A-s008 La marcha por el espíritu (2/2)
Capítulo 8: Soluciones que no son.
Para arreglar el problema del pecado en su vida, el cristiano carnal tiene recurso a toda clase de soluciones, pero ninguno le da satisfacción. Después de un periodo de euforia, donde en fin cree haber encontrado aquello que buscaba, él se da cuenta que no tiene ninguna victoria definitiva sobre el pecado, ninguna satisfacción espiritual profunda, y se instala en desanimado , hasta que una nueva moda lo atrae y le da de nuevo la esperanza, pero en vano.
Entre las principales falsas soluciones a la cual el cristiano carnal puede tener recursos, podemos citar aquellos que son frecuentes:
La liberación de demonios.
La Biblia nos muestra que los hombres pueden ser endemoniados. Jesús pasó una buena parte de Su ministerio a liberar los poseídos, hombres y mujeres oprimidos o influenciados por los demonios. La mayoría eran judíos, entonces algunos eran religiosos y frecuentaban las sinagogas.
Entonces hay un lugar en la Biblia para liberar a aquellos que son oprimidos por los demonios y un cristiano lleno del Espíritu Santo no puede faltar al estar frente a los poderes demoníacos.
Pero, curiosamente, las epístolas de Pablo y de los otros apóstoles, que se dirigen a los cristianos llenos del Espíritu, hablan muy poco de la liberación de demonios en lo que concierne a los cristianos. El nuevo testamento no dice en ningún lado o parte, que un cristiano puede ser endemoniado. Pero no dice, tampoco que, no puede serlo. Hemos encontrado muy a menudo cristianos que estaban ciertamente nacidos de nuevo, y que presentaban síntomas demoníacos en sus vidas.
Se trata entonces de un dominio muy importante. Debemos estar equilibrados a este sujeto, para poder realmente ayudar a nuestros hermanos de manera eficaz. He aquí lo que creemos a este propósito.
Como un cristiano nacido de nuevo posee un espíritu regenerado, santo y justo, es imposible que sea poseído por un demonio, al sentido donde un pagano puede serlo. Un demonio no puede habitar en el espíritu de un cristiano regenerado, en ese lugar santísimo donde habita el Espíritu Santo. Un cristiano nacido de nuevo es la posesión de Jesucristo. Él le pertenece. Fue comprado con la Sangre preciosa de Jesús. Ya no puede ser "poseído" por Satanas, en el sentido literal de la palabra.
En cambio, es bien posible que un demonio pueda oprimir o controlar las otras partes del ser de un cristiano, es decir su alma y su cuerpo, particularmente si este cristiano continua marchando por la carne. La carne tiene los mismos pensamientos y deseos impuros como los demonios. La carne siempre representa la puerta de entrada ideal para los demonios en la vida de un cristiano.
Aquello que dice, ¿hay que recurrir a la libración para librar a un cristiano nacido de nuevo de la opresión o de la influencia demoníaca que podemos discernir en su vida? Mi respuesta es claro: "No, solo en casos muy raros, particularmente si estamos en presencia de una manifestación demoníaca violenta, y que la victima no puede reaccionar, en casos de personas que han estado profundamente comprometidos en el satanismo, o el ocultismo y la brujería".
Ciertamente, una oración de fe y de autoridad puede reprender el demonio. Pero ciertamente volverá, cuando le será favorable el momento. Y la persona presionada tendrá tendencia a querer de nuevo pasar por una liberación. El proceso es sin fin y acaba desalentando. No es entonces la solución bíblica radical. No es jamás la solución preconizada por Pablo y los apóstoles, que por tanto seguramente han encontrado cristianos endemoniados en sus ministerios.
Lo esencial de la predicación de Pablo esta centrado sobre la crucifixión de la carne y el aprendizaje de la marcha por el espíritu. Es perfectamente comprensible que nunca habló de liberación de cristianos, siendo que no es el método de Dios para ayudar a Sus hijos a marchar por la fe y por el espíritu. Recordemos que un cristiano que aprendió a marchar por el espíritu ya no es ninguna presa al maligno, que ya no tiene frente a él la "carne viva" a la cual colgarse.
¡La solución radical y Bíblica, para los cristianos nacidos de nuevo, es la predicación de la Cruz! Es la comprensión perfecta de la obra de la Cruz, y de la manera de apropiarse para marchar por el espíritu. El problema de la carne ya esta arreglado a presentes estamos dispuestos para lanzarnos al combate espiritual que la Palabra de Dios nos invita a llevar:
"Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12).
Este pasaje no significa que vamos a recurrir sin cesar a la liberación para arreglar el problema del pecado en nuestras vidas. Esto significa que debemos parar de luchar contra la carne. Para que este combate cese definitivamente, hay que conducir nuestra carne a la muerte en la Cruz, y guardarlo constantemente en esta muerte. Así entonces podemos combatir contra los poderes de las tinieblas, como el Señor los combatió, por la oración y por la Palabra de Dios.
Entonces es perfectamente ilusorio de buscar la liberación como método fundamental que nos permite de arreglar los problemas de nuestras vidas. La liberación no va arreglar nada, ni de manera definitiva. Mientras que no aprendamos a marchar por el espíritu, la liberación solo puede ser un socorro temporáneo en casos extremos.
El recurso a la psicología o a la psiquiatra.
Es la gran moda actualmente. Aquellos que rechazan de acudir a la liberación, cuando están seguros de estar frente a los síntomas inquietantes en un cristiano, se le aconseja a menudo de ir a ver a un psicólogo o un psiquiatra, ¡de preferencia "cristiano"! Lastimosamente, ahí también la tregua es ilusoria y de corta duración. Por la definición, la psicología es el dominio del alma, y del intelecto, de los sentimientos y de la voluntad. Entonces no todo es fundamentalmente malo en la psicología, que puede permitir ciertos desbloqueos y ciertos avances. ¡Pero nos quedamos en el dominio del alma y de la carne!
La psicología es completamente impotente para arreglar los problemas espirituales, particularmente el de la victoria sobre el pecado. Los métodos de la psicología, cuando ellos son utilizados para arreglar problemas espirituales, no son más que cosas pasajeras e inútiles, sin resultados permanentes.
Yo creo poder dar una opinión autorizado sobre el sujeto, habiendo enseñado la psicología social y la psicología de grupos a nivel universitario. Poco después de mi conversión, el Señor no tardó en hacerme comprender que yo no tenía nada que hacer en ese dominio si yo quería realmente ampliar sus métodos sin compromiso.
¿Como la psicología podría servir a cualquier cosa que sea, cuando se trata de someter la carne a muerte? ¡La carne es más poderosa! ¡La ley de pecado y de la muerte que acciona en la carne no puede absolutamente no ser anulado por un método humano! ¡Solo la ley del espíritu de vida en Jesucristo puede vencerlo definitivamente! ¿Qué relación hay entre la ley del espíritu de vida y la psicología?
La psicología hace parte de la "prudencia del mundo" que Dios trata de locura.
Hay que también decir que la psicología moderna es más y más invadido por los métodos ocultos, que vienen del Oriente y del dominio de las tinieblas. Con más razón para tomar cuidado y para no acercarse.
¡En arriba el corazón me para cuando yo veo psicólogos cristianos que se esfuerzan a enseñar sus métodos a los hijos de Dios, aquello que yo enseñaba antes a los hijos del mundo! Yo me digo que esto no hace más que traducir la decadencia y la apostasía espiritual que reina en las Iglesias visible de hoy día.
La predicación de la Cruz, este poder de Dios único y capaz de resolver todos nuestros problemas, casi ha desaparecido de las iglesias. Cuando yo hablo de la predicación de la Cruz, yo no quiero hablar de este aspecto de la Cruz donde comprendemos que Cristo nos rescató del pecado, y que por Su sangre nos limpió de todo pecado. Yo quiero hablar de este aspecto de la Cruz, tan descuidado que nos dice que nuestra naturaleza carnal fue crucificada en la Cruz en Cristo por Su muerte. ¡Esta realidad debe ser constantemente enseñada bajo todos los aspectos, y meditada en la oración, para que nosotros podamos comenzar a marchar por el espíritu!
La "liberación" con coacción.
Ciertos cristianos comprenden que han sido liberados del pecado por el sacrificio de Jesús. Pero todavía no han aprendido a marchar por en espíritu. También han comprendido que han sido liberados de la coacción de la ley, para pasar a una nueva vida.
Pero hacen lo que Pablo prohíbe: "Porque vosotros hermanos, a libertad fuisteis llamados solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne" (Gálatas 5:13).
Cuando nos contentamos en decir que estamos liberados del pecado y de la ley, sin haber comprendido cómo ser liberado de la carne, toda liberación de "coacciones" del pasado que arriesga de degenerarse con el pretexto de dejar libre camino a la carne."¡Jesús Cristo nos liberó! ¡Gocémonos en Su presencia!
¡Cuántas iglesias han conocido, o conocen esta falsa liberación, que es sólo un pretexto para vivir según la carne! Es la gran puerta abierta a los medios y las músicas del mundo, y una alabanza carnal, a una adoración carnal, al sentimentalismo, breve, a todo lo que pueda venir de la carne.
El Señor es paciente y comprensivo. El puede comprender este libertinaje de entusiasmo carnal de parte de aquellos que han comprendido que El les liberó del pecado y de la ley. Pero su corazón no puede ser satisfecho de esas impurezas. El quiere que sus hijos marchen por el espíritu y establezcan con El una relación verdaderamente espiritual.
Esta liberación sólo lleva a la esclavitud. ¡No solamente esto, pero ella abre por lo siguiente una angosta puerta a los poderes demoníacos, que aprovechan de esta situación para introducirse por la puerta de la carne, haciendo creer a los pobres cristianos que se trata de una acción "soberana" del Espíritu Santo o de un nuevo "avivamiento"!¡Breve, es todavía una situación sin salida!
La explicación estricta de la ley.
Es el método radicalmente contrario a lo procedente. En un deseo profundo de obedecer al Señor y de evitar todos los compromisos, el cristiano carnal que quiere agrandar al Señor se compromete en la vía del legalismo lo más estricto. El se impone a los otros, cada vez que lo puede, una obediencia exterior rígida a todos los mandamientos de la Palabra de Dios.
¡Es evidente que todo eso no puede crucificar la carne! Es mismo lo contrario que pasa: la carne se estimula por la ley desde que encuentra en presencia de un mandamiento, ella piensa solo en desobedecer y a revelarse contra. Pero como ella no puede hacer públicamente, ella lo hace a escondidas.
El legalismo da coraje al pecado y a la hipocresía. ¡Las iglesias legalistas son aquellas donde el pecado escondido tiene tendencia a desenvolverse más! La carne también se deleita del legalismo que le alimenta. ¡Ella es capaz de todo, con tal de que no muera! ¡Y no es desde luego que el legalismo puede hacerle morir!
El ayuno y la oración.
¡Lejos de mi idea de disminuir la importancia del ayuno y las oración! Sin duda se trata de dos actividades más importantes de la vida cristiana. Pero lo que quiero decir es que el ayuno y la oración en sí, no crucifican la carne! La carne está lista para orar y ayunar sin cesar, con tal de que ella no muera! ¡Ciertos cristianos carnales son los más grandes "ayunadores y oradores" que yo conozco!
Un cristiano carnal que se lanza resueltamente (ciertos hacen con frecuencia) en el ayuno y la oración esperando que por ahí va a crucificar su carne, va experimentando rápidamente una cruel desilusión. ¡La carne solo puede crucificarse por la Cruz! ¡Después, una vez que el problema de la carne se arregló, estamos plenamente disponibles para ayunar y orar, pero conducido por el espíritu!
Por supuesto, sus oraciones y ayunos no serán siempre completamente inútiles. Ella puede acercar al cristiano carnal hacia el Señor, que sin dudas puede hablarle mejor, para mostrarle el camino de la Cruz. Pero solo el ayuno y la oración no crucificarán jamás la carne.
Las actividades religiosas y sociales.
El cristiano carnal a menudo entra en un frenesí de obras religiosas y sociales en todo tipo, para intentar de distraer del llamado constante de Dios para volver a las cosas principales, principalmente al aprendizaje de la marcha por el espíritu.
Es así que las iglesias que los cristianos carnales consideran "vivientes" son aquellas que ofrecen más las reuniones y actividades diversas, sin olvidar la indispensable escuela bíblica, la radio o la televisión cristiana, las misiones, el almuerzo de caridad y cosas parecidas.
No que esas cosas sean malas en sí. Ellas pueden hacer bien a algunos. Pero en todo caso, esas actividades deberían de correr de la inspiración y de la vida del espíritu, en vez de ser los elementos de un programa para dar el cambio a los cristianos y ocuparles, o para satisfacer el ego de un pastor carnal. ¡Siendo, mientras tanto, los rebaños no aprenden a marchar por el espíritu, y arrastran constantemente los problemas de la carne no crucificada!
Una iglesia realmente viva en el Señor es una iglesia compuesta de cristianos espirituales, que aprendieron la crucifixión de la carne y la marcha por el espíritu. ¡Es esta iglesia que el Señor busca, es aquella que está preparando para su próxima venida!
Capítulo 9: La predicación de la Cruz, llave de la victoria.
"Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres" (1 Cor. 1:17-25).
¡El solo método divino para obtener una victoria definitiva sobre el pecado, aquello que representa el fundamento inquebrantable del aprendizaje de la marcha por el espíritu, es la predicación de la Cruz! ¡Para nosotros que somos salvos, ella es un poder de Dios!
¿No es extraño escuchar a Pablo que "la predicación de la Cruz es un poder de Dios para nosotros que somos salvos?
¡Podríamos entender más bien que era un poder de Dios para aquellos que no son salvos, siendo que le permite entrar en la salvación! ¡No! La predicación de la Cruz es absolutamente necesaria para los cristianos, para aquellos que son salvos. ¡Siendo que es ella que va a permitirles de marchar por el espíritu!
Todos los métodos vanos de las cuales ya hemos hablado (¡hay otros!) son solo intentos infructuosos para dominar o eliminar la carne. ¡Pues, la carne resiste a todo intento humano! La carne es bien poderosa contra todo lo que es humano.
¡Solo la Cruz puede alcanzar definitivamente al extremo del poder de la carne y del pecado que habita en ella!
Considere éstos versículos:
"Con Cristo estoy juntamente crucificado" (Gál. 2:20)
: Es la crucifixión de mi viejo "yo", de mi vieja naturaleza entera. Otro pasaje lo confirma magníficamente:"Porque si fuimos juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado" (Romanos 6:5-7)
"Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos" (Gál. 5:24).
Es la crucifixión de mi carne, es decir la parte de mi vieja naturaleza que continúa estando presente en mí después de mi conversión a Jesucristo. Es Jesús que crucificó todo mi viejo "yo". Pero soy yo (mi nuevo "yo"), que debe crucificar mi carne, aplicando a la carne lo que Jesús cumplió por mí.
"Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo" (Gál. 6:14).
¡Es la crucifixión del mundo, con todo lo que contiene! Por la Cruz, yo estoy muerto para el mundo, y el mundo está muerto para mí."Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz" (Colosenses 2:14)
: Es la liberación de la ley, que pesaba sobre mí por la condenación que me volvía. Ahora por mi nuevo nacimiento, la ley está inscrita en mi espíritu y en mi corazón, y el Espíritu Santo, me enseña a marchar por el espíritu, me permite de practicar naturalmente, por todo lo que concierna el cristiano nacido de nuevo."Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente en la cruz" (Colosenses 2:15).
Es la liberación del poderío de satanás y de los demonios. ¡Todo su poder fue aniquilado frente a un cristiano nacido de nuevo, con tal de que él marche por el espíritu!Encontraríamos más versículos a citar. ¡Pero estos son suficientes para mostrarnos el extraordinario poder de la Cruz, en todos los aspectos! Deberíamos sin cesar estudiar todos los aspectos de la obra de Cristo cumplido a la Cruz. ¡Es un sujeto de meditación y de predicación de una riqueza inagotable!
Pero es necesario que podamos sacar libremente esta riqueza. ¡Ella no debe quedarse "del otro lado de la vitrina" o "suspendida en los cielos"! ¡Es necesario que podamos marchar permanentemente en la victoria absoluta, eterna y definitiva de la Cruz!
En estos aspectos que concierne la marcha por el espíritu podemos resumir así la obra de la Cruz:
- Jesucristo murió por mí, El murió por mis pecados, El expió por mí. Su Sangre ha hecho la expiación, y me rescató plenamente del poderío del maligno.
- Porque Jesucristo murió por mí, estoy muerto plenamente en El y con El. Todos los aspectos de mi vieja naturaleza pecadora han sido clavados en la Cruz, y pasaron por la muerte en Cristo, hace ya 2.000 años, para hacernos morir por completo en El.
- Porque Jesucristo resucitó entre los muertos, yo estoy resucitado en El y con El.
Fuerte de esa realidad ya cumplida, el cristiano nacido de nuevo en Cristo posee de aquí en adelante todo lo que es necesario para comenzar a aprender a marchar por su espíritu regenerado, el mismo enteramente conducido por el Espíritu Santo.
Antes de estudiar prácticamente en qué consiste este aprendizaje práctico, todavía es necesario pasar tiempo sobre la obra bendita que nuestro Señor cumplió en la Cruz, siendo que una mejor comprensión espiritual de esta obra sólo puede más que fortalecer nuestra fe.
Capítulo 10: La Cruz, paso obligatorio: la puerta.
La Cruz es la puerta de entrada obligatoria del pecador que quiere entrar en el Reino de Dios. El debe ser liberado de su carga de pecado. Sólo la Cruz le permite estar liberado.
Pero la Cruz es también el pasaje obligatorio del cristiano que quiere marchar por el espíritu. Entre la carne y el espíritu, se refiere a la Cruz. La carne no puede pasar del otro lado de la Cruz sin conocer la muerte. ¡Es por esa razón que ella odia tanto la predicación de la Cruz! ¡Ella utilizará todo su poderío y todas sus astucias para evitar este pasaje!
El hecho de que Cristo ha hecho morir nuestra vieja naturaleza en El, hace unos 2.000 años, no significa que esta vieja naturaleza muera automáticamente cuando nosotros nacemos de nuevo, en todos los aspectos de nuestra vida de todos los días. ¡Nada es automático con el Señor, todo es una cuestión de fe! Es el conocimiento de la Palabra de Dios recibido con fe, que nos abre la puerta de las riquezas divina. La salvación fue cumplida por nosotros por Jesucristo, pero es recibido por la fe para todos aquellos que oyen las buenas nuevas del Evangelio, y que la reciben con un corazón abierto. Nos apropiamos entonces de la salvación, que viene a ser bien efectivos para nosotros.
Es igual, la marcha por el espíritu. El único que pudo marchar perfectamente por el espíritu es el Señor Jesús. El único que obtuvo una victoria perfecta es el Señor Jesús. El hecho de aprender que El llevó en su muerte nuestra vieja naturaleza de pecado nos permite agarrar esta verdad por la fe, de la misma manera que hemos obtenido el perdón de nuestros pecados por la fe.
Aceptamos esta realidad, simplemente porque la Palabra de Dios nos dice. No esperamos de ver manifestarse en nuestras vidas para creer. Pero creemos, y veremos esta realidad que se va a cumplir.
"Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría" (Colosenses 3:1-5).
El punto de partida es lo siguiente: "Porque habéis muerto…haced morir, pues…" ¡Si ya no estábamos muerto en Cristo, nunca podemos nosotros hacer morir nuestros miembros que están sobre la tierra, y la ley de pecado que habita en nuestros miembros! La fe en nuestra muerte en Cristo nos permite de aplicar la Cruz sobre nuestros miembros y de hacerle morir.
Todo que se cumplió por Cristo sobre la Cruz está disponible para "mí"hoy (yo hablo de mi nuevo "yo", mi espíritu regenerado), para llevar a muerte mi viejo "yo". ¡Si yo no recibo la Palabra de Dios por la fe, para ponerla en práctica, mi viejo "yo", siendo ya muerto en Cristo, va a continuar viviendo en mi vida, auque no tenga ningún derecho legal para hacerlo!
¿Comprende usted la importancia de la fe en un proceso de poner a muerte nuestra carne? ¡Es porque creemos que Cristo ya lo puso a muerte por Su sacrificio que tenemos el poder de ponerlo a muerte, concretamente, en nuestra vida de todos los días, cada vez que ella va a manifestarse! Más adelante veremos de qué manera el Señor nos quiere enseñar.
Capítulo 11: La Cruz, pasaje obligatorio: el camino.
Es por esa razón que la Cruz nos es indispensable en cada etapa de nuestra marcha cristiana. No se trata simplemente de una experiencia vivida por Cristo hace mucho tiempo, que nos liberó de una vez por todas de la condenación del pecado. Se trata de una experiencia concreta en la cual debemos entrar en cada instante de nuestra vida, por la fe.
La Cruz entonces nos es siempre necesaria, siendo que es el único instrumento capaz de hacer morir los miembros que están sobre la tierra, "la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos, y la codicia, que una idolatría". Es un instrumento que debemos permanentemente tener "al alcance de las manos", a lo largo del camino.
No debemos jamás creer que hemos alcanzado a un punto de nuestra marcha espiritual, donde podemos pasarnos de la Cruz. Nuestro cuerpo todavía no pasó por la resurrección, contrariamente a nuestro espíritu.
El arma de la Cruz es fatal para la carne. ¡No seamos jamás demasiado seducido para creer que ahora podemos pasarnos! La carne será siempre opuesta al espíritu. Sólo la aplicación permanente de la Cruz permite de neutralizar completamente la veleidad de la carne. Pero esta arma divina es de una perfecta eficacia, contrariamente a todas las soluciones que no son de Dios.
El aprendizaje de la marcha por el espíritu puede parecernos penoso al principio, como todos los aprendizajes, pero debe ser rápidamente un reflejo espiritual. Como la ley de pecado habita siempre en nuestros miembros, ella está preparada para manifestarse cada vez que marchamos por la carne. El único medio de no permitirle que se manifieste es de permanecer en la fe en la obra de Cristo, y de nunca olvidarse, y de aplicar por la fe el poderío de la Cruz sobre toda tentativa de la carne de tomar el control de nuestra vida, como ella hacía "antes", cuando estábamos enteramente dominado por ella.
¡No debemos hacer ningún esfuerzo para marchar por la carne! ¡La humanidad destituida tiene una larga experiencia para marchar por la carne! El cristiano nacido de nuevo debe aprender a marchar por el espíritu. El debe saber que puede hacerlo, siendo que ya posee la vida de Cristo en su espíritu. La vida del espíritu ya se liberó, ella no puede fabricarse. Ella puede ser liberada sólo si la carne no le hace más obstáculos.
Capítulo 12: La Cruz, pasaje obligatorio: la vida.
La aplicación permanente de la Cruz sobre la carne nos permite de poner a muerte las obras de la carne, descritos en Gálatas 5:19-21. La carne muerta no puede producir sus obras malditas. La vida del espíritu puede entonces manifestarse a través de nuestra alma y de nuestro cuerpo. Esta vida del espíritu es también la vida del Espíritu, la vida de resurrección en Jesucristo.
Lo mismo que Cristo fue pasado por nosotros por la muerte, y que El resucitó, nosotros también pasamos en El por la muerte y por la resurrección. La vida de resurrección, que es la de Cristo, puede manifestarse en nosotros y a través de nosotros sólo a la medida que ella no sea bloqueada o molestada por la carne.
Lo mismo que la muerte ya no tiene poder sobre Cristo resucitado, la muerte ya no tiene poder sobre un hijo de Dios nacido de nuevo que marcha, no según la carne, sino según el espíritu. La vida de resurrección, que es la naturaleza misma de Jesucristo, puede fluir libremente a través de nosotros. ¡Es una vida abundante, libre, feliz y puro como un fresco torrente de montañas!
¡Cuánto debemos aspirar a dejar esta vida de resurrección manifestarse plenamente a través de nosotros! ¡Cuánto el mundo tiene necesidad de este oasis de frescura y de verdor que son Cristianos que aprendieron a marchar por el espíritu! ¡Qué felicidad y qué reposo, para todos los viajeros cansados que atraviesan el desierto abrasador de este mundo, de encontrar uno de esos acogedores oasis, recorrido por el agua claro que brota de la vida Eterna! Queridos hermanos y hermanas, no nos desanimemos nunca en nuestra búsqueda del Señor, para que El nos enseñe a marchar por el espíritu. La Cruz, que es un instrumento de maldición y de muerte para la carne, es, para nosotros que somos salvos y que creemos, un poderío de Dios, un poder liberador de la vida del espíritu, de la vida misma de nuestro maravilloso Señor Jesús. Paremos de dar la espalda con repugnancia a la Cruz. ¡Una tal actitud puede ser solo inspirada por una carne que rechaza de morir! ¡No seamos como todos los cristianos, que quieren la vida de resurrección, pero sin pasar por la Cruz! ¡Punto de vida de resurrección sin la Cruz! ¡Punto de vida de resurrección permanente sin una acción permanente y siempre más profunda de la Cruz!
Capítulo 13: La astucia de la carne para evitar la Cruz.
La carne está preparada con la astucia más sutil para evitar la Cruz. Siendo que ella conoce la victoria definitiva que Cristo hizo sobre la Cruz. ¡Pero ella sabe también que la mayoría de los cristianos están en la incredulidad o la ignorancia de este tema, y ella se aprovecha!
"Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis" (Gálatas 5:16-17).
La Biblia confirma que la carne tiene malos deseos y una voluntad contraria a la voluntad de nuestro espíritu regenerado. Todo pasó como había en la carne una especie de personalidad impura y mala, animado por la muerte y el pecado. La carne desea, la carne lucha, la carne no quiere morir, la carne quiere continuar viviendo su vida en el pecado. Ella va a aprovechar todas las fallas del cristiano.
La carne sabe que ella no puede, la mayor parte del tiempo, manifestarse en la vida del cristiano bajo la forma de pecado los más groseros. El cristiano sabe que esos pecados groseros son para evitar, y está preparado a luchar contra ellos, mismo que a veces no alcance siempre. Pero el problema central, no son los pecados groseros, es la misma naturaleza del pecado, o la carne, de la cual es la causa. ¡Suprima la causa, y los efectos van a desaparecer!
Para sobrevivir, la carne entonces va a utilizar las astucias las más y más sutiles, a medida que avanzamos en nuestra marcha espiritual. Por otra parte, no podemos, de nosotros mismos, discernir las astucias. Necesitamos la luz del Espíritu Santo y de la Palabra, y una comunión personal siempre más profunda con Jesús.
La astucia, la más sutil y la más frecuente empleado por la carne para sobrevivir consiste en hacernos creer que es siempre nuestro verdadero "yo". ¡Si ella llega hacer creer al cristiano que su naturaleza vieja es siempre su verdadera naturaleza, aquella que siempre conoció, el combate es ganado por ella! Cuántos cristianos nos dicen: "¡Pero es mi carácter! ¡Soy yo! ¡Yo soy así, no tengo la culpa! ¡Oro para que Dios me cambie!" ¡Qué horror! Yo siempre les contesto: "¿Pero de cuál "yo" tú hablas? Tienen dificultad a entender mi pregunta, hasta que yo precise "¿tú hablas del viejo "yo" o de tu nuevo "yo"?"
Nuestro nuevo "yo" tiene deseos contrarios a aquel viejo "yo" de la carne. Nuestro nuevo "yo", nuestro espíritu regenerado en Cristo, solo piensa en las cosas de arriba, las cosas del espíritu y del Reino de Dios. Nuestro anciano "yo", nuestro viejo hombre, piensa solo en las cosas de abajo. ¡Está listo a todos los programas de mejoramiento que uno le propone, pero jamás a morir!
¡Hay que entender bien: nuestro viejo "yo" ya no es nuestro nuevo "yo" en Cristo! Nuestro anciano "yo" está bajo la maldición del pecado, desde Adán y Eva. ¡A pesar de todo nuestro sentimiento a nuestra anciana personalidad, Dios lo juzgó y lo condenó a muerte en Cristo! ¿Todavía queremos atarnos a un cadáver? ¿Queremos intentar de marchar por el espíritu, siendo que conservamos a aquella que es el enemigo más feroz del espíritu, la carne?
Cuántos cristianos yo escuché decir: "¡Siento que estoy bajo una maldición! ¡Yo lo quebré en el nombre de Jesús, pero no veo nada cambiado!" La respuesta es simple: la sola maldición que nos amenaza, es lo que resulta de la marcha por la carne. ¡Todas las otras maldiciones son incluidas en ella! ¡Pero fueron destruidos cuando pasamos al otro lado de la Cruz para la marcha por el espíritu!
Hay que discernir bien esta astucia fundamental de la carne: hacernos creer que ella es siempre "nosotros". ¡Además, todo lo que viene de la carne en un cristiano nacido de nuevo, viene de alguna cosa o de alguien completamente extraño a la vida de Dios! ¡Lo mejor es despojarse lo más rápido posible, por la acción de la Cruz! No debe quedar más nada de "nuestro carácter" anciano en nuestra nueva naturaleza, que debe expresar el carácter de Cristo. Es algo muy difícil de aceptar por la mayoría de los cristianos. ¡Siempre nos gusta tanto conservar algo de "nosotros mismos", sin realizar que este "yo mismo" ya fue puesto a muerte por el Señor en la Cruz!
Aprender a marchar por el espíritu vuelve a ser más fácil cuando aprendemos primero a considerar nuestro anciano "yo" como un extranjero y un enemigo, que debemos operar y neutralizar a todo precio. ¡Yo debo saber que mi viejo "yo" ya no soy "yo"! Yo debo discernir que toda obra de la carne que trata de manifestarse en mí no venga de "mí" naturaleza profunda o de mi carácter, pero del "viejo hombre" que intenta desesperadamente de sobrevivir en mi cuerpo. Yo debo tomar mi distancia espirituales, sabiendo por la fe quien "yo" soy verdaderamente en Cristo, una nueva creación en espíritu. "¡Todas cosas viejas han pasado, todas las cosas son nuevas"!
Otra astucia clásica de la carne, para poder sobrevivir, consiste simular la marcha por el espíritu, o a vestirse de "ropas espirituales" para intentar de dar el cambio. Es así que la carne está lista para lanzarse en todo tipo de actividades más religiosas que espirituales: reuniones, estudios bíblicos, ayuno y oración, evangelización, etc.… ¡Todo es bueno para ella, más una vez, con tal de que no pase por esta horrible muerte de la Cruz! Pero es lo que el Señor desea, es lo que desean los que son adoradores en espíritu y en verdad. ¡El olor de la carne es muy desagradable a Sus narices, sobre todo "el olor de la falsa santidad"!
"Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vanas ofrendas; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho" (Isaías 1:10-20).
El pueblo al cual se refería el Señor, aparentemente era un pueblo muy religioso. Ellos pensaban sin duda sinceramente agradar a Dios respetando todas las fiestas y solemnidad de la ley. Pero no parecían dudarse que el Eternal odiaba a tal punto todas esas actividades religiosas hipócritas, porque la impureza de la carne estaba presente.
Desde luego, el pueblo de la antigua alianza no podía marchar por el espíritu, como podemos hacer hoy nosotros. Pero podían arrepentirse de sus malas obras, e implorar la gracia de Dios. Dios siempre fue un Dios de gracia en el Antiguo Testamento, y El supo imputar Su justicia a aquellos que, por el arrepentimiento y la fe, como Abraham, imploraba Su gracia y vivía íntegro en la fidelidad.
El cristiano carnal puede recibir la gracia de Dios, si él reconoce su impotencia a marchar por el espíritu por sus propias fuerzas. El recibirá la luz de Dios para iluminar su camino. Pero si él rechaza de ver el problema que el Espíritu Santo le quiere mostrar, si él rechaza de arrepentirse, va a quedarse bajo el poder de la carne. El hecho de asimilar la vida cristiana no cambiará nada. El Señor va a esperar que él esté en un callejón sin salida y que le grite a El. ¡Pero que tiempo perdido, que se podía haber evitado, si los hijos de Dios tomaban conciencia de la necesidad de aprender a marchar por el espíritu desde el comienzo de la vida cristiana, y los conductores del rebaño aceptan de interesarse a esta prioridad de las prioridades!
Todas las astucias de la carne para quedarse en vida son eficaces, por dos razones simples: incredulidad o ignorancia del pueblo de Dios. ¡Es el conocimiento de la verdad que liberta, y el Hijo de Dios vino para libertarnos, para que podamos verdaderamente marchar por el espíritu sin ninguna traba!
Entonces podemos comprender la importancia extrema de la oración en ese dominio. ¡No es que, lo hemos visto, para ser despojado de la carne, pero para que nuestros ojos se abran en el hecho de que Jesús ya nos despojó!
Meditemos un momento las oraciones que fueron del gran apóstol Pablo, de aquel que, el primero, recibió una completa revelación de la Cruz, y hagamos nuestras sus oraciones:
"Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos" (Efesios 1:17-18).
Esta herencia gloriosa es representada por el don de Cristo viniendo habitar en nosotros por Su Espíritu, y por una plena marcha por el espíritu, a la imagen de nuestro Señor.
"Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios" (Filipenses 1:9-11).
¿Podemos ser puros e irreprochables fuera de la marcha por el espíritu?"Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntades toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de Su gloria, para toda paciencia y longanimidad" (Colosenses 1:9-11).
¡Es una descripción perfecta de la marcha por el espíritu!
"Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo" (Colosenses 2:2).
Este misterio es de la marcha por el espíritu, y el de Cristo en nosotros. Pero Dios quiere revelarnos ese misterio, enriqueciéndonos de una plena inteligencia espiritual.
¿Comprende usted bien amados, cuál es la voluntad del Señor para nosotros, expresado es esas oraciones inspiradas del Espíritu? ¡Él quiere enseñarnos a marchar completamente por el espíritu, siendo que Cristo habita en nosotros por la fe! Si Dios lo quiere, ¿qué poder puede impedirlo de hacernos llegar a este objetivo, sino nuestra ignorancia o nuestra incredulidad? ¡Note las veces donde Pablo pide la abertura de nuestra inteligencia espiritual, para que sepamos lo que Cristo cumplió por nosotros, y que aprendamos de Él a recibirlo por la fe!
Si recibimos la Palabra de Dios no como una palabra de hombres, pero que en sí ella es verdaderamente como la Palabra de Dios, ella va a accionar en nosotros, si creemos (1 Tesalonicenses 2:13).
Antes de hablar de los aspectos prácticos de la marcha por el espíritu, nos parece necesario profundizar un poco más cuál debe ser nuestra actitud referente al alma y al cuerpo, en lo que concierna el proceso de renovación a la cual debemos someternos, a fin de poder marchar por el espíritu. Debemos también comprender que el hombre espiritual no es un ser desencarnado. Nuestro aprendizaje concreto cerca del Maestro es un aprendizaje constante al ejercicio de la fe, apoyándonos sobre Su Sangre, sobre Su Palabra y Su Espíritu.
Capítulo14: La renovación del alma.
El alma, lo hemos visto, comprende nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestra voluntad. El objetivo del Señor, enseñándonos a marchar por el espíritu, no es de suprimir y de neutralizar la vida del alma. Creer a esto sería una concepción errónea. Jesús, encarnación de Dios en la carne posee un alma. Pero su alma es perfectamente pura. Si somos llamados a ser semejantes a nuestro Maestro, debemos aprender de Él a purificar nuestra alma, por una renovación constante de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, y de nuestra voluntad.
La renovación del alma es diferente de la regeneración del espíritu. Consiste en remplazar todo lo que viene de la vieja naturaleza, pensamientos, sentimientos y voluntad propia, por los pensamientos, los sentimientos y la voluntad de Cristo, que piensa solo en hacer la voluntad de Su Padre.
¿Cómo hacer esta renovación? De dos maneras:
-Renunciando todo lo que viene de la vieja naturaleza.
-Revistiéndose de lo que viene de la nueva naturaleza.
Para esto, es claro que necesitamos constantemente de la acción de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo. Meditando la Palabra, en la oración, el Espíritu Santo nos revela el pensamiento de Dios, Su pensamiento y Su voluntad. Nos revela también todo lo que todavía proviene de la vieja naturaleza: pensamientos del mundo y de la carne, sentimientos carnales, voluntad personal egoísta… Él nos enseña también como renunciar a las cosas malas y revestirnos de las buenas. Siendo que no es cuestión de hacer por un simple acta de voluntad. Es preciso un acto de voluntad que se apoya sobre la fe que da el conocimiento de la Palabra de Dios. ¡Es bien diferente!
Dios previó desde de la creación del hombre que él tiene un alma. El alma es un instrumento muy eficaz para expresar la vida del espíritu. Pero el no debe tomar el mandamiento, como es el caso para el hombre no regenerado.
"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga mas alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense en sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno" (Romanos 12:2-3).
Este versículo describe perfectamente el proceso de la renovación del alma, proceso del cual los tres aspectos son mencionados aquí. Dios nos pide de hacerlo, pero debemos contar a cada instante sobre Su gracia y Su dirección. El apóstol habla en estos pasajes de la "renovación de la inteligencia" y del hecho de"revestirse de sentimientos modestos" (que son de Jesucristo), por la fe. Habla también de la necesidad de discernir la voluntad de Dios, para que sepamos renunciar la voluntad propia de nuestra vieja naturaleza, y obedecer a la voluntad divina.
Capítulo 15: El cuerpo, tabernáculo e instrumento.
"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios".
"Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros".
Estos dos pasajes parecen contradictorios: nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, pero se encuentra también en nuestros miembros (que son una parte de nuestro cuerpo), una ley de pecado que lucha contra la ley del espíritu. "El hombre interior", donde habla Pablo, es el espíritu regenerado, "el hombre nuevo".
El Espíritu Santo, ¿puede El cohabitar con una ley de pecado, que reside también en nuestro cuerpo? En realidad si, cuando el Espíritu Santo no se sitúa absolutamente sobre el mismo plan. El Espíritu Santo vive en nuestro espíritu regenerado, que también se encuentra en nuestro cuerpo. Reina sobre el plan espiritual de Dios. La ley de pecado se encuentra en la carne, donde el foco está en nuestros miembros, en un plan completamente diferente. En el universo, Dios coexiste también con Satanás, pero no se sitúan absolutamente sobre los mismos planes.
Lo que el Espíritu Santo quiere hacer es neutralizar, o anular el poder de la ley de pecado y de la muerte que está en nuestro miembro, para que ella ya no controle nuestras vidas. También hacer de nuestros miembros, de nuestro cuerpo en general, no solamente el templo del Espíritu Santo, pero el instrumento dócil de la acción del Espíritu Santo, por el intermediario de nuestro espíritu regenerado.
Si nuestro cuerpo está "desconectado" de la ley del pecado, él podría ser animado por la ley del espíritu de vida, y plenamente expresar la vida de Cristo. Examine también los siguientes pasajes:
"Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por Su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios" (Romanos 8:5-14).
En este pasaje capital, Pablo nos muestra cómo nuestro cuerpo puede ser completamente vivificado por la acción del Espíritu Santo que habita en nosotros, a través de nuestro espíritu. Pero a condición de no marchar según la carne. Marchar por el espíritu es posible sólo si el Espíritu de Dios habita en nosotros, es decir, si hemos nacido de nuevo en espíritu. Pero es posible que un cristiano nacido de nuevo continúe a marchar por la carne, es lo que produce la muerte en él, especialmente en su cuerpo.
¡Si marchamos por el espíritu, la vida de resurrección de Jesucristo se va esparcir en todo nuestro cuerpo, que será "devuelto a la vida" (otras traducciones dicen "vivificado") por el Espíritu Santo que habita en nosotros!
Este pasaje es de una claridad límpida, y debería alentarnos a orar en fe, no solamente para ser sanados de nuestras enfermedades, siendo que Jesucristo Se cargó en la cruz (Mateo 8:17), pero también para que el Espíritu Santo guarde nuestro cuerpo mortal en Su vida de resurrección, y de vivificarlo hasta el día glorioso de la resurrección. En ese día, desde entonces la venida de Jesús y el arrebatamiento de la iglesia, nuestro cuerpo mortal será transformado en una abrir y cerrar de ojos. ¡La ley de pecado y de la muerte que habita desaparecerá., y todo lo que es mortal será engullido en la inmortalidad!
Hasta ahí vamos a beneficiar de la señal del Espíritu, para que nuestro cuerpo sea vivificado por el Espíritu Santo, y que sea un instrumento fiel de la venida del espíritu. Tal es nuestra seguridad.
Capítulo 16: El hombre espiritual no es desencarnado.
El hombre espiritual es aquel que aprendió del Señor a hacer pasar en todo su ser la vida divina que él recibió en su espíritu regenerado. El alma renovada y el cuerpo vivificado son entonces instrumentos del espíritu, el mismo sometido al Espíritu del Señor. La ley de pecado y de la muerte está siempre presente en sus miembros, pero está desconectado y neutralizado por una marcha permanente por el espíritu.
Esta presencia permanente de la ley de pecado debe otra vez mantenernos constantemente bajo nuestra guardia y en la fe, siendo que la carne retoma el control de nuestra alma o de nuestro cuerpo desde que olvidamos quienes somos en Cristo, y desde que quitamos los ojos de Jesús y Su Palabra.
Tanto que Pedro fijaba sus ojos sobre Jesús y confiaba en la Palabra del Señor, pudo andar sobre el agua, desde que sacó los ojos de Jesús para mirar el mar y la tempestad, él dudó, tuvo miedo, y comenzó a hundirse. Sólo fue necesario un instante para pasar de la fe a la duda y al miedo. Pero tuvo la buena reacción cuando se hundía: gritó a Jesús, que le tendió la mano y le puso parado sobre el agua.
Es lo mismo para la marcha por el espíritu. Cuando marchamos por el espíritu, podemos hacer cosas imposibles al hombre natural y a la carne. La "barra" nunca es "muy alta", porque es la vida misma de Cristo que nos anima. ¡A Cristo nada es imposible! Pero debemos quedar a cada segundo en la fe, a través de todas las circunstancias de nuestras vidas.
Es en la vida práctica que se prueba a la marcha por el espíritu. No se trata de decir: "¡En Cristo yo soy perfecto, pero sobre esta tierra yo no soy"! ¡Es la peor seducción! El hecho de ser perfecto "en Cristo" me da toda la chance para aprender de Cristo a marchar en la perfección aquí y ahora, en todos los hechos, gestos, miradas y palabras en mi vida de todos los días.
Se trata entonces de una progresión constante en la manifestación de algo que nosotros ya poseemos completamente: La plenitud de vida de Cristo en nosotros.
¡Queda entonces una falsa creencia de pensar que el hombre espiritual es "desencarnado". ¡Todavía es una astucia de la carne para hacernos huir de la marcha por el espíritu! Un hombre espiritual tiene un alma y un cuerpo. Tiene sentimientos, pensamientos y voluntad. No se le priva los sentimientos, pero sus sentimientos son más y más los de Cristo, como su pensamiento y su voluntad. Los sentimientos de Cristo pueden resumirse así: el amor, la alegría y la paz. Los pensamientos de Cristo son sólo los pensamientos de Dios, puros, santos y nobles. Cristo posee una voluntad propia perfectamente afirmada, pero El puso voluntariamente y enteramente Su voluntad al servicio de la voluntad de Su Padre. He aquí el modelo que Él pone delante del cristiano espiritual. He aquí el objetivo que Su Espíritu quiere hacernos alcanzar:
"De manera que Cristo habita en vuestros corazones por la fe: a fin de que seáis arraigados y fundados en el amor, que puedan ustedes entenderse con todos los santos cuál es la anchura, la largura, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo entendimiento, de manera que seáis llenos hasta toda la plenitud de Dios".
¿Ha comprendido bien? ¡"Ser llenos hasta la plenitud de Dios"! Pues en Cristo "que habita corporalmente toda la plenitud de Dios" (Colosenses 2:9). Para que llenos de toda la plenitud de Dios, hace que la Vida de Aquel en Quien habita corporalmente toda la plenitud de Dios, Jesucristo, viene a ocupar todo nuestro ser y manifestarse en nosotros, si creemos, Dios va hacer.
Es claro que, más un cristiano viene a ser espiritual y aprende a marchar por el espíritu, más él va estar en oposición completa con el espíritu del mundo y con los cristianos carnales. Más él va a ser incomprendido, calumniado y rechazado, como nuestro Señor fue. Pero se trata de la suprema gracia que el Señor quiere acordarnos: participar a los sufrimientos de Cristo, estando tratado como el Maestro sobre esta tierra. ¡Toda vez, esos "ligeros sufrimientos" no tienen nada que ver con la gloria venidera que pronto será manifestado, con la felicidad intensa de una comunión interior profunda con nuestro Señor, que sobrepasa todo entendimiento!
Capítulo 17: Un aprendizaje concreto cerca del Maestro.
La marcha por el espíritu no se aprende en una escuela, ni siquiera en una escuela Bíblica. Ella se aprende a los pies del Maestro, y en la comunión constante con Él, con Su Palabra y Su Espirita. Ciertos ministerios pueden ayudarnos, pero sus ayudas son eficaces solo a la medida que ellos nos ponen en contactos más estrechos con el Señor. Es Él que concibió el plan de conjunto, es Él que nos dirige en la puesta en obra concreta de este plan, y es todavía Él que interviene para controlar y reparar los errores de ejecución. Es en ese sentido que podemos decir que "es el Señor que ha hecho todo y que todo hace".
Pero no va hacer Él mismo el trabajo de ejecución. Este trabajo concreto es nuestra carga. Además es maravilloso que el Señor quiso bien asociarnos tanto que sea poco a Su obra perfecta. El no quería tener cerca de Él marionetas pasivas. Él creó seres inteligentes y concientes, que quieren bien cooperar concientemente e inteligentemente a Su obra, siendo que es Él que nos da esta conciencia y esta inteligencia espiritual para ejecutar esta obra.
"Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor. Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo" (1 Pedro 2:1-5).
"Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Pedro 1:3-11).
Estos pasajes nos muestran que debemos hacer todo nuestro esfuerzo para edificarnos a nosotros mismos, pero que todo es posible solo por "Su divino poder" que ya nos dio y que contribuye a la vida y a la piedad, por medio del conocimiento del Señor Jesús y de Su Palabra.
Pablo dice a su lado:
"Edificaos sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en al Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu" (Efesios 2:20-22).
Es Jesús quien edifica Su iglesia, pero Él nos pide de participar al trabajo de la edificación, como fieles ejecutores de Su voluntad.
En la Biblia existe un ejemplo práctico que nos muestra de qué manera el Señor quiere construir Su casa, para que Su gloria pueda manifestarse. Es aquel de la construcción del Tabernáculo.
Leamos los siguientes pasajes:
"Haló Jehová a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo e llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor" (Éxodo 31:1-5).
"Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras. Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; todos presentaban ofrendas de oro a Jehová" (Éxodo 35: 21-22).
El principio de la construcción del tabernáculo era entonces simple. Dios ya había concebido todo el plan detallado y le había remitido a Moisés. Después Él eligió hombres, le llenó del Espíritu y de sabiduría, y dejó capaces de ejecutar correctamente toda la obra.
Todos aquellos que tenían el corazón bien dispuesto pusieron en ofrenda todos los materiales necesarios.
Y todos aquellos en quien el Señor ha puesto sabiduría e inteligencia ejecutaron la obra.
En la Nueva Alianza, todos hemos sido electos por Dios para ser Su casa, a la vez individualmente y colectivamente. ¡Si estamos bien dispuestos, Dios nos llena de Su Espíritu y de sabiduría, para ser capaces de ejecutar Su obra, según todo lo que Él ordenó!
En lo que concierna los materiales y las ofrendas para hacer la construcción de la obra, hay solo un material, nosotros mismos, y una sola ofrenda, aquel de nuestro ser completo. Lo que ofrecemos al Señor, no es nuestro "viejo hombre". ¡No tiene nada que ver! Es nuestro "nuevo hombre", nuestro espíritu regenerado. ¡Nosotros sólo presentamos al Señor lo que Él mismo ha creado en nosotros! Si le ofrecemos "nuestros miembros", es para que sean instrumentos de la justicia de Dios (Romanos 6:13).
El Señor va enseñarnos a seleccionar los materiales para guardar solo aquellos que son espirituales, apartando o renunciando a todo lo que viene de la carne: la paja, el bálago y la madera. Nuestro fundamento es Cristo, y los materiales son espirituales. Nuestra determinación a construir y acabar la obra debe ser total. Ya que Dios concibió todo el plan del conjunto y dio las instrucciones precisas para realizar, porque Él controla de muy cerca todas las etapas de la ejecución. ¡Podemos tener la confianza y la fe que todo sea hecho según su voluntad!
Es así que el Señor Jesús construye concretamente Su Iglesia.
Capítulo 18: Una marcha permanente por la fe.
"Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para lo que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia" (Romanos 4:16-22).
"Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios" (Romanos 10:17).
¡Estos maravillosos versículos de la epístola a los Romanos, explican perfectamente al aprendizaje de la marcha por el espíritu! Es la fe que nos permite de acceder a la gracia de Dios. Esta fe nos viene de la Palabra del Señor, que nos asegura una heredad perfecta en Cristo.
No debemos mirar a nuestra imposibilidad ni a las circunstancias, pero a la verdad y a las promesas de Dios. Debemos tener la convicción plena de lo que Dios nos pide y nos promete, es decir, una plena marcha por el espíritu en la perfección. El puede cumplir en nosotros que creemos. No debemos dudar, por incredulidad, de la promesa de Dios. Pero debemos darle gloria por lo que Él ya cumplió. ¡Y eso nos será imputado a justicia!
No podemos recibir nada de Dios sin la fe, y es mejor así, siendo que si no podemos recibir todo como una gracia, sin merecer nada. Bien amados, no merecemos de marchar por el espíritu como Jesús marchó sobre esta tierra. Nunca podremos alcanzar por nuestras propias fuerzas. ¡Pero si creemos que el Señor Jesús ya cumplió por nosotros y que Él nos da este regalo real, lo tomamos con gratitud, y le damos gloria!
Nadie puede vanagloriarse, delante de Dios y delante de los hombres, de haber logrado aprender a marchar por el espíritu. Es todos los puntos en una obra divina, donde nosotros somos solamente modestos ejecutores. ¡Además, es Dios quien nos calificó y nos dio la fe! Simplemente debemos escuchar Su Palabra con un corazón abierto, y accionar en la obediencia hasta que Él nos muestre por Su Espíritu.
¡Recordemos los Hebreos en el desierto, y no sigamos sus ejemplos de rebelión y desobediencia, que es lo que nos haría perecer infaliblemente en el horrible desierto de la marcha por la carne! Por otro lado, no tenemos ninguna excusa por nuestra ignorancia cuando Dios ya nos reveló todo lo que contribuye a la vida y a la fe en Su Palabra, la Biblia.
De la misma manera que hemos recibido la salvación por la fe, escuchando la buena noticia de la muerte de Jesús por nosotros, recibamos por la fe la buena noticia de nuestra muerte en Jesús, y de nuestra resurrección en Jesús. Recibamos por la fe el hecho de que Jesús creó en nosotros nuevo ser ya enteramente formado y prefecto, a Su imagen y a Su semejanza, y pidámosle con confianza que El nos muestre cómo renunciar a nuestra vieja naturaleza, para revestirnos de la nueva. ¿Cree usted que el Señor cumplió tantas maravillas, para dejarnos sin escuchar tal oración? ¿No piensa usted que es el deseo más querido al corazón del Padre, de tener una multitud de hijos y de hijas a la semejanza de Su Hijo Bien Amado, a fin de que, El sea realmente el primer nacido entre varios hermanos, a la gloria del Padre?
Hagámonos de los tres temas siguientes sujetos de constante meditación y de oración:
Lo que Jesucristo cumplió sobre la Cruz por nosotros y en nosotros.
Lo que somos en Cristo.
Cómo marchar por el espíritu.
¡Dios va iluminarnos y guiarnos!
Capítulo 19: El Espíritu, el agua y la sangre.
"Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan" (1 Juan 5:6-8).
Es una pena que la mayor parte de las versiones modernas hayan truncado una parte de los versos 7 y 8, que se leen así en la versión completa:
"Sea lo que sea, porque tres son los que dan testimonio: El Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres concuerdan"
¿Qué significa este versículo, a propósito de la marcha por el espíritu? Algo muy importante. El Espíritu concierne a la vez Espíritu de Dios y nuestro espíritu regenerado. Somos un solo espíritu con Cristo. Nuestro espíritu regenerado, siendo creado a la semejanza prefecta de Jesús, está perfectamente de acuerdo con el Espíritu Santo en todas las etapas de nuestro aprendizaje a la marcha por el espíritu: para iluminar nuestro estado actual, para alumbrarnos las astucias de la carne, para iluminarnos sobre la voluntad y los planes de Dios, y sobre la manera de aplicar a nuestra existencia práctica.El agua simboliza varias cosas en la Biblia, pero, antes de todo, el agua representa la Palabra de Dios, que nos purifica y nos lava de todas nuestras falsas concepciones.
Esta escrito en Efesios 5:25-27: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó así mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha".
El verso 26 es muy mal traducido en ciertas versiones. El texto griego dice exactamente así: "a fin de poder purificarla por el lavamiento del agua por la palabra". Darby traduce bien justamente: "para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra".
Entonces el agua representa la Palabra de Dios. Es la meditación espiritual de la Palabra que nos lava de todos los falsos pensamientos de la carne, para remplazarlos por los pensamientos de Dios. Es encima la Palabra que nos da la fe. La Palabra de Dios es indispensable para nuestra marcha por el espíritu, y está siempre de acuerdo con el Espíritu.
La sangre es la preciosa sangre de Jesús, derramado en la cruz por nosotros. Esta sangre es absolutamente necesaria para purificarnos de nuestros pecados, cuando le confesamos al Señor, empujado por el Espíritu. Como el aprendizaje de la marcha por el espíritu es un proceso, tropezamos a menudo por el camino. De menos y menos, seguro, a medida que aprendemos, pero podemos llegar a tropezarnos, es decir de caer de nuevo en la carne y de pecar. Es necesario de confesar enseguida nuestro pecado e invocar la preciosa sangre de Jesús para purificarnos. No levantamos enseguida, recuperando nuestra posición espiritual en Cristo, y retomamos nuestra marcha por el espíritu.
Usted ve ahora que necesitamos en permanencia los tres elementos divinos para avanzar en la marcha por el espíritu: El Espíritu de Dios para iluminarnos y guiarnos, el agua de la Palabra de Dios para lavarnos de falsas concepciones y la preciosa sangre para purificarnos de todo pecado. ¡Gloria a Dios de haber provisto a las necesidades de nuestra marcha, y por permitirnos de llegar al objetivo!
El Espíritu, el agua y la sangre están de acuerdo, siendo que dan testimonio a Jesucristo y a Su obra perfecta, y trabajan juntos para permitirnos de alcanzar el objetivo que Dios nos fija: marchar por el espíritu.
Capítulo 20: La marcha por el espíritu, modo de empleo práctico.
El apóstol Pablo abunda en consejos prácticos para ayudarnos a aprender a marchar por el espíritu. Uno de los pasajes más interesantes está escrito en Efesios 4:11-24:
"Y él mismo construyó a unos, apóstoles; a tros, profetas; a otros, evangelistas; a otros pastores y maestro, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús en cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y sanidad de la verdad".
¡Toda la marcha práctica por el espíritu está expuesta aquí!
Remarque, para comenzar, el rol fundamental que debe jugar los ministerios dados por Cristo a la Iglesia: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. La única meta que les fue fijado aquí por el Señor es el "perfeccionamiento de los santos". ¡Cuántos ministerios se encumbren de una multitud de metas humanas que solo contribuye a la satisfacción de la carne, de sus propias carnes, y de la carne de aquellos que le siguen!
¡Cuántas iglesias serían diferentes si todos los ministerios tomaban conciencia de la necesidad de aprender ellos mismos a marchar por el espíritu, para enseñar al rebaño del Señor a hacer igualmente! Podemos dar solamente lo que recibimos.
El perfeccionamiento de los santos no debe acabarse, según el plan del Señor, que cuando todos llegaremos:
A la medida de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios. Esta unidad de la fe es la unidad perfecta de la doctrina, porque la fe viene de la Palabra de Dios. Cuando todos tengamos la misma revelación de la Palabra siendo que hay una sola revelación, aquella Verdad que es el Señor mismo, llegaremos a la unidad perfecta de la fe. Seremos también a la unidad del conocimiento del Hijo de Dios. Es decir, que todos vamos a tener el mismo conocimiento personal de Jesucristo.
Al estado de hombres hechos, es decir perfectos. Esto significa que la perfección espiritual que hemos recibido en nuestro espíritu regenerado será plenamente manifestado a través de nuestra alma y nuestro cuerpo, que ya no será controlado por la carne, ni por la ley de pecado y de la muerte que habita en nuestros miembros. La ley del espíritu de vida en Jesucristo nos libero de la ley del pecado y de la muerte. Esta aquí continúa viviendo, pero nosotros sabemos utilizar el poder de una ley más fuerte, para anular esos efectos.
¿Cuál es la medida de esta perfección? "A la medida de la estatura perfecta de Cristo". Nada de otro va satisfacer el Señor. ¡Nada de otro entonces debe satisfacernos!
Esto nos va permitir de no ser más "hijos fluctuantes y llevados a todo viento de doctrina, por el engaño de los hombres, por sus astucias en los medios de seducción". Pablo no habla aquí del engaño de Satanás, pero del engaño de los hombres. Esto viene a ser lo mismo, siendo que los pensamientos de Satanás son los pensamientos de los hombres, y la sabiduría de abajo es, "porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica" (Santiago 3:15). Seremos firmemente establecidos en la sana doctrina de la Palabra de Dios, y los engaños, las astucias y la seducción ya no tendrán dominio sobre nosotros. El Espíritu santo nos iluminará y nos conducirá en toda la Verdad.
Siendo que de Cristo, "y gracias a toda ligadura de su asistencia, que todo el cuerpo, bien coordinado y forma un sólido conjunto, sacado su crecimiento según la fuerza que conviene a cada uno de sus partes, y edificarse a sí mismo en la caridad".
La fuerza que conviene a cada uno de su parte del cuerpo, es el amor de Cristo que nos edifica.
Es apóstol Pablo continúa por una seria advertencia. ¡No olvidemos que se refiere a los cristianos nacidos de nuevo y llenos del Espíritu! El les dice:
"Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón" (Efesios 4:17-18).
Entonces es posible a un cristiano nacido de nuevo marchar como un pagano. Es suficiente para él de continuar a marchar según la vanidad de sus pensamientos carnales. ¿Porqué razón él hace esto? ¡Porque su inteligencia está entenebrecida, porque él es ignorante, y porque su corazón es duro! A causa de eso, el cristiano carnal queda como "extranjero a la vida de Dios", que sin embargo vive en él, en su espíritu regenerado. Esto puede terminarse por una caída en la "disolución, para cometer toda especie de impureza junto a la concupiscencia". ¡Qué situación triste!
¡Pero esta situación no es sin salida! ¡Existe una solución divina!
"Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo".
Ustedes, cristianos nacidos de nuevo que quieren marchar por el espíritu, ustedes deben "aprender a Cristo"! ¿Sabe usted que Cristo se aprende como una lección espiritual? Él se puede aprender, porque El vive en nosotros. Aprender a Cristo, es aprender a conocerle y a marchar como Él.Para aprender a Cristo, hay que llenar dos condiciones:
"Si en verdad le habéis oído, y habéis sidos por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús" (Efesios 4:21).
Primera condición:
escuchar la voz de Cristo, que se expresa por Su Palabra y por Su Espíritu.Segunda condición:
haber sido instruido en Él. Esto significa que constantemente debemos quedarnos en Él por la fe, saber quien somos en Él, saber lo que la obra de la Cruz cumplió, y recibir constantemente la instrucción práctica del Señor.Esta instrucción práctica nos viene siempre de la Palabra de Dios, y del Espíritu Santo que habita en nosotros:
"Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados" (1 Juan 2: 27-28).
¿En qué consiste la instrucción práctica que vamos a recibir del Señor? Ella concierna tres sujetos esenciales:
Los tres temas de nuestro aprendizaje a la marcha por el espíritu siempre serán las siguientes:
Aprender a despojarnos del "viejo hombre".
Es lo que resta de nuestra vieja naturaleza humana destruida. Nuestro espíritu ya está en el Reino de Dios. Pero la ley de pecado que acciona en nuestros miembros todavía puede controlar una buena parte de nuestra alma y de nuestro cuerpo. Debemos aprender a "desvestirnos" literalmente de todo lo que queda de este viejo hombre.Aprender a ser renovados en el espíritu de nuestra inteligencia.
Nuestra inteligencia (es decir, nuestros pensamientos y razonamientos) ya no debe ser carnal. Ella debe volverse espiritual. Debemos aprender a controlar todo nuestro pensamiento a fin de que los pensamientos carnales ya no nos controle más. "Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo" ( 2 Corintios 10: 4-5).Aprender a revestirse del "hombre nuevo",
nuestro espíritu regenerado perfecto. Note bien que fue creado según Dios, es decir, "a la imagen de Dios", o de Cristo, en una justicia y una santidad que produce la verdad. La perfecta Verdad creó en nosotros un espíritu nuevo perfectamente justo y perfectamente santo.Este proceso nos muestra la importancia de los pensamientos en la marcha por el espíritu. ¡La mejor manera de controlar nuestros pensamientos, es de llenarnos perfectamente de los pensamientos de Cristo, es decir, de Su Palabra! Y de contar con el discernimiento que da el Espíritu de Dios para mostrarnos el origen de cada pensamiento que busca a penetrar en nuestra inteligencia. ¡Siendo que seremos controlados por los pensamientos que aceptamos como verdaderos!
Sin dudas es por esta razón que Pablo puso el renovamiento de nuestra inteligencia "en sándwich", entre el despojo del viejo hombre y el revestimiento del nuevo hombre.
Nuestra inteligencia renovada juega un rol central en el aprendizaje de la marcha por el espíritu. Siendo que está al servicio del espíritu regenerado y del Espíritu Santo que habita en él.
Primera etapa importante:
Después de años de sube y baja, y de intentos infructuosos para marchar por el espíritu por mis propias fuerzas y resoluciones, una primera etapa importante fue liberada cuando el Señor me reveló, en Su Palabra, que mi espíritu regenerado ya estaba perfecto en Cristo, ya que estaba creado a la imagen del Señor Jesús. ¡Qué alivio y qué liberación! ¡Yo descubrí que lo que me forzaba a alcanzar ya se me había dado por el Señor!
Segunda etapa:
¡Otra etapa fue franqueado cuando yo entendí que toda mi vieja naturaleza había sido crucificada por Jesucristo en Él, hace dos mil años, sobre la Cruz! Yo entendí también que la crucifixión de mi vieja naturaleza no significa que ella había desaparecido de circulación. Esto significa que la cruz le había puesto a muerte, y que yo debía aprender del Señor a ponerlo a muerte concretamente en mi vida.
¡Entonces hice un tipo de oración: "Señor, muéstrame cómo hacer pasar Tu vida en todo mi ser"!
Tercera etapa:
Una otra etapa fue franqueada cuando el Señor me enseñó a considerar mi viejo hombre que, hasta ahora, era siempre, para mí, mi verdadera naturaleza, como un extranjero y un bandido. Ya no era mi "yo" verdadero. Mi yo verdadero era mi espíritu regenerado. ¡Confieso que fue una etapa bastante penoso, pues estaba tan acostumbrado a considerarme tal como siempre me conocí sobre esta tierra! Fue necesario un acto de fe completa: "Señor tú dices en Tu Palabra que yo soy una nueva creación en mi espíritu. Yo no veo nada de mis ojos, o no gran cosa, pero yo acepto y lo creo".
El Señor me enseñó a "mudar" de mi "vieja morada", mi viejo hombre, para "instalarme" en mi nueva morada: "en Cristo en los lugares celestes", en mi hombre nuevo. Yo tomé conciencia, espiritualmente, más y más claramente, de la realidad de mi nueva naturaleza, la sola verdadera a los ojos de Dios, y del hecho que el Señor quería ayudarme a manifestar aquí y ahora.
Estos actos de fe implican la necesidad de jamás olvidar al Señor, Su obra y Su Palabra. Para entender esta fe, yo debo mirar constantemente en Jesús y Su Palabra. Yo debo pedir constantemente al Señor de iluminarme con Su Espíritu Santo, y marchar constantemente en la luz de Su Espíritu y de Su Palabra.
Esto implica, bien entendido, la necesidad de confesar inmediatamente todo pecado, es decir, todo tropiezo en la carne, desde que ella se produzca, porque desvía mis ojos por un momento del Señor y de Su Palabra. La sangre de Jesús me purifica, y yo retomo mi marcha con el Señor.
Cuarta etapa:
Esto fue el aprendizaje concreto a despojarme del viejo hombre y a revestirme del nuevo hombre. Instalado por la fe en mi nueva morada, en mi fortaleza, en el Señor, y en mi espíritu recreado, yo oro al Señor de dejarme conciente de todo lo que puede provenir del viejo hombre, situado más abajo, y que quiere "atraerme a la sombra llanura de la carne".
El Señor me da conciencia de lo que viene del viejo hombre, y que intenta de "retomar el poder" en mi vida. ¡Estando en la fe en una justa posición espiritual, tengo el tiempo de aplicar el poderío de la Cruz sobre el que "sube de abajo" y de tratar con vigor para hacerme volver allá donde debe vivir: en la tumba!
Si leemos lo siguiente del pasaje de Efesios 4 que venimos de comentar, vemos que está escrito:
"Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo" (Efesios 4: 25-32).
Es esto despojarse del viejo hombre, y revestirse del nuevo hombre!
"Desechando la mentida": yo me despojo del viejo hombre. Es una decisión de la voluntad, pero que se apoya sobre la fe en la obra de Cristo y en lo que yo soy a presente en Él.
"Hablad verdad cada uno con su prójimo": yo me revisto del hombre nuevo. No se trata de un esfuerzo religioso o legalista, pero de una liberación de la vida en Cristo y del Espíritu en mí. Yo puedo entonces decir simplemente al Señor: "Señor, te entrego mis miembros, mi lengua, en la ocurrencia, como instrumento de Tu justicia…"
"Airaos, pero no pequéis": yo me despojo del viejo hombre.
"No se ponga el sol sobre nuestro enojo, ni des lugar al diablo": yo me revisto del hombre nuevo. Remarquemos de paso que damos acceso al diablo solo si marchamos por la carne.
"El que hurtaba ya no hurte más": yo me despojo del viejo hombre.
"Sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno": yo me revisto del nuevo hombre.
Es la misma para todo el final de capítulo, al igual que todas las enseñanzas de Pablo: él nos enseña a despojarnos del viejo hombre, y a revestirnos del nuevo hombre. No se trata de aprender nuevos mandamientos para esforzarnos a obedecer. Sería una derrota! Se trata de liberar por la fe la vida de Cristo que ya poseemos en nuestro espíritu por medio del Espíritu Santo.
Tomemos el ejemplo concreto el engaño. Debemos "renunciar al engaño" si yo estoy conciente en Cristo, en mi posición espiritual celestial, voy a ser conciente de una "ganas de mentir" que sube de mi carne. Pero yo sé que mi carne no es mi verdadera naturaleza. Ella hace parte del "viejo hombre". Si yo soy, por la fe, instalado en el nuevo hombre, voy a tratar esta gana de mentir por un acto de fe y de voluntad: "Yo no te dejo entrar en mí. Tú no me controlarás. ¡No bajaré a tu nivel, y yo sé que no puedes subir donde yo estoy para controlarme! ¡Vuelve a tu morada!"
Todo esto pasa en una fracción de segundos. A veces, justo tengo el tiempo de decir interiormente al Señor: "¡Señor, ven a mi ayuda"! ¡Esto viene a ser un reflejo cada vez más rápido!
¡Asegúrese, de que disponemos, a lo largo de una simple jornada de nuestra vida, de varias ocasiones de aprender esta lección de la marcha por el espíritu! ¡Nuestra carne está constantemente estimulada por todo lo que nos pasa, y va constantemente a buscar expresarse a través de nosotros, como ella hacía sin problemas anteriormente, cuando marchábamos en la carne! ¡Pero, si somos dóciles y si tenemos la buena voluntad, aprenderemos muy rápido y nuevos automatismos espirituales van a instalarse!
¡Esto parece un poco al aprendizaje de la conducción automovilística! Yo empleo muy a menudo esta imagen imperfecta para hacer entender mejor la marcha por el espíritu:
Imagine que nuestro cuerpo sea un automóvil, que debemos aprender a conducirlo. Pero este vehículo es muy particular: él contiene dos motores, un motor en frente y un motor hacia atrás. El motor de adelante está perfecto. Nunca se descompone. El motor trasero está completamente podrido, y solo nos causa problemas. Pero era el motor que ya tenía cuando compramos este coche. Nuestro motor nuevo se instaló solo después.
¡Pero estábamos tan acostumbrados de utilizar el viejo motor que continuamos a hacerlo, mismo después de la instalación del nuevo motor!
Disponemos de dos pedales de embrague, de un freno, y de dos aceleradores. El primer pedal de embrague y el primer pedal de aceleración nos ligan al viejo motor. Nuestros viejos reflejos continúan funcionando: arrancamos, embragamos y aceleramos así de rápido sobre los malos pedales, los de la carne. Delante de los desastres, paramos, desalentados, gritando al Señor que cambie este horrible motor.
Al lado de los primeros pedales, pero retirado, a un lugar inhabitual, se encuentra un segundo pedal de embrague, y un segundo pedal de aceleración conectado al nuevo motor. Bastaría de apoyar encima para beneficiar de toda la potencia y de la fiabilidad de este motor perfecto, a condición de apoyar sobre los buenos pedales. Pero no hemos aprendido a hacerlo. ¡Algunos ignoran la existencia de esos nuevos pedales o mismo del nuevo motor!
¡Entonces hay que desaprender a embragar de una manera de reflejo sobre el viejo pedal, y aprender sistemáticamente a apoyar sobre el buen pedal! De la misma manera para la aceleración. ¡Recuerda usted cuando aprendió a conducir un coche! ¡Al principio, era bastante difícil, y varias veces se le paró! Poco a poco, y bastante rápido, pudo adquirir los reflejos nuevos. ¡Ahora, cuando usted conduce, casi ya no piensa más en todo lo que debe hacer!
Es igual para la marcha por el espíritu. ¡Al principio, esto parece difícil, sobre todo con tantos pedales! Pero, si usted fija los ojos sobre Jesús y sobre Su Palabra, si guarda bien el contacto con nuestro divino Instructor, que siempre se encuentra a su lado, usted reaccionaría espiritualmente al mínimo acontecimiento imprevisto y a la mínima circunstancia aparentemente negativa. ¡Al final, va a tener que hacer un esfuerzo para caer en la carne!
Este ejemplo es muy simple para corresponder exactamente al aprendizaje de la marcha por el espíritu, pero puede ayudarle a entender mejor. Pero es cierto que no somos una mecánica inerte. Además, todo el proceso de aprendizaje de la marcha por el espíritu pasa en la oración, lo que no es el caso, necesariamente, de la conducción automovilística. Es cristiano carnal debe orar para que el Señor le revele su estado. Debe orar a cada etapa de su aprendizaje de la marcha por el espíritu: Orar para que el Espíritu Santo le ilumine y le guíe, orar para que el Señor le revele plenamente la obra de la Cruz, orar para que Él le muestre lo que es en Cristo, orar para que le dé discernimiento constante a fin de frustrar la astucia de la carne, y orar para que el nuevo hombre se manifieste completamente, a la imagen de Jesucristo. Es esta oración constante sobre la Palabra del Señor, que nos da la fe.
A veces yo empleo otro ejemplo, bien imperfecto también, para ilustrar el aprendizaje de la marcha por el espíritu. Yo comparo nuestro ser entero a una casa de dos pisos con sótano. La planta baja representa nuestro cuerpo. El primer piso el alma y el segundo piso el espíritu. El sótano es la parte subconsciente e inconsciente de nuestro ser.
Antes del nuevo nacimiento, estaba en desorden y en ruinas, en la suciedad repugnante. Nada funciona correctamente. Además en esta casa hay un intruso, un bandido que vive con nosotros: el pecado que habita en nuestros miembros, la ley de pecado que esta atado en nosotros. Este bandido se instaló con nosotros, y nada le puede hacer huir.
Esto representa el estado espiritual, delante de Dios, de un hombre natural no regenerado. ¿Podemos invitar al Señor en una casa en ruina? ¿Puede Él venir a vivir en un lugar tan sucio?
Luego del nacimiento, todo pasa como si el Señor raspó completamente el segundo piso, el del espíritu, y lo reconstruye enteramente de nuevo: ya no queda nada del viejo piso. Además, un dispositivo ingenioso, en forma de Cruz impide al bandido de penetrar en este piso, que forma en adelante una vivienda. ¡El Señor viene habitar, siendo que ya es una vivienda, una morada digno de Él, porque Él mismo creó y edificó! También es a este nivel que son centralizados todos los órganos de funcionamiento y del control de toda la casa.
En cambio, es necesario proceder a una seria limpieza en el resto de la casa, que todavía no se edificó de nuevo. El Señor nos promete de hacerlo, pero no enseguida (será a la resurrección) Mientras, hay que limpiar, reparar, amoblar, renovar. El Señor nos provee los materiales para esto. Son de la mejor calidad. ¡Está dispuesto a aconsejarnos y guiarnos, pero nos toque a nosotros la decisión de construir nuestra vida espiritual!
La primera cosa a hacer es, de mudarse al segundo piso. El cristiano que quiere continuar viviendo en el primer piso (el alma) o en la planta baja (el cuerpo) es la imagen del cristiano carnal. ¡Debemos entonces instalarnos al segundo, con el Señor, sin llevar nada de que esta abajo!
Además, hay que desalojar al bandido del lugar donde se instaló. Rehaciendo el segundo piso, el Señor también nos proveyó dos lindas cerraduras con candado, montados en forma de Cruz. Esto es la única cosa que es capaz de atar al bandido, sin que él pueda desatarse. Necesitamos bajarle al sótano, para encadenar sólidamente. No vamos a ser librados de su presencia tanto que el conjunto de la casa sea hecha a nuevo. Pero podemos ser librados de su influencia: Ya no controlara nuestra casa.
Podemos entonces proceder a la limpieza del primer piso y de la planta baja, lo que representa la renovación de nuestra alma y de nuestro cuerpo. Podemos escuchar bien al bandido gritando en el sótano, pero sabemos que podemos frustrar todas sus astucias para meterle "en la tumba".
Podemos desde luego recibir a nuestros amigos y conocidos en una morada digna de ese nombre. ¡Pero solamente nuestros hermanos en Cristo pueden penetrar al segundo piso, para venir a adorar con nosotros al Señor, en espíritu y en verdad!
Esta pequeña parábola le muestra a que puede parecer la purificación de la Casa del Señor y la marcha por el espíritu. Pero también lo que pasaba cuando los Israelitas, después de años de apostasía o de idolatría, mientras la cual habían abandonado el Templo y el culto, volvían al Señor, y decidían purificar el Templo y reestablecer el culto. ¿Ese Templo en tres partes no estaba hecho a la imagen del ser humano?
El Señor que continua viviendo en el lugar santísimo, debía soportar la presencia de los ídolos que se encontraban justo al otro lado del velo. Él exhortaba los Israelitas de arrepentirse, enviándoles profetas "de buena mañana". Frente al rechazo de arrepentirse y de purificar el Templo, el Señor terminó por alejarse de Su santuario, que fue entonces completamente destruido por los de Babilonia. Lea nuevamente Ezequiel el capítulo 8 al 11.
¡Nunca olvidemos esta lección, y no endurezcamos nuestro corazón, si somos cristianos carnales, al punto de rechazar de arrepentirnos, y buscamos al Señor afin de que Él nos muestre cómo purificar Su Casa, y marchar por Su Espíritu! ¡Es ahí que cuando todo será en orden que la gloria de Dios va llenar toda Su Casa!
Capítulo 21: El verdadero y gran avivamiento final!
Muchos cristianos no paran de anunciar un gran avivamiento final que va barrer toda la tierra. Los falsos profetas anuncian que ciudades y países enteros van a convertirse a Cristo, y que el Señor va volver sobre una tierra pacífica y sometida a Su Palabra. Es una solución, y esto no corresponde absolutamente a la enseñanza de la Biblia, que nos anuncia al contrario, a medida que nos acercamos a los últimos tiempos, una época de apostasía sin precedentes espesamientos de las tinieblas. Por más que todavía podemos esperar una grande cosecha de almas que deben entrar en la salvación por la fe en Jesucristo, esta cosecha es muy diferente al "gran avivamiento glorioso" anunciado.
Jesús dijo: Os digo que pronto les hará justicia. "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" Dijo también "Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará" (Mateo 24:12)
Pablo escribió: "También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita" (2 Timoteo 3:1-5).
También escribió: "Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe de ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios" (2 Tesalonicenses 2:1-4).
¡Todo esto no nos describe ciertamente una época de gran avivamiento mundial! No tomemos nuestros deseos por una realidad, pero entendamos lo que nos dice la Biblia. La única lectura del libro del Apocalipsis debe sernos suficientes a comprobarnos que los tiempos anunciados están muy cerca: El Anticristo está a la puerta.
Habrá, hay, y siempre hubo, un tiempo de "gran avivamiento final". Pero se trata de un avivamiento escondido en los corazones.
Es el avivamiento de todos los hijos carnales de Dios, que se acercan del Señor para pedirle perdón, y para aprender de Él a marchar por el espíritu y a manifestar Su perfección. Es el avivamiento de la Esposa del Señor, que decide de apartarse para santificarse y prepararse a Su venida, dejándole trasformado "a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha" (Efes. 5:27).
"Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya!, ¡porque el Señor nuestro Dios todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos" (Apocalipsis 19:6-8):
"Despierta, despierta, vístete de poder O Sion; vístete tu ropa hermosa, O Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso ni inmundo. Sacúdete el polvo; levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion" (Isaías 52:1-2).
El pasaje siguiente corresponde maravillosamente a lo que debe ser nuestra actitud en estos últimos tiempos.
"Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amado. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otros tiempos erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad). Comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Someteos unos a otros en el temor de Dios" (Efesios 5:1-21).
¡Toda la marcha por el espíritu está aquí, desde el despertar de nuestro letargo espiritual, hasta la plena manifestación de los hijos e hijas de Dios, al ejemplo de Cristo! ¡Es ahí, el verdadero y gran avivamiento final! ¡Cuando comprendemos cómo marchar por el espíritu!
¡Que el Señor Jesucristo les bendiga, y que Él lleve todas las cosas a la perfección en vuestras vidas!