminado por el pecado. Está bajo el dominio del maligno y de la carne. El ejerce su atracción sobre la carne por la codicia. Pero el apóstol Pablo afirma.

Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.
Gál. 6: 14

El trato que la Cruz hizo pasar a nuestra carne, a nuestro cuerpo de pecado, también fue aplicado a nuestra relación con el mundo. Nuestra carne se une directamente al mundo. Aquellos que son inconversos son un solo cuerpo y una sola carne con el mundo.

Por la Cruz, el mundo entero esta crucificado para nosotros, como nosotros somos para el mundo. Ya no estamos sometidos a esas codicias engañosas. Un cristiano que queda sometido a las codicias del mundo demuestra que siempre está dominado por la carne. No conoce o no aceptó el mensaje de la Cruz. Ignora su posición en Cristo. Y no puede andar por el Espíritu. Yo soy deudor al espíritu constantemente que el mundo que me rodea está crucificado para mí, así como yo para el mundo.

Entonces me puedo gloriar de la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, .Pablo afirma:

Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.
Col. 3: 11

No es el hecho de ser miembro de una Iglesia o de una denominación lo que es importante. Lo importante, lo que interesa al Señor, es que seamos nueva creación. Si somos una nueva creación, eso significa que hemos pasado por la Cruz. Muchos cristianos no saben cual es su posición en Cristo. Cuando Cristo murió en la Cruz, Dios el Padre nos puso en El, de antemano, para que podamos morir y resucitar en El. Entonces la Cruz marcó una línea de separación entre el mundo y nosotros.

Pablo dice bien:

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.
1 Co. 2: 12

Podemos gloriarnos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo. No escucho a menudo a cristianos gloriándose de eso. Yo sí me glorío, porque es por esta Cruz que el mundo malo que me rodea fue crucificado para mí. Este mundo fue transformado en cadáver para mí. Esta podrido, en plena descomposición, bajo su bella apariencia. Está condenado a muerte, y esta condenación es irrevocable. Ella ya fue ejecutada en Cristo.

Como yo fui crucificado para este mundo, no hay nada que hacer conmigo. Ya no somos de la raza del mundo. Ahora somos de la raza divina, y el mundo que nos rodea es de la raza de Adán. Nosotros somos del segundo Adán. Por más que estemos en este mundo, estamos fuera de este mundo espiritualmente. Entre nosotros y el mundo hay una completa separación espiritual. Vivimos en el mundo y habitamos, pero pertenecemos a otro reino. Somos embajadores de Cristo.

Finalmente la Cruz es un poder de separación entre nosotros y Satanás.

Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.
Col. 1: 12

Somos ricos, tenemos una herencia fantástica en la luz de Dios. Ninguno de nosotros es pobre. Tenemos todas las riquezas del Señor.

El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.
Col. 1: 13- 14

La cruz cumplió una separación total entre el reino de las tinieblas, que era lo nuestro, cuando estábamos en la carne y en el mundo; y nosotros, que ahora estamos en el Reino del Hijo de Su Amor. Todas las cosas viejas pasaron. Todas las cosas son nuevas en Cristo.

De modo que si alguno esta en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
2 Co. 5: 17

Jesús nos liberó completamente del poder del amo que dominaba sobre nosotros, Satanás. Ahora nuestro dueño es Jesucristo. Satanás ya no debe dominar sobre el más mínimo terreno de nuestro espíritu, de nuestra alma y de nuestro cuerpo. Un cristiano puede estar atado, puede estar enfermo. Pero a partir del momento que sabemos que fuimos liberados del poder de Satanás, podemos darnos la vuelta, por la fe contra cualquier poder de las tinieblas que insisten en actuar en nuestras vidas, para decirle, así como Jesús le dijo a Satanás, en pleno desierto:

Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, a El solo servirás.
Mt. 4: 10

Así es el verdadero combate espiritual. Cuando hemos recibido por la fe la Palabra de Dios, ella vive en nuestro corazón. No es porque nos convertimos a Jesucristo que todas las bendiciones divinas vienen automáticamente sobre nosotros. ¡Ya no estamos bajo el automatismo de la ley! Toda la herencia de Dios en Cristo debe ser recibido por la fe, para que sea una gracia. El día que nos convertimos toda la obra cumplida por Jesús esta a nuestra disposición en los lugares celestes. Pero podemos recibirlo solo por fe.

Si veo que las obras de Satanás subsisten en mi vida, en mi cuerpo o en mis pensamientos, si todavía estoy atado en algo, el Espíritu Santo que habita en mí lo sabe perfectamente. El sabe cual es el plan de Dios para mí. El sabe también que Cristo en la Cruz, operó una separación total entre Satanás y yo. Yo pertenezco al Señor y a su Reino.

Pero Satanás es el que se opone al Señor. Va a hacer de todo para engañarme y hacerme creer mentiras. Yo debo tomar una posición de fe para destruir, en el Nombre de Jesús, porque me apoyo sobre la Palabra del Señor. Cuando Jesús murió sobre la cruz, nos arrancó del reino de Satanás. El pagó el precio, es decir Su sangre preciosa. El nos transportó al Reino de Dios. Satanás ya no tiene ninguna autoridad sobre nosotros.

El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.
Gál. 1: 4

El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.
Col.1: 13

A menudo debemos recordar esta verdad a nuestro enemigo. Muy a menudo el ataca nuestro hogar, nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro espíritu, sin que reaccionemos. Muchas veces alcanza a hacernos creer sus mentiras.

La Palabra de Dios debe estar plantada en nuestro corazón. Habiendo recibido esta Palabra por la fe, podemos revestirnos de todas las armas espirituales que el Señor nos da. Particularmente podemos tomar la espada del Espíritu, que es la Palabra del Señor, volvemos contra el enemigo de nuestra alma, y decirle:" ¡Satanás escrito está…vete ahora, en el Nombre poderosos del Señor Jesús!"

He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
Lc. 10: 19

Esto no significa que ya no vamos a tener pruebas, dificultades y combates. Pero podemos y debemos estar con el corazón en paz, permanecer en la fe y pelear el buen combate de la fe, apoyándonos sobre la Palabra del Señor. El triunfó sobre los dominios y autoridades por la Cruz.

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
Ro. 1: 16

En la Cruz que todo fue cumplido. El Señor Jesús destruyó todo poder de Satanás. Le despojó, le desnudó, hizo de él un espectáculo, le avergonzó públicamente. Como Satanás está lleno de orgullo, no pudo soportar la predicación de la Cruz, porque él sabe que allí fue definitivamente y eternamente vencido. El orgullo de Satanás no puede soportar que le recordemos que él fue entregado públicamente en espectáculo en la Cruz. Es un vencido.

Frente a la Cruz, un grito de victoria resonó en el cielo, y un grito de derrota en el lugar del enemigo. Toda la obra de Satanás a partir de ahora, consiste en seducir a los hombres para hacerles creer mentiras. Quiere hacerle creer a los cristianos que todavía están bajo su dominación, bajo la maldición de sus pasados o de sus herencias, siendo que, por la cruz, fueron liberados para siempre.

Cuando estamos en una posición de fe, podemos resistir a Satanás con eficacia, armados de la espada del Espíritu y decirle: "Fuiste completamente despojado, te prohíbo que toques mi hogar, mi cuerpo, mi salud, la salud de mis seres queridos. Me cubro con la sangre y el nombre de Jesús. Yo sé que esta escrito Satanás, y yo persevero en la fe y en el combate." Satanás debe dejar la presa. Si perseveramos en la fe, él huirá.

Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.
Stg. 4: 7

El Señor Jesús llevó sobre Satanás un triunfo absoluto, por la eternidad. ¿Usted comprende entonces que, por la Cruz, el Señor Jesús nos ofreció la solución divina, perfecta, a todos nuestros problemas? El poder de la Cruz es:

Un poder de separación entre nosotros y la carne.

Un poder de separación entre nosotros y el mundo.

Un poder de separación entre nosotros y aquel que gobierna el mundo, Satanás.

Pero la Cruz no es solamente un poder de separación. Ella también es un poder de unión entre Dios y nosotros, y entre todos los hombres que creen en Jesús.

Así como es un poder de separación entre Satanás y nosotros, de la misma manera es un poder de unión entre Dios y nosotros, Padre, Hijo, Espíritu Santo y nosotros.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
Ro. 5: 8 — 10

¡Qué revelación maravillosa! Jesús nos reconcilió con Dios por Su Muerte. Por Su resurrección, porque somos resucitados en Él y con Él, el Señor derrama en nosotros la vida de Dios. Nosotros somos salvos plenamente. El verbo "salvo" en griego, quiere decir, dar una salvación completa por el espíritu, alma y cuerpo. Somos salvos por Su vida que se derrama en nosotros y que tiene el derecho de derramarse en nosotros. Jesús murió por nosotros y nos reconcilió con Dios. Eso significa que éramos enemigos de Dios por nuestro pensamiento y nuestra acción. Más todavía, por nuestra naturaleza de pecado. La muerte de Jesús nos reconcilió. La palabra "reconciliar" es muy poderosa. Los viejos enemigos ahora vienen a ser amigos. Aquellos que estaban separados por la enemistad son reunidos por un perdón completo y viene a ser uno. Venimos a ser solo espíritu con Dios, un solo Cuerpo con Cristo. El es la cabeza. Nosotros somos los miembros de Su Cuerpo, y miembros los unos de los otros. Dios ya no es nuestro enemigo. Si todavía tenemos a Dios como enemigo, es porque aún no hemos confesado nuestros pecados, o que resistimos al Espíritu Santo. Todavía resistimos a Su Amor.

De igual manera un hijo de Dios puede tener su relación cortada con el Señor por el pecado. A causa de nuestra desobediencia o de nuestro corazón endurecido, Dios puede resistirnos. El resiste a los orgullosos y a los malvados. Pero si nuestro corazón es honesto y bueno, si abrimos nuestro corazón a la voz y a la luz del Espíritu Santo, para humillarnos delante de Dios e inclinarnos delante de El en una consagración total, estamos en comunión con El. Cuando andamos constantemente bajo la unción de la sangre de Jesús, cuando estamos sometidos de corazón a la Palabra del Señor y al Espíritu Santo en nosotros, allí estamos constantemente purificados por la sangre de Jesús. Estamos en comunión con Dios. Somos uno con El. ¡Somos reconciliados con Él por la muerte de Su Hijo!

Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
Ro. 8: 11

Jesús es el gran reconciliados. El apóstol Pablo recibió esta revelación:

De modo que si alguno esta en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.
2 Co. 5: 17- 18

Porque fuimos reconciliados con Dios, El quiere hacer de nosotros reconciliadores. Es importante de comprender bien. Vea los problemas, las enemistades, las divisiones, en el mundo y de igual manera en el Cuerpo de Cristo. Dios nos dio un ministerio, es decir un servicio de reconciliación. El hizo de nosotros reconciliadores.

Siendo cristiano, ¿eres un reconciliador o un divisor? Siempre crearás enemistades si reaccionas en la carne. Toda reacción de la carne provoca enemistades. Tener enemistad significa adoptar una actitud de enemigo. Toda reacción carnal hace de nosotros un enemigo de otros. Discutimos porque la carne tomó el control. Pero cuando estamos reconciliados con Dios, cuando quedamos en la fe en Cristo y en su obra de reconciliación, el Señor hace de nosotros reconciliadores.

Si andas en la carne, pondrás una división carnal entre tú y los otros. Pero si marchas por el Espíritu, aportaras una división espiritual entre tu y los que quieren continuar marchando en la carne. Pero como tú marchas por el Espíritu, permanecerás en amor y dulzura. Aportaras paz a todos los que quieren recibir bien.

Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Mt. 5: 9

Si somos hijos e hijas de Dios todos tenemos por Padre al Rey de Paz. Debemos procurar la paz en la verdad. ¡Debe haber dos para discutir! Si alguno es tu enemigo, vas a sufrir, pero si quedas en el Espíritu, rechazaras alimentar una querella por una actitud carnal. Vas a quedar en Cristo. Serás un hacedor de paz. Tendrás la sabiduría de Dios para saber lo que debes hacer.

Dios nos llama a este ministerio de reconciliación. Tenemos en nosotros el poder del Espíritu Santo, que nos reconcilió con Dios por el sacrificio de la Cruz. Dios habita en nosotros. El está listo para darnos su sabiduría, si le pedimos con fe, sin dudar. Oremos para tener la sabiduría del Señor, para ser capaces de ejercer eficazmente este ministerio de reconciliación, a fin de estar entre Sus manos, un instrumento de paz y de reconciliación. Lo seremos, si hemos comprendido que fuimos reconciliados con Él. Fuimos perdonados en Cristo. Entonces nuestro primer reflejo va a ser de perdonar, cualquier cosa que pueda pasarnos.

Si tú has comprendido que tienes un ministerio de reconciliación, nunca debes imputar a las personas ninguna ofensa. Si has sido ofendido, debes perdonar de todo corazón, por más que no te pidan perdón. Teniendo esta actitud, vamos a acumular sobre nuestros enemigos carbones ardientes de Dios. Vamos a permitir al Señor trabajar a través de su Espíritu Santo en el corazón de nuestros enemigos, siendo que será de beneficio al ministerio de reconciliación que Dios nos dio.

Si hemos comprendido que hemos recibido un ministerio de reconciliación, inmediatamente perdonaremos todas las ofensas, por el poder de la vida de Cristo que fluye en nosotros. Para ser capaz de esto, nosotros mismos debemos estar unidos a Cristo en Su Paz. Si marchamos en la carne, la mínima ofensa va a provocar una reacción carnal. Vamos a responder con el mismo tono. El problema va a crecer. Uno de los protagonistas debe entender que hay que para. El primero que detenga la discusión será el cristiano que recordará que el tiene un ministerio de reconciliación. Porque el fue reconciliado con Dios, está llamado a ser una criatura de paz. Entonces perdonara todas las ofensas sin excepción.

Cuando se nos ofende, debemos perdonar. Si el que nos ofendió viene a pedir perdón, simplemente le confirmamos un perdón que ya le habíamos dado en nuestro corazón. Si nunca nos pide perdón, es que el va a soportar las consecuencias. Pero, en nuestro corazón ya estamos reconciliados de nuestra parte.

Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.
Ro. 12: 20

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
2 Co. 5: 20

¿Como aquellos que se oponen a nosotros y nos ofenden van a comprender el ministerio de Cristo, si ellos me ven ejercerlo? si me ven ejercer el ministerio d reconciliación, perdonar, no imputar las ofensas, se van a hacer preguntas. El Espíritu Santo va a hablar en su corazón. Les va a decir: "Es Jesucristo que cambió su corazón"

Cristo nos reconcilió con Él y nos hizo comprender que es la reconciliación. Como nosotros hemos sido reconciliados con Dios, allí somos capaces de comprender lo que significa la reconciliación. Hemos recibido el perdón. Entonces somos capaces de perdonar.¡ Que maravillosos ministerio aquel de ser embajadores para Cristo, embajadores de un reino donde reina la paz y la reconciliación!

Ustedes verán, cuando estemos en el cielo. Ya no habrá discusión, ni lo más mínima animosidad, todos aquellos que tiene acceso al cielo serán reconciliados los unos con los otros por medio de Cristo. ¡Conoceremos una maravillosa paz, una paz celestial! Cuando nos encontremos será un torrente de amor de los unos a los otros. Nos bañaremos en el amor y en la paz de Cristo.

Pero nosotros podemos ya sobre esta tierra, expresar desde nuestro corazón este torrente de amor. Puede que no siempre sea bien recibido. Pero participando en el ministerio de Cristo, debemos participar también de sus sufrimientos.

Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agrado al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de la cruz.
Col. 1: 18- 20

La sangre de la cruz demuestra la voluntad de Dios de reconciliar todo con Él mismo en Cristo. La creación entera esta llamando a la reconciliación con Dios. Esto no significa que Dios quiere también reconciliar a Satanás y a sus demonios con El, como dicen ciertas enseñanzas erradas. Satanás ya esta juzgado. Esta destinado al lago de fuego y de azufre. No habrá ninguna reconciliación entre Satanás y Dios por la sangre de Cristo. Lo que esta sobre esta tierra es la carne. Lo que esta en los cielos es el espíritu. Somos seres que estamos al mismo tiempo en el cielo y en la tierra. Debemos absolutamente, en todos los aspectos de nuestra vida, encontrar en Cristo una perfecta reconciliación, en el espíritu, el alma y el cuerpo.

Lo que es importante de comprender, es que la sangre de Jesús es capaz de dar una paz perfecta a aquellos que eran enemigos.

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentarnos santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin movernos de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que esta debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.
Col. 1: 21- 23

Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
Ef. 2: 11- 12

Los judíos poseían la Ley. Ellos formaban, y formarán siempre, el pueblo del Señor sobre la tierra. Ellos tenían una ciudadanía divina. Ellos no eran nacidos de nuevo pero tenían la ley y la revelación del Señor, sin embargo, los impíos no tenían nada. Estaban sin Dios y sin esperanza. Dios llama tanto a uno y a otros, tanto judíos como paganos, a reconciliarse con El por la Cruz.

No es el hecho de ser israelita o judío que nos reconcilia con Dios, porque Pablo dice a aquellos que resisten al evangelio: "Son enemigos de Dios".

Y aún ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.
Ro. 11: 23

Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.
Ro. 11: 28

No debemos tener una reacción sentimental con Israel. Debemos amar a Israel con todo nuestro corazón. Israel es el pueblo del Señor. Debemos bendecir a Israel, orar e interceder por Israel. Pero no por ser judíos somos salvos. Un judío que resiste al Evangelio es enemigo de Dios, por más que sea parte del pueblo del Señor y que tenga bendiciones o promesas particulares. El Espíritu Santo quiere revelar a Israel que Jesús es el Mesías, para que lo acepte y entre en la nueva alianza.

Pablo quiere mostrar que los judíos y los paganos estaban separados y eran enemigos antes de la venida de Cristo.

Pero ahora en Cristo Jesús; vosotros que en otros tiempos estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque El es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación.
Ef. 2: 13- 14

Es por la cruz que los judíos y los paganos fueron acercados. Judíos y paganos que en otros tiempos eran enemigos viene a estar unidos en Cristo convirtiéndose a Jesucristo. El muro de separación que fue derrumbado, la enemistad que judíos y paganos aprobaban los unos por los otros desapareció.

Pero los muros de separación no solo existen entre judíos y paganos. Muchos cristianos están separados por verdaderos muros. Ciertamente Dios nos pide de separarnos de aquellos que se dicen cristianos, pero que viven en el pecado. Si tu hermano Cristiano peca y quiere arrastrarte al pecado, tú debes decirle: "No, yo me alejo de ti" El permanece siendo cristiano y cuerpo de Cristo. Mientras él este en esa actitud yo no camino con él.

Sí aceptamos estos casos particulares, todos los otros muros de separación fueron elevados por la carne. Esos muros fueron destruidos por la Cruz, porque la carne fue puesta a muerte por la Cruz.

Aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.
Ef. 2: 15- 16

Esta reconciliación es válida para las parejas, para los hermanos y hermanas del cuerpo de Cristo, y para todo el pueblo del Señor. A partir del momento en que nos convertimos en cristianos, debemos saber que los muros de separación fueron destruidos entre nosotros los miembros del cuerpo de Cristo. ¿Aceptamos esta revelación?

Un muro de separación debe ser destruido a la vez por los dos viejos enemigos, para que la comunión se establezca entre ellos. Si el muro esta destruido por uno, pero aún queda en pie para el otro, no puede establecerse el contacto. Es por eso que el Señor toma con importancia el mensaje de la Cruz, a fin de que todos puedan comprender, siendo este mensaje el único capaz de destruir los muros de separación levantados por la carne.

El Espíritu Santo debe revelarnos más profundamente la Palabra de Dios y todos los aspectos de la obra de Jesús sobre la Cruz. Ya no debemos conducirnos como si el muro de separación estuviera todavía en pie. Siendo que el Señor declara que fue derrumbado por el sacrificio de Jesús. Ese muro fue destruido, para que aquellos que estaban separados sean reconciliados en un solo hombre nuevo, un solo cuerpo.

Es triste ver la obra de Jesús ignorada por tantos cristianos. Todavía viven en sus vidas pasadas, en su vieja naturaleza carnal, y en su enemistad pasada. No han comprendido plenamente lo que Jesús cumplió. Esperan poder cambiar algún día. Pero el cambio solo se cumplirá por la fe en el "Consumado es" de Cristo. El Señor ya destruyó el muro de separación y nosotros formamos un solo ser nuevo en Él.

Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncision, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.
Col. 3: 11

En lo que concierne a los judíos que se convierten al Evangelio, debemos considerarles en una justa perspectiva. Un judío que se convierte toma su lugar en el cuerpo de Cristo, exactamente en el mismo lugar que un pagano que se convierte. ¡Este lugar es más elevado que aquel que ocupaba anteriormente siendo solo judío! ¡Si Israel es el pueblo de Dios sobre la tierra, La Iglesia es el pueblo de Dios en los cielos!

Judíos y paganos convertidos, beneficiados de la misma herencia en Cristo. Su lugar puede diferir en el cuerpo de Cristo, pero únicamente en razón de su llamado particular y de la voluntad soberana de Dios, pero no por razón de sus orígenes.

Hay que decir con fuerza: ¡Un judío que se convierte deja de ser judío! El queda en la carne, como Pablo podía decir, pero un cristiano no es llamado a vivir en la carne. El hecho de haber sido judíos antes de nuestra conversión no nos da ningún privilegio, ningún lugar particular en la Iglesia.

Los paganos conversos a veces tienen la costumbre de poner a los judíos conversos en una categoría aparte, creer que tienen derecho a una doble porción de la unción divina, como si tuvieran doble herencia de las promesas de la antigua y nueva alianza. Tales pensamientos no deben estar en nuestros corazones, siendo que así volvemos a levantar muros de separación entre judíos y paganos convertidos. En Cristo somos iguales. Somos herederos de las mismas promesas. Pablo dice así:

Todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.
Ef. 2: 17

Ese razonamiento aplicado a los judíos convertidos y a los paganos convertidos, deberíamos aplicar a todos los miembros del cuerpo de Cristo. Cuando estaban en la carne, muchos de los judíos y paganos eran enemigos. Pero muchos hermanos y hermanas, maridos y esposas, lo eran también. Ciertas enemistades eran muy persistentes. En el mundo ciertas enemistades duran por generaciones. Y no solamente en Còsega o en Cerdeña! Todos nacimos en el pecado. Todos somos esclavos de la carne por nuestro nacimiento.

Mientras que vivamos en la carne, tenemos tendencia a mantener esta actitud de enemistad. Pero cuando somos en Cristo y cuando marchamos en el Espíritu, sabemos que el muro de separación fue destruido y que ya somos un hombre nuevo en Cristo. El Señor nos pide que comprendamos espiritualmente y de aceptar Su Palabra por la fe. El muro ya fue destruido por la Cruz. Si ves que sientes o tienes sentimientos de enemistad hacia alguien, siendo parte de cuerpo de Cristo, hay algo anormal en tu vida cristiana. Tú marchas todavía en la carne. No tienes la revelación de la Cruz. Fuiste llamado a reconciliarte.

Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no haciéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.
Ef. 2: 18- 19

Todos somos hijos del mismo Padre. Somos todos hijos e hijas del amor del Señor, hijos de Su Paz.

Primero debemos comprender las cosas espiritualmente. Después el Señor nos pide de tomarlo por la fe. Todas las promesas de Dios nos son dadas por la fe en Cristo. "¡Señor, Tu me has revelado Tu Palabra por Tu Espíritu Santo. Yo medité, oré, te pedí que abrieras mi inteligencia espiritual. El Espíritu Santo hizo penetrar esta Palabra en mí. ¡Yo tomo por la fe y ando en esta revelación!"

Cuando recibo esta revelación, debo velar para no hacer como los Gálatas, que habían comenzado por el Espíritu y terminaron en la carne. Pablo llega a decirles:

De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
Gál 5:4

Entonces siempre debemos dejar nuestros ojos fijos sobre Jesús y Su Palabra. Si tratamos de resolver nuestros problemas sin la Palabra ni el Espíritu, arriesgamos de separarnos de Cristo y de ser destituidos de la gracia. Si amamos la Palabra, y si vivimos en la Palabra, el Espíritu Santo que esta en nosotros va a conducirnos de victoria en victoria, por la fe en Cristo.

El Señor mismo dijo:

Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
Lc. 14: 27

El Señor hacía alusión a afecciones particulares o familiares que podrían impedirnos obedecer al Señor. En realidad nuestra Cruz es la Cruz de Cristo que hemos puesto sobre nosotros. Aquel que quiere ser discípulo del Señor debe pasar por la Cruz y llevar todos los días. Llevar su Cruz significa comprender que hemos sido crucificados en Cristo y que debemos marchar por la fe en esta revelación a cada instante de nuestra vida.

Es así que la Vida de la resurrección se manifestará en nosotros. Sino, no podemos ser discípulos de Cristo. Puede ser que heredemos la salvación, pero nunca entraremos plenamente en la dimensión plena de la victoria de la Cruz.

Tomemos la costumbre de meditar constantemente estos versículos. Cuando el enemigo, si no ocupamos una posición de fe en Cristo, y si pensamos que todavía hay en nuestras vidas dominios bajo el control de Satanas, debemos acercarnos al Señor y decirle: "Muéstrame si hay en mi vida pecados que no he confesado. Muéstrame, Señor, lo que hay de ignorancia y de incredulidad en mí."

El Espíritu Santo va a iluminarnos. No tendremos necesidad de sentirnos culpables permanentemente. Después de haber sido iluminados, después de haber confesado nuestros pecados, nuestra ignorancia o nuestra incredulidad, podemos invocar el poder de la sangre de Jesús. Luego nos revestimos de toda la armadura que nombra Efesios 6.

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
Ef. 6: 11- 17

Entonces si nos damos cuenta que Satanas nos ataca, en nuestro cuerpo, en nuestra alma, o nuestro pensamiento, debemos resistirle firmemente por la fe en la obra de Jesús en la Cruz. Debemos permanecer en la fe, hasta que la obra de la Cruz sea plenamente manifestada en nuestra vida. Si realmente hemos recibido en nuestro corazón la revelación de lo que somos en Cristo, podemos resistir al maligno. Por otra parte, nuestra fe permitirá al Señor cumplir en nuestra vida todos Sus planes.

No creamos que querer alcanzar la perfección vuelve a idealizar la vida cristiana. Ciertos hijos de Dios no se dan cuenta a que punto de incredulidad los mantiene en mediocridad y en una derrota permanente. Ellos van de crisis en crisis, nunca alcanzando una estabilidad espiritual en la fe.

Los planes de Dios son tan elevados y espléndidos que muchos de los cristianos no alcanzan a creer que ellos puedan realizarse en sus vidas. ¡Que error! El Señor Jesús quiere conducir nuestra fe en la perfección, para que todos los planes de Dios se realicen en nuestra vida, para la gloria del Padre.

Oración:

Señor, yo te pido que nos guías en Tu sabiduría. Tú sabes que somos pequeñas criaturas delante de Ti. Necesitamos ser enseñados y conducidos por Ti. Necesitamos recibir constantemente, día tras dia, segundo tras segundo, Tu sabiduría, Tu ayuda y Tu socorro. No somos nada sin Ti.

Tú cumpliste sobre la Cruz, Señor, Yo te pido que continúes por Tu Espíritu Tu trabajo de revelación en nuestro corazón. Que nuestra fe crezca constantemente. Que la obra de Jesús pueda brillar ante nuestros ojos espirituales en toda su maravillosa claridad. Que podamos comprenderla, recibirla en nuestro corazón abierto, aceptar y entrar en tus planes perfectos.

Te pido que nos bendigas a todos y ayuda nos en todos los combates que tenemos que llevar. Tu que todo has cumplido, Tu sabes lo que conviene hacer, Señor te pido que nos tomes de la mano y nos hagas entrar en la herencia que Tú nos has destinado. Mis ojos están sobre Ti. Te doy mi confianza. Me inclino delante de Ti y te alabo de todo mi corazón, por la perfección de la obra de Jesús.

¡Señor, sé glorificado! Te bendigo de todo mi corazón. Manifiéstate Señor, y glorifica a Jesús cumpliendo toda su obra en nuestras vidas, ¡Amén!