Tabla de materias:

Capitulo 1. Constan del problema.
Capitulo 2. Un punto de partida obligatorio: el nuevo nacimiento.
Capitulo 3. El objetivo final: ser semejantes a Cristo aquí y ahora.
Capitulo 4. Nos volvemos aquello que ya somos.
Capítulo 5. El verdadero fundamento: nuestra nueva naturaleza en Cristo.
Capitulo 6. La naturaleza de la carne y las etapas de liberación
Capitulo 7. Como la carne considera la marcha por el espíritu.
Capitulo 8. Soluciones que no son.
Capitulo 9. La predicación de la Cruz, llave de la victoria.
Capitulo 10. La Cruz, pasaje obligado: la puerta
Capitulo 11. La Cruz, pasaje obligado: el camino.
Capitulo 12. La Cruz, pasaje obligado: la vida.
Capitulo 13. La astucia de la carne para evitar la Cruz.
Capitulo 14. La renovación del alma.
Capitulo 15. El cuerpo, tabernáculo e instrumento.
Capitulo 16. El hombre espiritual….
Capitulo 17. Un aprendizaje concreto cerca del Maestro.
Capitulo 18. Una marcha permanente por la fe.
Capitulo 19. El Espíritu, el agua y la sangre.
Capitulo 20. La marcha por el espíritu, modo de empleo practico
Capitulo 21. El verdadero gran avivamiento final

Capítulo 1: Constan del problema.

"Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne" (Gálatas 5.:16)

¡Para muchos cristianos, este mandamiento de la Biblia parece ser muy misterioso y bien inaccesible! ¡Como si estuvieran comprometidos en un viaje sin conocer el tramo final ni las etapas principales! Y sin embargo, ningún otro mandamiento no es más importante que esto en lo que concierna la marcha cristiana.

Aquellos que han aprendido del Señor a marchar por el espíritu detienen la solución de todos los problemas prácticos de la vida. Ellos comprendieron lo que significa "reinar en la vida" Llegar a este fin nos permite de glorificar al Señor realmente.

La creación entera espera impacientemente la manifestación de los hijos de Dios. ¡Nosotros podemos ser hijos de Dios por nuestro nuevo nacimiento, pero, si no marchamos por el espíritu, continuamos a conducirnos mas o menos como los paganos, y somos los mas desdichados de los hombres!

Nosotros entramos a menudo llenos de esperanza en la vida cristiana, deslumbrados con la descubierta de la grandeza de la obra de Cristo y de las promesas magnificas de la Biblia. Una vía real que parece abrirse delante de nosotros en una luz que nada parece entenebrecer.

Nosotros sabemos bien que una nueva vida penetró en nosotros por nuestra conversión a Cristo. Hemos confesados nuestros pecados. Tenemos la seguridad de que hemos sidos perdonados, y que somos nuevas criaturas en Cristo. Pero los problemas no tardan en acumularse. Ciertos pecados tenaces regularmente nos hacen tropezar, y todas nuestras resoluciones no alcanzan a darnos una victoria definitiva. Nuestra relación continúa a ser mala con ciertas personas "insoportables" que son a menudos los más cercanos de nosotros. No podemos cambiar nuestro "carácter".

Nosotros hacemos todo para encontrar una solución definitiva. Ayunamos, oramos, corremos de Seminarios a Convenciones, encontramos de todos tipos de hombres de Dios confirmados. Nosotros pasamos sin transición de las alturas las más vertiginosas en los pozos los más profundos.

A veces, con un desaliento completo, comenzamos a preguntarnos si hemos pasado realmente por un nuevo nacimiento, y estamos listos a dejar todo. Pero nuestra conciencia nos recuerda que no tendremos ninguna felicidad verdadera, ninguna paz del espíritu, al volver al mundo, después de todo lo que conocimos del Señor y de la vida cristiana. Si nos asombramos y volvemos al pecado, vamos a continuar siendo los hombres mas infelices, y vamos a re tomar a nuestra cuenta el grito de la desesperación del Apóstol Pablo en Romanos 7: 24 "¡Miserable de mi! ¿Quién me librara de este cuerpo de muerte?"… ¡Ni siquiera tenemos la consolación de agregar, como el "Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!"(v. 25).

El problema es claro: nosotros andamos por la carne. Sabemos que debemos andar por el espíritu, pero no nos damos cuenta. Cuando pensamos haber alcanzado, pero enseguida realizamos que el poder de nuestra carne no estaba vencido, y aquello que creíamos de que estaba muerto esta siempre bien vivo! Entonces uno termina diciendo que ya no entiende mas nada. "Andar por el espíritu" queda en enigma.

¡No hay nada mas desesperante ni mas frustrante que de sentirse obligado a hacer algo, teniendo el sentimiento de que no tenemos ningún medio de alcanzar! ¡Como si alguien nos pide de construir una casa sin ninguna herramienta!

Leemos bien todos los pasajes de la Biblia que nos hablan de la victoria de Cristo y de la marcha por el espíritu. Pero parece no poder aplicarse a nuestros problemas concretos de todos los días. Estamos delante de una maravillosa vitrina cargados de productos deliciosos y atrayentes. ¡Se nos invita a servirnos, pero la puerta esta cerrada, y la vitrina esta muy espesa!

Puede ser que esta descripción no les concierne de ninguna manera. Pero yo se que le concierne a una multitud de cristianos hambrientos de una nueva vida y de una relación mas profunda con el Señor que les ama y les gustaría servirle perfectamente, pero que se hunde bajo la culpabilidad de sus fracasos y de sus imposibilidades.

Muchos terminan aceptando compromisos que odian y sin embargo, o esperan pasivamente una hipotética deliberación, en cual ya no creen. Ellos cuentan solo con la gracia de un Dios misericordioso, que va a terminar teniendo piedad de ellos.

Otros se forman en la hipocresía de una vida cristiana de fachada. Pero ellos no transmiten la Vida de Cristo, porque no están llenos. Si ellos alcanzan a engañar a su semejante o a engañarse a sí mismos, son como floreros vacíos que no hacen prosperar ninguna flor o son floreros llenos de arena secos donde nada parece crecer. Se refugian a menudo en un legalismo estricto que hacen solo traicionar sus impotencias a marchar por el espíritu, y finalmente su miseria espiritual profunda.

Amigos cristianos, este pequeño trabajo sin pretensión se escribió para darles coraje en vuestra búsqueda del Señor y de la perfección. Yo quiero proclamar con fuerza de que es posible de marchar plenamente en el espíritu sobre esta tierra de miserias!

Yo quiero afirmarle que El Señor lo quiere así, y Él ya cumplió todo, y proveyó de antemano a nuestras necesidades en ese dominio. ¡El esta listo para responder a los gritos de las almas angustiados de sus hijos sinceros, que realmente quieren aprender de Él a marchar por el espíritu, para no cumplir más las obras de la carne!

"Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías , enemistades, pleitos, celos, iras , contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredaran el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza" (Gálatas 5:19-23).

Marchar por el espíritu, es hacer desaparecer de nuestras vidas las obras de la carne, para manifestar plenamente el buen fruto del espíritu que no es otro que el carácter de nuestro Señor Jesucristo.

Todos nuestros problemas, personales, familiares, o de iglesia, provienen de la acción de la carne, porque nosotros no hemos aprendido a marchar por el espíritu. ¡Paremos de hacerles responsables a Satanás y sus demonios de nuestros problemas! ¡Ellos ya no pueden hacer nada, si tienen frente a ellos cristianos que andan realmente por el espíritu, como Su Señor!

Aprender a marchar por el espíritu debería ser el único objetivo de todos los cristianos nacidos de nuevo. Enseñar a los rebaños del Señor debería ser el único objetivo de todos los ancianos y pastores y manados del rebaño. ¡Es cierto que esto se puede explicar mejor solo si uno ha vivido en sí mismo!

¡Cuanta tristeza de ver que los responsables de las iglesias cristianas, en su inmensa mayoría, no han hecho de la marcha por el espíritu el principal y único objetivo de sus vidas, para poder ayudar a los rebaños a llegar a alcanzar ellos mismos! ¡Qué agitación de actividad febriles usada para intentar de enmascarar el problema, para vestir la carne y dejar aceptable, siendo que Dios lo condenó a muerte!

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros profetas; a otros evangelistas; a otros ,pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo aquel que es la cabeza, esto es, Cristo" ( Efesios 4:11-15 ).

¿No es claro? ¿No es a la vez el orden y el objetivo del Señor aquí abajo para nosotros? ¿Dios ordenaría algo imposible?

Capítulo 2: Un punto de partida obligatorio: el nuevo nacimiento.

"Respondiendo Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo" (Juan 3: 5-7).

Esto parece evidente, pero hay que decirlo: inútil de intentar a marchar por el espíritu, si no hemos nacido de nuevo. Solo aprenderíamos los preceptos morales, que no son malos en sí, pero que no transmite ninguna Vida de Cristo. La Vida de Cristo no se encuentra en los morales cristianos. Ellos se encuentran en Cristo y en Él solo.

Marchar por el espíritu puede también significar "marchar concretamente en la Vida de Cristo". Si yo quiero marchar en la Vida de Cristo, yo debo ser participante de esta Vida por mi nuevo nacimiento espiritual.

Todos fuimos nacidos en el pecado sobre esta tierra. Todos nosotros hemos heredado una naturaleza de pecado, por causa de la caída de nuestros ancestros. No hemos hecho nada para heredar esta naturaleza de muerte. ¡Pero podemos hacer algo para salir de ella!

El problema que Dios quiere arreglar definitivamente en nuestras vidas, no es el hecho de cometer pecados. El Señor no se satisface de perdonar constantemente nuestros pecados que cometemos y que confesamos. Lo que El desea, es, verdaderamente, ver nuestras vidas cambiadas, para no practicar más el pecado, y para marchar por el espíritu; es decir en una victoria concreta sobre el pecado.

Es por eso que envió a Su Hijo Jesús sobre esta tierra, nacido de un cuerpo semejante a nosotros, pero sin pecado. Él es el único que nunca pecó, porque era Dios encarnado. El no heredo nuestra naturaleza de pecado. Él fue tentado en todas cosas, pero sin cometer el pecado, siendo que no había nada un Su naturaleza santa que pueda empujarlo a pecar. Él nunca estuvo "atraído por sus propias codicia", no habiendo en Su carne pura ninguna ley de pecado y de muerte, contrariamente a la nuestra.

Debido a que Él sea así, para cargar la condenación del pecado en nuestro lugar. Dios es justo. En Su ley perfecta, no hay ninguna sola condenación por el pecado: la muerte. Lo mínimo de pecado cometido nos condena a muerte delante de Dios.

"Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a Su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de carne piensan en las cosas de carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios" (Romanos 8: 3-8).

Aquellos que nacen sobre esta tierra, siendo nacidos en el pecado, están bajo la condenación de la carne, en la cual habita el pecado. Están dominados por una ley de pecado contra la cual no pueden hacer nada. En este mundo, nada, absolutamente nada, no puede permitirnos pasar esta ley de pecado. Solo seremos liberados si pasamos por un nuevo nacimiento espiritual en Jesucristo.

¡Tantas personas sobre esta tierra creen poder merecer el cielo llevando una vida recta! "¡Es un hombre santo! ¡Él merece ir al cielo!" Esta creencia no hace más que traducir la incredulidad en comparación a la Palabra de Dios, y la terrible realidad de la ignorancia: todos nosotros nacimos en el pecado. ¡Toda una vida de obras "justas y buenas" que no puede de ninguna manera comprarnos del pecado original, ni de un solo pecado cometido! Aún si sabe apreciar nuestras obras justas, Él debe absolutamente hacer pagar el precio del pecado, es decir la muerte. Alguien debe pagar ese precio, sea nosotros, sea Aquel que pago en nuestro lugar, Jesucristo El Justo. No se puede evitar esta elección.

¡Cuan precioso es la convicción de pecado que nos da el Espíritu Santo! Jesús dijo: "Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (Juan 16:8).

El primer paso hacia la marcha por el espíritu, es de estar convencido profundamente de pecado por el Espíritu Santo. ¿Cómo podemos nosotros arrepentirnos de un pecado de la cual no estamos consientes?

Entonces, una vez que estamos convencidos de pecado, el Espíritu Santo nos muestra dos vías posibles: el de la justicia, o el de juicio. O bien aceptamos la justicia perfecta que Dios nos da si aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, o bien debemos nosotros soportar el precio de nuestros pecados, es decir el justo juicio de Dios, la muerte. La fe en Jesús nos confiere la perfecta justicia de Dios, por medio del nuevo nacimiento.

¿Cómo entonces pasar por este nuevo nacimiento? Reconociéndonos pecadores delante de Dios. Pidiéndole perdón por todos nuestros pecados. Y volviéndonos hacia Aquel que pagó por nuestros pecados muriéndose sobre la Cruz por nosotros, Jesucristo. Y decidiéndose de tomarlo como nuestro Señor y Salvador personal.

Como Él pagó de antemano por nuestros pecados, sufriendo en nuestro lugar la muerte y el castigo que debía revenirnos, es normal que Él nos saque de esta condenación y este castigo que nosotros merecíamos, luego cuando Le recibimos como nuestro Salvador.

La sangre que Él derramó nos purifica entonces de todo pecado. No solamente eso, pero Dios toma nuestro espíritu muerto, sumergido en el pecado y separado de Él. Y le hizo sufrir una resurrección. Él hace nacer de nuevo nuestro espíritu, que recibe entonces la Vida de Cristo. La relación con Dios es restablecido. El Espíritu Santo viene habitar en nuestro espíritu regenerado, y comenzamos una nueva vida con Cristo.

Pasamos entonces, normalmente, por el bautismo de agua por la inmersión, que es un entierro, y por bautismo del Espíritu Santo, según Hechos 2.

Y luego comenzamos nuestra marcha cristiana con Jesucristo.

Todo verdadero cristiano pasa necesariamente por el nuevo nacimiento. Por desgracia las iglesias están llenos de "cristianos" que nunca estuvieron profundamente convencidos de pecados, de justicia y de juicio, talvez hayan nacido en familias cristianas. Ellos hicieron la profesión de seguir a Jesús de labios, pero su corazón nunca ha cambiado.

Podemos ver, porque no llevan el fruto. Los frutos que producen son falsos frutos, los frutos de una vida religiosa dirigido por una buena moral cristiana. Pero no han recibido la Vida de Cristo por el nuevo nacimiento. Ellos no han entrado en el reino de Dios, y no pueden entrar por sus "buenas" obras.

Están cegados de su verdadera condición espiritual, por causa de su ignorancia y del endurecimiento de su corazón. Quedan enteramente controlados por la carne, cuando producen la obra. La carne piensa solamente a satisfacerse ella misma. Ella solo busca su propio interés. Mismo que ella se sacrifique, es todavía para sacar algún provecho directo o indirecto.

La prueba del nuevo nacimiento sin embargo es manifiesta. La primera prueba, es que sabemosque hemos recibidos una nueva vida en el fondo de nosotros. Nuestras profundas aspiraciones han cambiado. Amamos a Dios, amamos a Jesucristo y Su Palabra, ya no queremos practicar el pecado, y aspiramos a la perfección.

¡Es justamente porque son nacidos de nuevo que los cristianos que no alcanzan a andar en el espíritu son tan desdichados! Aquellos que no han nacidos de nuevo no se preocupan en absoluto. Tienen una visión completamente deformado de la "marcha por el espíritu".

Un cristiano nacido de nuevo que ve fallar todo su intento de marchar por el espíritu es el más desdichado de los hombres. Él esta consiente de una nueva Vida en él, pero es incapaz de manifestar plenamente, tanto que él siente que Dios lo querría.

Es una causa profundamente desalentador y de culpabilidad delante de Dios. Aquellos cristianos viven en un estado de tensión espiritual permanente. Son desmenuzados entre el deseo de marchar por el espíritu y la imposibilidad practica que constatan a poder hacerlo.

Son aquellos cristianos que yo quiero alentar y exhortar. El hecho que usted aya nacido de nuevo le garantiza toda la esperanza! Si usted es nacido de nuevo, usted puede aprender a marchar por el espíritu.

Si usted no ha nacido de nuevo, le es imposible de aprender. ¿Usted está en una impasse? Usted encuentra una puerta abierta solo si se convierte realmente a Jesucristo, por el arrepentimiento y la fe en Su obra perfecta.

Capítulo 3: El objetivo final: ser semejantes a Cristo aquí y ahora.

"Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,¿ cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Romanos 8: 29-32).

"Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Colosenses 2: 8-10).

"Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre de cada familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con el poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén" (Efesios 3:14-21).

Toda la enseñanza del Nuevo Testamento nos fue dado para presentarnos claramente el objetivo final de Dios para nuestras vidas: Salvarnos para ser semejantes a Jesucristo desde ahora mismo sobre esta tierra. ¿Qué interés abría de continuar viviendo, si deberíamos quedar bajo la dependencia del pecado y de la carne, siendo todo perdonado en Jesucristo, con la sola esperanza de ser perfectos cuando seremos alcanzados al cielo? ¡Por lo tanto morir desde el instante donde hemos alcanzados el nuevo nacimiento!

Pero Dios tiene otro plan para nosotros. ¡Él quiere hacernos vivir sobre esta tierra el tiempo que Él ha previsto para nosotros, afín de glorificar su nombre por una vida vivida en la perfección de Cristo, y para mostrar a este mundo perdido que Él es capaz de hacer en nuestra vida a aquellos que han pasado por Su nuevo nacimiento!

Aquellos que afirman que jamás podemos ser perfectos mientras estemos sobre esta tierra no hacen nada más que probar que no saben lo que es la marcha por el espíritu según la Biblia.

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, afín de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo" (Efesios 4: 11-15).

¿Usted ha comprendido bien? "Hasta que todos lleguemos…al estado de un varón perfecto hecho a la medida de la estatura plenitud de Cristo…" ¿Cree usted que los ministerios de los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y doctores se ejercerá en el cielo? ¿No se ejerce ahora, sobre la tierra, cerca de los hijos de Dios?

¡Dios quiere que seamos perfectos, a la medida de la estatura perfecta de Cristo, aquí y ahora, sobre esta tierra y en esta vida!

"Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5: 48).

"Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro1:15-16).

Nosotros no debemos desvalorar la Palabra de Dios, y encontrar interpretaciones transformados para justificar el hecho de que no andamos por el espíritu!. Para Dios, es todo o nada. ¡Nosotros no podemos andar en una perfección media, o una perfección de 99%! ¡Dios exige una perfección perfecta! ¡Él puede estar satisfecho solo por algo de absoluto, de completo y de perfecto!

Los cristianos carnales, o que no han aprendido a marchar por el espíritu, pueden acusar a Dios de poner la barre muy alto. Ellos invocan entonces la compasión y la misericordia de Dios, que terminará por quedarse harto de Sus exigencias tan altos, para contentarse, según ellos, de un compromiso aceptable! ¡"Señor gracias por habernos salvados, y gracias por haber pasado la esponja sobre el hecho que continuamos a marchar en la carne…!"

Ciertamente, Dios esta siempre listo a perdonar nuestras iniquidades y nuestras faltas, y Él va hacer siempre, cada vez que Le confesamos. Pero Él no admitirá jamás que nos contentemos de una vida cristiana mediocre, hecho de fracasos constantes de altibajos permanentes. ¿Cómo podrá Él contentarse, cuando ya previó de permitirnos a marchar plenamente por el Espíritu? Él nos predestinó a ser semejantes a la imagen de Su Hijo. Él nos ama tanto como Jesús.

Podríamos ser excusables, si la marcha por el espíritu estaba reservado a grandes teólogos, a los doctores de la ley, o a ciertos seres bien dotados (inteligentes) y excepcionales. Pero la Biblia nos enseña claramente que la marcha por el espíritu es para todos los cristianos, del más "pequeño" al más "grande". No tenemos ninguna excusa de invocar delante de Dios si no marchamos por el espíritu.

¡Solo podemos confesar nuestra incredulidad y nuestra ignorancia, y pedir al Señor que nos abra los ojos, para que podamos ver, y el corazón, para que sepamos!

Este objetivo final entonces debe ser perfectamente claro para nosotros, tan claro que Dios nos ha dado en Su Palabra: Nos pide de ser perfecto y santo como Él. Nos predestinó a ser semejantes a Su Hijo Jesucristo, afin, que Aquel sea realmente el primogénito de entre varios hermanos. Él previo todo para que sepamos marchar por el espíritu en medio de un mundo perverso y corrupto, que corre hacia el juicio. ¡El Espíritu Santo quiere convencernos!

¡No escuche al incrédulo que quiere hacerle creer que la perfección no es de este mundo, el desprecio de los mandamientos del Señor! "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias" (Filipenses 4:6).

Y la paz de Dios llenará vuestros corazones: usted sabrá que es posible de marchar sobre esta tierra como Cristo ando, y que Dios esta preparado para enseñarle. Usted sabe también que llegará no por su propia fuerza y sus esfuerzos personales, pero por la fe en ¡Aquel que todo cumplió por nosotros, Jesucristo, es así que Él podrá realmente ser glorificado, y que Su obra no será en vano!

Capítulo 4: Nos volvemos aquello que ya somos.

"Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es" (1 Juan 3:2).

"Pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga" (Apocalipsis 2:25).

Por nuestro nuevo nacimiento, nos volvemos hijos de Dios. El señor a hecho pasar nuestro espíritu por una re creación, una regeneración. Cristo viene a habitar en nuestro corazón por Su Espíritu Santo.

Nosotros somos ubicados en Cristo, por Dios nuestro Padre. Cristo también está plantado en nosotros como una semilla. Esta semilla contiene en potencial toda la plenitud de la Vida Divina. Se debe desde ahora que esta plenitud se manifieste. Ella no fue manifestada desde el comienzo de nuestra conversión a Cristo. Pero ya poseemos esta plenitud, en nuestro espíritu regenerado.

En la vida cristiana, nos volvemos concretamente en aquello que ya somos en Cristo. Recibimos todo desde el principio, siendo que ya tenemos todo en Cristo. Es porque ya poseemos todo en Cristo que todo viene a ser posible, y que todo se puede manifestar, siempre que aprendamos de Cristo como manifestarle, y que velemos a que la condición de esta manifestación sea siempre reunida.

Jesús dice: "Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá (Marcos 11:24).

Le hago notar que cuando la Biblia habla de la obra de Cristo y de nuestra posición espiritual en Cristo, ella habla siempre al pasado, o el presente, como un hecho ya adquirido. Se trata de cosas que ya fueron cumplidos por nosotros, y en las cuales debemos entrar por la fe, para que ellas se manifiesten.

"¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo!" (Efesios 1:3)

"En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sidos predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo" (Efesios 1: 11-12)

"Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aún estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús" (Efesios 2:4-6).

"En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre" (Hebreos 10:10).

"Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados" (Hebreos 10:14).

"Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, par que nosotros estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados"(1 Pedro 2: 24).

Podríamos multiplicar todas las citaciones que nos muestran que Cristo ya cumplió todo por nosotros, y que nosotros poseemos ya en Él una herencia perfecta. Solo es necesario que esta herencia se manifieste completamente en nuestra vida. Pero se puede manifestar solo por la fe. Pues la fe es la firme seguridad que poseemos ya lo que habíamos pedido a Dios, simplemente porque Él nos ha dicho que poseeríamos en Cristo.

¡Meditar sobre lo que ya somos en Cristo es uno de los tipos de meditación más apasionante! ¡En los tres primeros capítulos de Efesios, está escrito 21 veces "en Él" o "en Cristo", o "en Jesucristo"! Jesucristo literalmente nos "llevó con Él y en Él" en todas las etapas de Su obra, de Su muerte, de Su resurrección y de Su ascensión.

¡En Cristo, nuestro verdadero lugar espiritual es entonces la siguiente: "sentados en los lugares celestiales"! Esta posición fue adquirida de una vez por todas. ¡Nosotros hemos pasados al otro lado de la cruz! Somos en una posición espiritual que ni la carne, ni el mundo, ni Satanás no nos pueden alcanzar.

¡Pero nuestras ignorancia, incredulidad o desobediencia nos empujan a comportarnos como si todavía estuviéramos en este mundo, en la situación de pecadores vencidos por la ley del pecado! ¡Como si habríamos dejado esta posición gloriosa, para caer sobre un plan donde el pecado y la carne, retoman sus derechos sobre nosotros! ¡La carne no puede pasar "en el lugar santo" pero ella puede hacernos salir, haciéndonos re caer en la ignorancia de la realidad! ¡Que el Espíritu Santo ilumine nuestros ojos espirituales, para que sepamos cuál es nuestra verdadera naturaleza en Cristo, y nuestra verdadera posición espiritual!

Oremos entonces, no para que Dios nos dé la perfección, pero para que Él nos ayude a manifestar la perfección que Él ya nos dio en Cristo. Nosotros podemos en fin ser concretamente aquello que ya somos en espíritu en Jesucristo. Pero podemos ser sólo si creemos firmemente que ya somos en Cristo. ¿Entiende usted?

Nuestra perfección es actualmente espiritual, y debemos aprender a manifestar esta perfección en todos los aspectos de nuestras vidas. Es esto la marcha por el espíritu. Es marchar concretamente en algo que ya poseemos en espíritu. ¡Esto que ya poseemos en Cristo no debe quedarse colgado sobre nuestra cabeza, o encerrado en un lugar secreto! ¡Nuestra perfección no debe ser virtual, sino real y concreto!

Nos es necesario entonces de meditar esta profunda verdad Bíblica: Nos volvemos a aquello que ya somos en Cristo. Podemos ser sólo lo que la Palabra de Dios afirma que ya somos en Cristo!

¡Es por eso que el conocimiento espiritual de la Palabra de Dios es tan importante para aprender a marchar por el espíritu! La marcha por el espíritu es una marcha constante por la fe. "Así que la fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios" (Romanos 10:17).

El hecho de conocer bien lo que somos en Cristo, y de saber todo lo que Cristo hizo, no solamente por nosotros, pero de nosotros en Él, nos permite de obtener la fe necesaria para ser manifiesto en nuestras vidas de manera concreta.

Capítulo 5: El verdadero fundamento: nuestra nueva naturaleza en Cristo.

"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo"(1 Tesalonicenses 5:23).

Debemos fundar nuestra seguridad de alcanzar a marchar por el espíritu sobre el conocimiento de nuestra nueva naturaleza en Jesucristo. El pasaje que citamos es propio a fortalecer nuestra fe, cuando el apóstol Pablo dice:"y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible…" Para que una cosa irreprochable sea conservada, es necesario que ella ya sea. El Señor se propone a hacernos alcanzar la perfección total, para todo nuestro ser, antes del advenimiento del Señor Jesucristo.

Este pasaje nos permite también de entender cuales son los elementos que constituyen "todo nuestro ser". El ser humano comprende tres elementos distintos: el espíritu, el alma y el cuerpo. En ciertos medios cristianos, es difícil de hacer la diferencia entre el alma y el espíritu. Donde le atribuimos al alma la definición Bíblica del espíritu.

Nuestro espíritu es la parte mas profunda de nuestro ser, aquello que nos pone en contacto con el mundo espiritual. El hombre natural es raramente consiente de la existencia de su espíritu, cuando en caída se cortó el hombre de Dios y del mundo espiritual divino. Para proteger al hombre de Satanás y del mundo espiritual del maligno, Dios ha establecido una barrera natural entre el espíritu del hombre no regenerado, y el resto de su ser. El hombre natural (es decir aquel que no paso por un nuevo nacimiento en Cristo) en general no puede conocer la existencia y propiedad de su espíritu, solo si penetra de una manera ilícita en el dominio espiritual, sin dudas entonces que está en contactos con el mundo espiritual de Satanás.

Los brujos, magos y ocultistas están perfectamente concientes de la existencia de sus espíritus en un mundo espiritual en lo cual pueden evolucionar. Pero son seducidos por Satanás, que les hace creer que ese mundo espiritual es el de Dios.

"Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de las potestades de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados"

(Colosenses 1:12-14).

"Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la in circuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta a los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz (Colosenses 2:13-15).

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintios 5: 17).

Al nuevo nacimiento, el hombre natural, que pertenece naturalmente a Satanás y que hace parte del reino de las tinieblas, mismo si él no duda, acude a una transformación radical. Dios hace renacer su espíritu, que estuvo cortado de Dios es decir muertos espiritualmente, y establecidos en Cristo. Nuestro espíritu sumergió por el pecado en la muerte, y sometidos a una ley de pecado y de muerte, vuelve a ser vivo en Dios, por Jesucristo. No solamente él vuelve a estar vivo, pero esta recreado "a nuevo". ¡Desde el nuevo nacimiento, nuestro espíritu es recreado y santo, ya a la imagen de Jesucristo!

Nosotros estábamos muertos y destinados a la muerte desde nuestro nacimiento terrenal, por causa del pecado original. Pertenecíamos al poder de las tinieblas. Y nosotros hemos continuado a ofender a Dios por los pecados causados por nuestra naturaleza de pecado.

Por la fe en Jesucristo y en Su obra, Dios hizo en nosotros una nueva creación. Él nos arrancó del reino de las tinieblas, y nos transportó en Su Reino.

Nuestro ser entero, el espíritu, el alma y el cuerpo, estaba sometido a la ley del pecado y de la muerte. Entonces fue necesario que Cristo nos vuelva a comprar muriendo por nosotros en la cruz. Este rescate es completo. Por Su muerte y por Su resurrección, Cristo nos adquirió la vida eterna para nuestro espíritu, nuestra alma y nuestro cuerpo.

Pero esta vida eterna no se manifiesta en todo los dominios de nuestro ser, al momento cuando nos volvemos hacia Cristo para que Él nos haga nacer de nuevo. Mismo que el rescate de todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, nos fue adquirido por el sacrificio de Cristo, solo nuestro espíritu pasa por el nuevo nacimiento a nuestra conversión. Nuestra alma y nuestro cuerpo no son regenerados, mismos que ellos puedan comenzar a beneficiarse de la vida divina recibido por nuestro espíritu.

Se trata de un punto extremamente importante. Es fundamental de entender bien, para saber en que consiste la marcha por el espíritu. A nuestro nuevo nacimiento, nuestro espíritu vuelve a ser perfectos en Cristo. Es él que está "sentado en los lugares celestes en Cristo". Es él que fue "llevado para siempre a la perfección". Es él que mora frente al Espíritu Santo.

Nuestro espíritu regenerado se interesa solo a las cosas de "arriba". Solo puede vivir en la santidad y en la obediencia al Señor, porque fue creado "según Dios", a la imagen de Dios.

"Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Efesios 4: 20-24).

"Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio" (1 Timoteo 1:7).

"Vuestro atavío no sea externo… sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de gran estima delante de Dios" (1Ped. 3:3-4).

El "viejo hombre" es la parte de nuestro ser que todavía no se regeneró desde el nuevo nacimiento. Se trata del alma y del cuerpo, en el cual habita una ley de pecados (Romanos 6: 12,17-18). El aprendizaje de la marcha por el espíritu consiste en aprender de Cristo a "despojarse del viejo hombre", y a "revestirse del nuevo hombre" (nuestro espíritu regenerado). Note bien que este nuevo hombre ha sido creado (al nuevo nacimiento) según Dios (es decir a la imagen de Dios y de Cristo), "en una justicia y una santidad que produce la verdad". Entonces esta justicia y esta santidad son necesariamente perfectas.

Nuestra alma y nuestro cuerpo, no estando regenerados en el nuevo nacimiento, quedan atados a las cosas de "abajo" a las cosas de la tierra y del mundo. Ellos deben experimentar una transformación, un renuevo, esperando la resurrección, a la venida de Cristo, donde todo lo que es mortal "se revestirá de inmortal", y será definitivamente "engullido en la inmortalidad" (1 Corintios 15:54). Esta renovación es la obra de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo que habita en nosotros.

¿Qué es entonces el alma? Nuestro alma es la parte propiamente psicológico de nuestro ser, es decir que el concierne nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, y nuestra voluntad. Es el dominio de la psicología.

En nuestro nuevo nacimiento, nuestro alma todavía esta completamente bajo el control del poder del pecado y de la muerte que se refería de nuestra vieja naturaleza. Ella queda lleno de pensamientos y de sentimientos de esta vieja naturaleza. Esta acostumbrada a trabajar por la propia voluntad egoísta, que estaba aquí cuando no habíamos nacidos de nuevo.

¡Nosotros estamos tan identificados a nuestra alma, antes de venir a Cristo, que nuestra alma, es "nosotros" y "nosotros" somos nuestra alma! Es la parte de nuestro ser que traduce toda nuestra identidad, nuestro carácter, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras educación, etc.…Es nuestra alma que siempre fue nuestra "verdadera naturaleza", desde nuestro nacimiento sobre esta tierra.

El cristiano que paso por un nuevo nacimiento sabe muy bien que hay "algo" cambiado en él, pero esta todavía muy identificado a la vida de su alma para dejar este "algo"(es decir su espíritu regenerado) controlar su vida y manifestarse plenamente.

Sin embargo es lo que quiere el Señor de aquí en adelante. Necesitamos trasladar nuestro centro de conciencia del alma hacia el espíritu regenerado, puro y perfecto en el cual reside el Espíritu Santo, y que es este espíritu regenerado que debe a partir de ahora conducir toda nuestra vida, bajo la suprema dirección del Espíritu Santo. Esto es marchar por el espíritu.

El hecho de que este espíritu sea creado santo y justo en Jesucristo no significa que ya no puede ser manchada. Un lindo vestido blanco puede ser manchado, y debe ser lavado para volver a encontrar su blancura. Nuestro espíritu, perfecto desde su creación, puede fortalecerse o debilitarse. Esta escrito a propósito del Señor Jesús: "y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría" (Lucas 2:40).

No es porque ya hemos recibido un espíritu ya perfecto a nuestro nuevo nacimiento que este espíritu ya no es capas de crecer y de fortalecerse, o al contrario de debilitarse, cuando no esta suficientemente alimentado de la Palabra de Dios, que es el solo alimento conveniente para nuestro espíritu regenerado.

Pablo, "confirmando los ánimos de los discípulos" (Hechos14:22).

"Mientras Pablo esperaba en Atenas, su espíritu se "enardecía" viendo toda la cuidad entregada a la idolatría" (Hechos 17:16).

Lo esencial es saber que nuestro espíritu nacido de nuevo es recreado "en una justicia y una santidad que produce la verdad". Está enteramente libre del pecado original, entonces de toda la herencia del pecado que pesa sobre la humanidad, y de toda maldición de los ancestros y del pecado. Este "nuevo hombre" es realmente creado a la semejanza de Jesús. La maldición y la muerte no pueden continuar a actuar en nosotros, solo si continuamos a marchar por la carne. Pero ellos no son completamente cortados desde que andamos por el espíritu.

La mayor parte de la Biblia traducen "marchar por el espíritu" con una "E" mayúscula, para indicar que se trata de una marcha en la obediencia al Espíritu Santo. En realidad, en el texto Griego no se conoce esta distinción entre la "e" minúscula y la "E" mayúscula. Espiritualmente, aquello se entiende. Cuando nuestro espíritu regenerado, creada a la imagen de Dios, santo y perfecto, pueden funcionar sólo en la obediencia perfecta al Espíritu Santo.

"Marchar por el espíritu" vuelve a ser entonces "marchar por el Espíritu". Pero es importante comprender la dirección que el Espíritu Santo ejerce por el control de nuestro espíritu, que, a su vez, debe controlar todo nuestro ser, alma y cuerpo.

Es igualmente importante de comprender que la marcha por el espíritu no significa que debemos a suprimir nuestra alma y mortificar nuestro cuerpo. Lejos de ahí! El hombre espiritual no es desencarnado, vamos a verle mas adelante. Pero la marcha por el espíritu significa que nuestra alma debe ser enteramente renovada, para que ella sea un instrumento dócil bajo la dirección del espíritu, todo como nuestro cuerpo.

¡Por eso imperativamente debemos cesar de identificarnos con nuestra alma, como hacíamos antes de nuestro nuevo nacimiento, y, a menudo, aun después!

¡Debemos considerar nuestro "viejo hombre" (la parte no regenerada de nuestro ser) como un extranjero y un enemigo! Este viejo hombre está enteramente animado por lo que la Biblia llama "la vida de la carne." ¡Él trata de hacernos creer que siempre es nuestra real naturaleza!

Pero nuestra verdadera naturaleza, a presente nuestra sola verdadera naturaleza, es nuestra naturaleza espiritual, nuestro espíritu regenerado, unido a Cristo. Nosotros somos un solo espíritu en Él: "Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él" (Corintios 6:17).

Yo llamo esto así "mudanza espiritual": Debemos abandonar nuestra vieja vivienda, nuestro "viejo hombre", vivienda podrida e irrecuperable, para instalarnos por la fe en nuestra nueva vivienda, nuestro "nuevo ser" creado perfecto en Cristo. ¡Que revolución cuando nos atrevemos a hacer esto, cuando tomamos de Dios Su Palabra, y que comenzamos a considerarnos como Él nos considera en Cristo, en lugar de dejar nuestra mirada atado a nuestra vieja naturaleza!

Muy a menudo, yo hablo al Señor, especialmente cuando abro los ojos de mañana, y yo le digo: "¡Gracias Señor, por haber hecho de mi una nueva creación perfecta en espíritu! ¡Yo se que a partir de ahora soy Tuyo! ¡Ayúdame a nunca olvidar, para andar hoy en esta realidad!"

¡Sí, queridos hermanos y hermanas cristianos, somos realmente nueva creación perfecta en Cristo! ¡Nuestro espíritu regenerado esta creado a la imagen de Cristo, en una justicia y una santidad perfectas! ¿Por qué manchar este lindo vestido blanco, continuando a andar según la carne? ¡Pongamos a muerte las obras de la carne! ¡Renovemos nuestros pensamientos y sentimientos para reemplazarlos por los pensamientos y sentimientos de Cristo! ¡Ofrezcamos nuestros cuerpos como instrumento de justicia, para expresar plenamente la vida del espíritu! ¡Dios esta listo a darnos Su ayuda poderosa para alcanzar!

Capítulo 6: La naturaleza de la carne y las etapas de liberación.

"Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Romanos 8: 1-4).

Aquello que la Biblia llama "la carne" no es necesariamente la parte física y carnal de nuestro ser. No es tampoco nuestra vida sexual. "La carne" es simplemente la parte de nuestro ser que no es regenerado, ni todavía renovado, a nuestro nuevo nacimiento. Se trata del alma y del cuerpo, en medida que esta todavía controlado por la "ley del pecado" que habita en nuestro cuerpo, y que va a continuar habitando en el hasta la resurrección. Tendremos siempre en nuestros miembros, la presencia de esta ley de pecado. ¡Pero tenemos la seguridad de poder ser liberados de su control!

La ley de "pecado y de la muerte" acciona en la carne, es decir en la parte no regenerada de nuestro ser. La "ley del espíritu de vida en Jesucristo" acciona en nuestro espíritu regenerado al nuevo nacimiento. Esta segunda ley es infinitamente más poderosa que la primera. ¡Ella es capaz de anular todos los efectos de la ley del pecado y de la muerte! ¡A condición de marchar por el espíritu!

Si continuamos a marchar por la carne después de nuestro nuevo nacimiento, nuestro espíritu será como encarcelado, y la ley del espíritu de vida no será accionada. Continuamos a comportarnos más o menos como los paganos:

"Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda la sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así de Cristo" (Efesios 4:17-20).

¡Pablo se refiere a cristianos nacidos de nuevo! Él les pone en advertencia por sus pedidos de conservar una inteligencia obscurecido, y de no ser extranjeros a la vida de Dios que sin embargo habita en ellos. Nuestra inteligencia es necesariamente obscurecido cuando marchamos por la carne. Entonces marchamos en la incredulidad y la rebelión cuando la carne es completamente impermeable a la vida de Dios y del espíritu.

"El espíritu es el que da la vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida" (Juan 6:63).

"Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en la que estábamos sujetos, de modos que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu..." (Romanos 7:5-6).

"Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado" (Romanos 7:25).

"Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios" (Romanos 8: 3-8).

"Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis" (Romanos 8:12-13).

"Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción" (Corintios 15:50).

"Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y esto se oponen entre sí para que no hagáis lo que quisiereis" (Gálatas 5:17).

"Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de nuestra carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás" (Efesios 2:3).

"Porque todo lo hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo" (1 Juan 2:16).

Estos ciertos pasajes deben ser suficientes para convencernos que nuestra vida humana, sobre esta tierra descompuesta por el pecado, está enteramente dominado por el poder de la carne. El poder de la carne es pecado.

El mundo entero está bajo el poder del maligno. Es Dios que lo sometió a muerte, por causa del pecado original. Nacemos naturalmente en la muerte y para morir en la muerte. ¡Pero, en Cristo, nacemos sobrenaturalmente en la Vida y para vivir de la Vida en el Espíritu!

¡Los pensamientos y los deseos de la carne son del mundo y de Satanas! "Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres" (Marcos 8:33).

En estas palabras remarcables, Jesús recuerda a Satanás y que sus pensamientos son solo pensamientos humanos. Entonces es normal que los pensamientos del hombre no regenerado son los pensamientos de Satanás. ¿Comprende usted porqué nuestros pensamientos deben ser renovados por los pensamientos de Cristo? ¿Comprende usted también que Satanás controla la humanidad por los pensamientos que él consiguió a inyectar? ¿Comprende usted cuáles son los pensamientos que le controla?

Al estado donde hemos llegado, podemos dar unos primeros entendimientos de las diferentes etapas a cruzar, entre el estado de pecador perdido, del hombre natural no regenerado, hasta el hombre espiritual marchando plenamente por el espíritu.

1. El hombre natural no regenerado:

Está compuesta de un espíritu, de un alma y de un cuerpo. Él está enteramente nacido en el pecado, sumergido en la muerte y controlado por los poderes de las tinieblas, aún que él no se dé cuenta.

Su espíritu está "muerto" porque se corto de Dios y de la vida Divina. Pero está vivo, en le sentido de que él existe, y que es mismo inmortal. Si este hombre muere en este estado, es porque ya está perdido, está juzgado y condenado al infierno, si él no recibe a Jesucristo como su Salvador antes de morir. Jesús nos dice que ciertos hombres "pertenecen al Padre" en este mundo. Dios conoce de antemano todos aquellos que van a aceptar Su salvación. Ellos pertenecen al Padre, y el Padre le conducirá a Jesús "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:37).

"Escrito está en los profetas: y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí" (Juan 6:45).

En el hombre natural no regenerado, el espíritu es como desactivado. El centro de conciencia está situado en el alma, que controla completamente la vida de este hombre. Él ni siquiera está conciente que tiene un espíritu. Los que saben que tienen un espíritu, y que utilizan su poder, son los brujos, los magos y los ocultistas, y todos los que poseen los "dones" sobrenaturales que no son los dones del Espíritu Santo, porque ellos ejercen fuera del control de Jesucristo. Todos aquellos han penetrado de una manera ilegal en el dominio del espíritu, por el poder del maligno. Son enteramente controlados por los demonios, que ellos sepan o no.

El alma del hombre natural no regenerado es entonces en general todopoderosa. Este hombre está controlado por sus pensamientos, sus sentimientos y su propia voluntad. Pero el alma ella misma esta enteramente bajo el poder de una ley de pecado y de muerte. La semilla de esta ley de pecado es de muerte se encuentran en nuestros miembros, es decir en el cuerpo.

El cuerpo del hombre natural ejerce entonces una función importante. No solamente es el instrumento que permite al alma de manifestarse o de satisfacer su pasión, pero es en el cuerpo que reside la ley de pecado y de la muerte. Examine con cuidado este pasaje:

"Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Romanos 7:18-24).

Es un pasaje capital. Referimos cuando hablamos del cristiano carnal, siendo que esto pasajes concierne una etapa de la vida de Pablo, mientras que él estaba todavía este cristiano carnal. Pero él tuvo la victoria por la revelación de la Cruz.

Estos pasajes nos muestran que la ley de pecado y de la muerte habita en nuestro cuerpo y en nuestros miembros. Por qué razones? Yo lo ignoro, pero puede ser que el pecado encuentra su cumplimiento final en un hecho de nuestro cuerpo. Esta ley de pecado nos fue como inyectado por Satanás, desde el pecado original cometido por nuestros ancestros, y que ella se transmite por lo siguiente a todos los hombres. Hay en nuestros miembros una ley de pecado que vive, y que vivirá hasta la resurrección de nuestro cuerpo. El problema del cristiano es de aprender como desactivar esta ley de pecado, a fin de que el cuerpo sea un instrumento del espíritu, y no más de la carne. Toda vez, aun desactivado, debemos saber que esta ley de pecado continúa viviendo en nuestro cuerpo, y puede ser instantáneamente reactivado cada vez que marchamos en la carne. La sola manera de desactivar permanentemente es de marchar siempre por el espíritu.

2. Lo que pasa al nuevo nacimiento:

A la escucha de la predicación del evangelio, y por la acción del Espíritu Santo, el hombre natural es convencido de pecado. El se da cuenta de que está perdido en su pecado, y que la única puerta de salvación es de aceptar a Jesucristo como su Salvador y Señor. El confiesa su pecado. La sangre de Jesús borra sus pecados, y el Señor le hace pasar por un nuevo nacimiento espiritual. Su espíritu esta regenerado. El es creado nuevo, a la imagen de Jesús. El Espíritu Santo viene a habitar en este espíritu regenerado.

El alma y el cuerpo no son regenerados. El alma está todavía llena de pensamientos y sentimientos del mundo y de la vieja naturaleza. En el cuerpo, habita siempre esta ley de pecado y de la muerte. La carne es crucificada desde el primer día de la conversión, siendo mas a menudo, la predicación de la cruz es incompleta, y no permite al nuevo convertido de aprender enseguida a marchar por el espíritu, lo que sin embargo sería posible, si ellos están bien enseñados desde el principio.

El cristiano nacido de nuevo posee entonces dos naturalezas en él: el "viejo hombre" y el "nuevo hombre". El hombre nuevo, es su espíritu regenerado. El problema del hombre nuevo, es de tomar el control completo del alma y del cuerpo, desactivando la ley del pecado y de la muerte que habita en el cuerpo, y de renovar el alma. El viejo hombre se reduce al alma y al cuerpo, pero el guarda unas ventajas considerables, particularmente la ley del pecado y de la muerte, que continúa viviendo en sus miembros. Pero el "perdió su espíritu", porque aquel entró en el reino de Dios. Para simplificar, podemos decir que este viejo hombre es lo que la Biblia llama todavía "la carne".

3. El cristiano carnal:

Entonces así el combate comienza. Es un combate a muerte, que solo puede acabarse por la muerte de uno de los protagonistas. El cristiano nacido de nuevo, pero todavía carnal, esta dominado por una ley de pecado que acciona en sus miembros. Pero él desea ardientemente, por el hombre interior, en marchar en la obediencia al Señor. Es este combate que se describe en el pasaje de Romanos 7:18-24 que ya hemos leído.

El cristiano carnal sabe que su espíritu ha pasado por un nuevo nacimiento, y que la vida de Cristo está el él. Pero su centro de conciencia queda fijado al nivel de su alma. Esta siempre identificado a su alma, que, para él es siempre su verdadera naturaleza, aquella que siempre conoció desde su nacimiento terrestre. Todavía no entendió plenamente que su verdadera naturaleza, la sola verdadera para Dios, es su espíritu recreado. Es a ese nivel que se aplica esta palabra de Pablo: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (1 Corintios 5:17).

Es claro que solo nuestro espíritu pasó por una creación al nuevo nacimiento.

Como el cristiano carnal conoce los mandamientos de Dios, y la extrema exigencia del Señor, él se esfuerza a obedecer, pero sin alcanzarlo plenamente. Ciertos, él hace ciertos progresos, pero no tiene la plena victoria sobre el pecado. Puede ser que alcanza a controlar los pecados los más groseros, pero no los aspectos sutiles de la carne, que pasen desapercibidos para él. El sufre sólo las consecuencias, sin ver claramente la causa del problema. Esta victoria sobre el pecado parece ser cada vez más problemática a medida que el tiempo pasa.

Su situación es bien aquello que describe el Apóstol Pablo en Romanos 7:18-24. Ese combate en general termina en la desesperación completa, por lo menos la conciencia no se adormece, porque el cristiano carnal no emplea ese método radical de Dios, sino todo tipo de soluciones que no son. Es en ese momento también que él pronunciara el famoso grito de Pablo: "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte"?

Es un momento muy peligroso para el cristiano, siendo que puede hasta terminar en suicidio, si él no se ha puesto en la presencia de la solución Divina, es decir la predicación de la Cruz en todos los aspectos. Jesucristo murió por mí, y yo estoy muerto en Jesucristo: Es este segundo aspecto que en general no es mas predicado, y que no se enseña lo suficiente en las iglesias. ¡Es por eso que el cristiano continua siendo carnal por largo tiempo, siendo que esas etapas deberían ser muy cortas!

Usted comprende ahora porque la marcha por el espíritu pasa por la muerte de la carne. ¡Tanto que consideramos que nuestra vida carnal (nuestra vieja naturaleza) que siempre conocimos, siempre es nuestra realidad, nuestra verdadera naturaleza, no podemos morir a nosotros mismos para nacer a la vida del espíritu! ¡O! ¡Cuánto debemos considerar conocer prácticamente lo que significa la muerte de la carne, para poder vivir y marchar según el espíritu, y por el Espíritu del Señor! ¡Cuánto debemos desear ardientemente en llegar a la meta suprema de nuestra vida!

4. El cristiano espiritual:

Es el cristiano que entendió la solución al problema de la victoria sobre el pecado, y que aprendió del Señor a marchar por el espíritu. Él comprende como funciona la ley del espíritu de vida en Jesucristo. Él sabe que su espíritu está vivo en Cristo, que él ya está formado perfectamente a la imagen de Cristo. Ya se "mudó" en su verdadera posición espiritual: "sentado en los lugares celestes en Cristo". Aceptó por fe su verdadera naturaleza. El sabe que el tiene un "hombre nuevo" y que su "viejo hombre" murió en Cristo. El sabe que ese viejo hombre ya no es su verdadera naturaleza. Es un extranjero y un bandido, que va a continuar viviendo en sus miembros hasta la resurrección.

Pero el cristiano espiritual aprendió a neutralizar completamente ese viejo hombre, y a contenerle al lugar que debe ser el suyo: en la tumba.

De su "torre fuerte" es decir en Jesucristo, el cristiano espiritual aprendió del Señor "a despojarse del viejo hombre, y a revestirse del nuevo hombre, creyendo según Dios en una justicia y una santidad que produce la verdad".

Él ya sabe despojarse de las astucias sutiles del viejo hombre para ponerle al otro lado de la Cruz y a volver a caer en la carne. Él cuenta con la luz constante del Espíritu Santo para iluminar y guiarle en cada paso.

Habiendo purificado su alma, sus pensamientos, sus sentimientos, su voluntad, puede utilizar esta alma renovado como instrumento dócil al servicio del espíritu, que esta él mismo bajo la dirección del Espíritu Santo.

"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobre pasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filipenses 4:6-7).

Él también aprendió a ofrecer sus miembros al Señor, como instrumentos de justicia, para que ellos sean los medios de expresión del espíritu y del alma.

Es ahí que y realizo estas palabras: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2:20).

Todos los cristianos son llamados a ser plenamente espirituales. Todos son llamados a ser perfectamente semejantes a Jesús. Semejantes no significa idéntico. Esto significa "ser a la imagen de": "hasta que todos seamos a la medida de la estatura perfecta de Cristo". Los cristianos carnales se imaginan que cuando lleguemos todos a la imagen de Jesús, seremos como clones sin personalidad. ¡Les gustaría bien quedarse con ciertas cosas de su anciana personalidad! Es todavía una falsa imagen de la realidad. Cuando seremos todos semejantes a Jesús, seremos todos diferentes, pero tendremos absolutamente todos de la misma naturaleza, aquella del Señor, Su amor, Su alegría, Su paz, y el fruto perfectamente de Su Espíritu. De mismo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son distintos, pero sin embargo son uno, el Señor nos llama a ser distintos, pero perfectamente en Él, y perfectamente semejantes a Él.

¡Si yo tenía a mi alrededor diez cristianos cada uno perfectamente semejantes a Jesús, yo no encontraría ninguno de ellos aburridos ni sin brillo, bien al contrario! Yo gozaría plenamente de la presencia de Jesús en cada uno de ellos, siendo que nada de carnal se expresara a través de ellos. ¡Qué iglesia maravillosa esto formaría, a condición de que yo también sea como ellos!

Para el cristiano espiritual, la crucifixión de la carne ya no es una doctrina, es una realidad vivida. El cristiano espiritual vive constantemente en la fe, y permite al Señor Jesús de manifestarse a través de él. ¡Gloria a Dios por Su plan perfecto! Jesucristo ya cumplió todo perfectamente. ¡A nosotros entender y entrar por la fe! ¡Toda la creación espera impaciente la manifestación de Jesús en cada uno de los hijos de Dios!

Capítulo 7: Cómo la carne considera la marcha por el espíritu.

¡Es imposible para la carne marchar por el espíritu! ¡Ella ni siquiera puede concebir las cosas del espíritu! ¡Ella pertenece a otro mundo! ¡Hay, entre la carne y el espíritu, hay el abismo impenetrable de la Cruz!

Es la razón por la cual los cristianos que continúan a "marchar por la carne", es decir por el poder de su vieja naturaleza no regenerado, no puede absolutamente entender, ni comunicar con aquellos que marchan por el espíritu.

Un cristiano carnal no puede entender las cosas del espíritu. No puede conocer realmente la naturaleza de Cristo. La naturaleza de Su amor y de Su Santidad. Se hace una falsa idea de la marcha por el espíritu y de las cosas del reino de Dios. Para él se trata de una especie de "realidad virtual" a la cual él no tiene acceso, porque la carne no se interesa absolutamente en las cosas del espíritu.

Para la carne, lo más irritante y más repugnante es la Cruz, siendo que en la Cruz fue que se le puso a muerte en Jesucristo. Un cristiano carnal considera pues la obra de la Cruz como una obra admirable, porque ella le permite de tener sus pecados perdonados, pero como una experiencia pasada, entonces aprovecha por su cuenta, pero no quiere aplicar a su vida presente. Cuando se le hable de "vida crucificada" se imagina una vida aburrida y triste. Él considera entonces que la Cruz es del pasado, y que debemos aprovechar plenamente de las bendiciones que tenemos en Cristo. ¡Qué trágico error! No podemos llevar con nosotros la carne en el reino de Dios. Ella debe desaparecer primero.

Además de eso, entramos en contacto con la realidad de Dios por nuestro espíritu regenerado. Ese contacto nos es posible por la revelación del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios, que es también vida y espíritu. Mientras que la carne no puede apoyarse solo por el intelecto o la imaginación para intentar de concebir las cosas del espíritu y del Reino de Dios. Para ella, es la cuadratura del círculo, una imposibilidad completa. Pero, desgraciadamente, ella no se da cuenta de esta imposibilidad, y continúa creyendo como las quimeras que ella inventó.

La carne no juzga según la verdad, pero ella juzga según la apariencia. ¡Un cristiano carnal no puede saciarse de un cristiano espiritual, de aquel que le muestra la apariencia, es decir muy poca cosa!

Describa a un cristiano carnal la naturaleza real del amor ágape de Jesucristo, y él interpretará esta realidad a su manera. Para él, este amor ágape es solo debilidad y cobardía. ¡Háblele de la marcha por el espíritu, y él se imaginará una vida lúgubre y sin atracción, una vida de privaciones, de sacrificios y de auto flagelación!

Es normal que así sea, siendo que la carne no puede penetrar en el reino de Dios. Aquellos que penetran en el reino de Dios son aquellos que pasaron por la Cruz. ¡Por la carne, esto significa que fue sometido a muerte, y ella sobre todo no quiere! Para ella, la palabra orden es: "¡Todo, excepto morir!"

Entonces no es sorprendente que no pueda existir verdadera comunión espiritual entre un cristiano carnal y un cristiano espiritual. Por otra parte, la comunión fraternal entre cristianos no puede ser sino espirituales. Si se frecuentan entre cristianos carnales, van a desarrollar entre ellos una "comunión" que no tendrá nada de espiritual, pero que va quedar al nivel del alma no regenerado.

Más aprendemos a marchar en el espíritu, y más nuestra comunión fraternal va ser espiritual. Más ella va a darnos verdaderas satisfacciones, y más va a satisfacer al Señor. Es igualmente para nuestra comunión con el Señor. Si vivimos en la carne, nuestra relación con el Señor va a quedar en el dominio de la carne. ¡Pues, lo que el Señor busca, son los "adoradores en espíritu y en verdad"!

Como la carne está preparada a todo para no morir, ella puede mostrarse extremamente religiosa. Pero ella vive al nivel de los sentimientos y, lo que es más, de sentimientos impuros a los ojos del Señor.

El problema de aquellos que marchan por la carne, es que en general ellos no se dan cuenta de que marchan por la carne. Inclusive creen que marchan por el espíritu, siendo que hacen de la marcha por el espíritu una idea completamente falsa. Para ellos, los cristianos que marchan por el espíritu, son medio un enigma, y al peor, "religiosos" austeros y aburridos, que les impiden de "hacer la fiesta" con el Señor y de divertirse en Su presencia. ¡Qué ceguera, pero también cuánta tristeza para nuestro Señor! ¡Él que hizo todo para que podamos marchar por el espíritu!

¡Pero sin embargo hay una esperanza para el cristiano carnal! Dios le ama, y quiere iluminarlo. Pero el cristiano carnal es tan comprometido en toda clase de actividades y de obras carnales, que la carne no puede aportar ninguna satisfacción espiritual real, el espíritu de aquel que marcha por la carne, estando recién nacido, es profundamente insatisfecho. El espíritu sufre al ver la vida de Cristo completamente bloqueado, y desea verlo manifestarse a través del alma y del cuerpo. El cristiano carnal no dispone de nada para apagar esta sed interior, para calmar esta profunda insatisfacción que viene de su espíritu molesto y frustrado, viniendo de la voz perseverante del Espíritu Santo en él, que quiere conducirlo sobre el buen camino, aquello de la marcha por el espíritu.

Por otra parte esta profunda insatisfacción interior que empuja al cristiano carnal a buscar toda clase de métodos y soluciones para resolver el problema y encontrar una plena satisfacción interior. Siendo que lo propio de un cristiano carnal, es de no conocer la victoria definitiva sobre el pecado. ¡Pero no elige la sola solución divina, aquello de la Cruz, porque su carne se da la vuelta con horror!